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Que se vaya Rajoy. O no

Escucho a mucho tertuliano estos días empeñado en que Rajoy debe hacer las maletas y marcharse. Sostienen que el presidente es parte del problema, incluso el principal escollo para la formación de un nuevo Gobierno. Su presencia obstaculiza la investidura y su salida, por el bien de España, facilitaría mucho las cosas.

No comparto este análisis. Me explico.

Primero, una advertencia. Esto no es una defensa de Mariano Rajoy sino una crítica al razonamiento. Los lectores habituales de este blog recuerdan muchas entradas firmadas por un servidor criticando actuaciones del líder del PP que no han sido de mi agrado. Principalmente, relacionadas con la corrupción, los principios (sí, hablo de esa ley del aborto) y la displicente actitud de lejanía que ha mantenido con la ciudadanía.

Dicho esto, tras lo sucedido en las urnas, no estoy de acuerdo con los que aseguran que si la prioridad de Rajoy fuera realmente evitar unas terceras elecciones, debería quitarse de en medio. Esto supone, insisto, olvidar lo que sucedió el 20-D y el 26-J. En estas dos citas, el pueblo español manifestó, de forma soberana, qué gobierno quería para España. Y lo que pasó fue lo siguiente:

– Por dos veces, ha quedado claro que la mayoría está con Mariano Rajoy y el Partido Popular. ¿Es relevante? Claro. Es lo más relevante. Otra cosa es que uno quiera convertir en más importante sus propios criterios. Pero en democracia, la voluntad popular se expresa sumando votos. Ni más ni menos.

-- Además, entre el 20-D y el 26-J sucedió algo significativo: Rajoy sumó 670.000 votos. De hecho fue el único que recibió nuevos apoyos: Pedro Sánchez perdió 120.000 votos; Pablo Iglesias perdió 1.090.000; y Albert Rivera perdió 290.000.

Por si todo esto fuera poco, hay que añadir un pequeño detalle. Si Rajoy decidiera ahora hacerse a un lado para facilitar la formación de un nuevo gobierno, lo que pasaría es justo lo contrario. La guerra interna que se desataría en el PP provocaría incluso mayor inestabilidad, si cabe.

Visto lo visto durante esta legislatura, es fácil vaticinar un pulso a cara de perro entre –por ejemplo- Soraya Sáenz de Santamaría, María Dolores de Cospedal, Alberto Núñez Feijóo, José Manuel García Margallo y Cristina Cifuentes. Todos se considerarían legitimados para suceder a Rajoy y la batalla por la presidencia provocaría cualquier cosa menos la unión que hace falta en estos momentos para tejer acuerdos de Gobierno.

Más en twitter: @javierfumero

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Javier Fumero

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