Opinión

Soldados españoles en Afganistán: morir o matar

A falta de visitas a nuestras tropas en el extranjero, en lo que el presidente del Gobierno se prodiga muy poco, Rodríguez Zapatero mantiene de vez en cuando videoconferencias con las unidades, como hizo en la mañana del día 24, desde La Moncloa, a pocas horas de la Nochebuena. Pero, como digo, esta vez la conversación vino marcada por el suceso del día anterior en Afganistán, al que por cierto aquí le hemos dado muy poca relevancia. Como si se tratara de ocultar algo. 

En su intervención, Zapatero felicitó la Navidad a las tropas y les agradeció su “lealtad y compromiso”. “Lleváis paz y progreso a partes del mundo que necesitan estabilidad”. Y tuvo un recuerdo para los militares fallecidos en las misiones de paz. “En tierra y en mar los soldados españoles cumplen, y cumplen muy bien”, añadió. Volvió a hablar de “misiones de paz”: por lo visto, la palabra guerra no figura en el vocabulario del presidente, a pesar de que es lo que ocurre en Afganistán. Como ha vuelto a comprobarse. 

Como digo, estaba en el ánimo de todos, pero no hizo ninguna referencia al suceso del día anterior, en el que las tropas españolas mataron a un civil e hirieron a otro, tras sospechar que iban a perpetrar un ataque a un convoy militar que se desplazaba desde Herat hasta Sabzak. Ambos ocupaban una moto, con la que iban adelantando vehículos que circulaban detrás del convoy. Al aproximarse, el tirador que viajaba en la última unidad aplicó las medidas previstas: les hizo señales con un puntero láser para que no se acercaran, tocó un silbato advirtiéndoles de que no realizaran la maniobra, y, como hicieron caso omiso y aumentaron la velocidad, realizó varios disparos al aire. 

Dado que tampoco se detenían, siguiendo los procedimientos en vigor de la Fuerza Internacional de Asistencia en Afganistán (ISAF), volvió a disparar al aire, y finalmente hizo fuego contra el ciclomotor. En un primer momento se pensó que sus ocupantes habían esquivado el ataque, pero finalmente se supo que habían ingresado en un hospital en Herat, que uno había fallecido y el otro se encontraba herido. 

El Gobierno sigue dando la impresión de no querer enterarse, pero los soldados españoles lo saben muy bien. Conocen que, por las características de su misión y del país, muchas veces en Afganistán la alternativa es morir o matar. Así de crudo. Así de grave. Es lo que pasa en las guerras. 

Hace poco más de un año, en octubre de 2008, dos soldados españoles perdieron la vida al sur de Herat, precisamente por no haber actuado como sí lo han hecho esta vez, a pesar de la desgracia del civil fallecido. Entonces los que murieron fueron el cabo primero Rubén Alonso Ríos y el brigada Juan Andrés Suárez García, pertenecientes a la Brigada Ligera Aerotransportable (BRILAT) con sede en Figueirido (Pontevedra). 

Un convoy compuesto por seis blindados españoles y doce camiones afganos regresaban a su base en Camp Stone, después de un ejercicio de instrucción. De pronto, un automóvil civil, un “Toyota” de color blanco, empezó a cruzarse con la comitiva, en contra de todas las instrucciones de seguridad, que indican que debe impedirse la aproximación de cualquier vehículo, incluso haciendo uso de las armas. No se cumplió esa norma, bien conocida por la población del país, y el coche suicida estalló junto a uno de los blindados españoles. Además de los dos fallecidos, hubo un herido grave y varios leves. 

Hay, por cierto, en los foros políticos un nuevo debate, que ya se adelantó en las páginas de ECD (lea la noticia aquí), sobre la continuidad de Zapatero para un nuevo mandato en La Moncloa. El desgaste de su gestión, el castigo de las encuestas, el temor a que la crisis arrastre a los descontentos, ha encendido todas las luces de alarma en el PSOE. Tiene miedo a perder, si el presidente vuelve a ser candidato. Sin embargo, lo que comentan quienes están el cabo de la calle es que será el propio afectado quien tomará la decisión, sin que ni consejos ni presiones muevan su voluntad. Y la hipótesis citada en estas páginas es una de las más fiables. 

Pues bien, la “candidata” a la sucesión Carme Chacón sigue teniendo que currarse a fondo un cargo, el ministerio de Defensa, que pareció de relumbrón y que, sin embargo, le está resultando un potro tortura. No se encuentra cómoda la ministra en ese trabajo. Estos días viajará a Afganistán para visitar a las tropas, lo cual no es plato de gusto. Pero mucho menos aún para quien, como la diputada catalana, no siente la vida castrense. Todo sea por hacer méritos. 

Un asunto más y un comentario. El asunto es la decisión del Gobierno de fijar la vida útil de las centrales nucleares en los 40 años, norma aprobada a la chita callando, como de pasada, y que sugiere que Zapatero y sus ayudantes pueden estar reconsiderando sus apriorísticas e ideologizadas posturas antinucleares, para rendirse a la realidad de un dependencia energética que achica aún más nuestros escasos recursos económicos. Es tiempo de crisis, y con el dinero no caben bromas. Parece que, aunque tarde, se van enterando. Eso sí, ni la cerrazón anterior, ni la presunta apertura actual, se han discutido públicamente. Aquí no se debate nada. Por lo visto, piensan que los españoles es mejor que sigan en la inopia. 

Y el comentario. Me escandaliza el aumento de condena (diez años de suspensión) al juez Ferrín Calamita, que puso obstáculos a la adopción de una niña por una pareja de lesbianas. Me temo que los jueces, tan pacatos a la hora de castigar a colegas corruptos y prevaricadores, se han “atrevido” con el más débil. ¡Enhorabuena, señores magistrados del Supremo! ¡Qué valientes!

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