Opinión

Por la boca… Iceta y el mambo de las naciones

Miquel Iceta.
photo_camera Miquel Iceta.

Pérez Prado, aquel músico de cabaret antiguo, puso de moda un mambo que comenzaba contando hasta ocho, para después gritar ¡mambo! Iceta, tan bailón él, no ha resistido la tentación y ha contado hasta ocho para luego gritar “¡nación!

Cuenta don Benito Pérez Galdós, en uno de sus Episodios Nacionales, que el general Narváez, entonces en el poder, ante las peticiones de Egaña y Madoz para vascos y catalanes, contestó: “¿Pero esto es España o la ermita de mi pueblo en la que cada sacristán pide para su santico?”

Estamos rodeados de sacristanes de la política que solamente piden para su visión alicorta, cada uno cuida del santico de sus intereses mezquinos y paletos, arrima el ascua del nacionalismo a la sardina de sus apetencias y se aprovecha, ya lo dijo Rufián, de un presidente del Gobierno débil y ambicioso que se autoproclama candidato con 120 escaños.

Y como siempre, sale Iceta y dice algo que sirva de paño caliente a Pedro Sánchez. Esta vez, en una entrevista en La Razón, nos informa de que en España hay ocho nacionalidades –sin contar Navarra- y así va allanando el camino para las negociaciones de su jefe con los sacristanes de la Esquerra Republicana de Cataluña, ese partido progresista, al decir de algunos otros sacristanes y del que Carmen Calvo afirma que tiene muchas cosas en común con el Partido Socialista.

Pérez Prado, aquel músico de cabaret antiguo, puso de moda un mambo que comenzaba contando hasta ocho, para después gritar ¡mambo! Iceta, tan bailón él, no ha resistido la tentación y ha contado hasta ocho para luego gritar “¡nación!

Al decir del entorno de La Moncloa, el pacto con los separatistas de la Esquerra está más que hecho y la coalición de gobierno con los comunistas de Podemos también, reparto de ministerios incluido. Ahora todos los corifeos, asesores y consejeros de Sánchez se afanan en buscar justificaciones, palabras y expresiones que camuflen el acuerdo y las concesiones a separatistas y comunistas, que no rechine mucho en ciertos ambientes socialistas y que pase de tapadillo por los filtros europeos.

Ahora se trata de buscar cortinas de humo -de incienso, por supuesto- para tapar los desmanes del candidato, los pactos vergonzosos y las concesiones ruines, y a los turiferarios de cabecera, Calvo, Celáa,  Ábalos y compañía, se une ahora Iceta, con su numerito de las ocho nacionalidades.

Mientras, esas mismas fuentes comentan los esfuerzos de Calviño, por frenar a los sacristanes del santico del que hablaba Galdós, para que no cuelen demasiados balones en la portería de lo económico y al mismo tiempo, la ministra, mañana, vicepresidenta, se afana para que Europa vaya tragando.

Tal y como están las cosas y con el gobierno que se avecina, lo de menos será el número de naciones que pueda haber en España, el problema va a venir cuando haya que averiguar en qué se ha quedado España y si es, o no es, una nación.

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