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Isabel Díaz Ayuso en una intervención
photo_camera Isabel Díaz Ayuso en una intervención

Cuando se ataca a Madrid desde las autonomías limítrofes, por su decisión de no seguir las directrices en materia de restricciones, resulta que la autonomía que alberga la capital de España, se ve invadida por extranjeros que aterrizan en Barajas todos los fines de semana.

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Ahora -que por una manifestación, por una reunión y hasta por la asistencia a una competición deportiva, se discute y se ponen en tela de juicio las medidas más o menos  restrictivas de los gobiernos autonómicos o de los ayuntamientos y siguen proliferando las reuniones y fiestas ilegales sin que se sepa ni se hable de consecuencias graves o al menos proporcionadas con la importancia que se supone tienen esos desmanes- sorprenden informaciones que apuntan a la presencia habitual los fines de semana de extranjeros que entran en España, y más concretamente a Madrid, por Barajas.

Cuando se ataca a Madrid desde las autonomías limítrofes, por su decisión de no seguir las directrices en materia de restricciones, resulta que la autonomía que alberga la capital de España, se ve invadida por extranjeros que aterrizan todos los fines de semana.

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Indignaba ver el reportaje televisivo de los franceses con sus mochilas al hombro, afirmando sin tapujos que venían de fiesta a Madrid  porque en su país están prohibidas. O sea lo mismo que aquí, solo que los que vienen de juerga no se quedan en Francia porque allí parece que sí hay que respetar la ley.

Mientras los madrileños no pueden visitar a familiares que viven en algún pueblo confinado o en algún barrio perimetrado, los franceses se jactan de su estancia de farra las noches del viernes y del sábado.

Cada lunes hay que escuchar la cantinela de las doscientas y pico fiestas ilegales que ha detectado la policía, se informa de un número más bien reducido de detenciones y hasta de algún policía herido, pero ahí se termina la historia y… hasta el próximo fin de semana.

Mientras las imágenes de los transgresores aparecen “pixeladas” y sus nombres perfectamente ocultados -es de suponer que por aquello de la Ley de Protección de Datos- el supuesto camino procesal que deberían seguir esas infracciones, se queda en el baúl del olvido, que no de los recuerdos..

Y los políticos, todos los políticos, siguen con sus discusiones absurdas entre galgos y podencos.

La carcajada: Dice Calvo a propósito de la memoria histórica: “Quiero pedir que aquí no haya colores y no voy a recordar nada de colores”.

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