Opinión

¿Qué traje me pongo?

                Cuando el internacional argentino Pupi Zanetti empezó a jugar al fútbol le desecharon del Club Atlético Independiente porque no tenía el físico adecuado. A día de hoy lo más característico de este jugador es su poderío físico que hace que en el Inter de Milan le llamen “Tractor”.

                Thérèse me dice que tiene una amiga que se compadece de sí misma, se da pena a sí misma, se cree una pobrecita y por tanto se trata como a una pobrecita, emprende su vida cada día dándose pena e invierte en sí misma como una pusilánime. La rentabilidad que recoge es la de una estima baja, pobre y penosa, inseguridad, intranquilidad y pesimismo.

                ¿Qué diferencia a Zanetti de la amiga de Thérèse? Que una se pone el traje de víctima y el otro el de protagonista.

                A mí también me pasa a veces lo mismo que a la amiga de Thérèse. Me pongo en plan víctima y me quejo a los demás, focalizo mi atención en lo malo, en lo que no sale y en lo que me fastidia, veo amenazas por todos lados, me quedo quieto y espero que alguien venga a salvarme, me empobrezco, me voy apagando, transmito pesimismo y doy la paliza a los demás con mi estado de bajón. Son esos días en los que al amanecer te preguntas qué haces levantado y te dices que deberías volver a la cama, que el mundo siga sin ti.

                Cuando las dificultades nos asedian -económicas, familiares, sociales, personales- podemos irnos un momento a nuestro “vestidor personal” y pararnos a pensar qué traje me quiero poner para vivir esa situación de mi vida. Esa situación que es única, histórica y que en cualquier caso es de mi patrimonio personal y vale la pena ser vivida con la máxima intensidad que me permita hacerme crecer. ¿Qué me pongo para una boda o para ir a jugar al tenis o para ir de viaje? Cada ocasión requiere un traje

                ¿De qué está hecho el traje de protagonista? Se compone de tres telas: Querer, Saber y Poder.

                Querer salir de esa situación, como hicieron aquellos supervivientes de un accidente de avión en los Andes, reflejado en la película ¡Viven! Querían salir de allí, pero tenían grandísimas dificultades. ¿Qué fue lo que les hizo emprender la hazaña de cruzar la cordillera andina? Algunos de ellos dicen que soñar. Soñar que querían salir de allí.

                Soñar con magnanimidad cómo queremos que sea nuestra situación, hasta dónde queremos llegar, qué es lo que queremos que cambie. Soñar y desear el cambio nos llevará a estimular nuestro querer y veremos qué falta.

                Saber cómo cambiar y cómo conseguir aquello que nos falta. Puede que ya lo sepamos y confiemos en nuestros talentos. Y si no, a preguntar. Es distinto contar un problema a alguien para que nos lo resuelva, que preguntar en concreto cómo conseguir y resolver eso que falta en nuestro sueño. Supongo que Zanetti preguntó cómo hacer para conseguir ese físico que le faltaba y con el que soñaba para poder ser un grande del fútbol.

 

                Queremos cambiar y ya sabemos cómo hacerlo ¿Podremos? No sé, vamos a actuar a ver qué ocurre. ¿Hay algo que te impide actuar? Pide ayuda para empujar a la vez, no para que el otro empuje y tú te quedes mirando o llorando o lamentándote. Sabemos de éxitos que hemos tenido anteriormente y eso también nos mueve a actuar. También nos puede ayudar no ir a por todo a la vez, igual que con un salchichón, que no te lo comes todo de golpe, si no que vas rodaja a rodaja.

                A mí me sirve preguntarme ¿Qué puedo hacer yo ahora por esto? Y si hay algo, hacerlo, aunque sea una cosa pequeña. O mejor, precisamente por ser algo en apariencia pequeño, que es a lo que llegamos la gente normal con sueños extraordinarios

                El protagonista sueña con cambiar la situación, quiere cambiarla, se mueve, busca alternativas, cuenta sus problemas pero no los vuelca en los demás, pregunta cuando no sabe, lo intenta y pide ayuda si no puede. Se comporta como quien quiere llegar a ser y en cualquier caso, “vestido para la ocasión” se hace mejor a sí mismo, crece y enriquece a los demás. Ningún vencedor sigue al soldado que huye.

                Cuando inviertes de esta forma en tu vida la rentabilidad que recoges es una estima personal llena de seguridad, serenidad y optimismo. Victimismo frente a protagonismo. Autoestima frente a autocompasión.

                E incluso en esos días en los que al levantarte no entiendes nada y lo único que deseas es volver a meterte en la cama, sales ganando y con éxito al final del día porque pase lo que pase, cuando te quites el traje de protagonista de tu vida y te acuestes, te darás cuenta de que has conseguido el primer objetivo que te planteaste: debería volver a la cama.

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