Por la boca… Lenguaje falaz que desvirtúa las instituciones
Cuando Sánchez y Díaz, se reúnen para discutir y acordar la postura de la mesa ovalada de La Moncloa, en relación al rearme (dicho sea con perdón) y a la contribución militar de España a la OTAN, ante la extrañeza que causan las diferencias tan visibles en un órgano concreto que se supone unitario y que toma decisiones colegiadas y asumidas por todos sus miembros, se esgrime la justificación de que en una coalición, en la que participan varios partidos, es normal que cada uno tenga sus propias ideas y las defienda a la hora de ponerlas en práctica.
Con Sánchez no extrañan las palabras tergiversadas, los razonamientos falsos, las afirmaciones confusas, las explicaciones ambiguas o las justificaciones engañosas.
Sánchez y su entorno, ocultan desavenencias, camuflan carencias, esconden desuniones, encubren batallas internas, enmascaran diatribas domésticas o disfrazan luchas intestinas que, cuando son descubiertas, pretenden hacer pasar por normales ante la opinión pública.
Sin entrar en la honestidad pública de coaliciones y apaños, en la moral institucional de los poyos que Sánchez recibe o de la falta de lealtad que esas “uniones” suponen de cara al electorado que ha recibido información sobre programas electorales, sistemáticamente incumplidos, lo que ocurre es que las explicaciones de Sánchez falsean y desvirtúan la naturaleza de las instituciones y esas mismas explicaciones son mentirosas cuando intentan respaldar ciertas situaciones en el seno de “uniones” no siempre justificadas ni en su origen ni en su mantenimiento.
Cuando Sánchez y Díaz, se reúnen para discutir y acordar la postura de la mesa ovalada de La Moncloa, en relación al rearme (dicho sea con perdón) y a la contribución militar de España a la OTAN, ante la extrañeza que causan las diferencias tan visibles en un órgano concreto que se supone unitario y que toma decisiones colegiadas y asumidas por todos sus miembros, se esgrime la justificación de que en una coalición, en la que participan varios partidos, es normal que cada uno tenga sus propias ideas y las defienda a la hora de ponerlas en práctica.
Falso de toda falsedad.
Se trata de un órgano cuyas decisiones son respaldadas por todos y cada uno de sus componentes que, no solamente se hacen solidarios, sino que son responsables de forma unitaria. Un órgano con una sola voz, y una sola voluntad de la que se derivan decisiones únicas que todos respaldan sin fisuras y que, si alberga diferencias en su seno, no solamente no deben ser públicas, sino que en ningún caso pueden trascender a los ciudadanos que tienen el derecho a un ejecutivo único.
Cosa distinta son las coaliciones de partidos que dan su confianza parlamentaria a un determinado grupo o a una determinada persona, coaliciones que pueden y hasta deben dejar claras sus afinidades y sus diferencias y que defienden sus posturas precisamente en el seno del poder legislativo. Y que en todo caso han de acordar y consensuar mediante las pertinentes y lógicas negociaciones.
Pero confundir a la opinión pública ocultando las flagrantes y graves diferencias en un órgano ejecutivo, con el razonamiento falaz de que se trata de una coalición entre partidos distintos, es una tergiversación absoluta de la naturaleza de las coaliciones, en cualquier sentido que se contemplen.
Y esa confusión la alarga Sánchez al Tribunal Constitucional que ejerce funciones que no le corresponden y se enfrenta claramente al Poder Judicial invadiendo su terreno; a la Fiscalía que actúa a instancia de intereses personales; al Senado al que prácticamente se niega su existencia y su razón de ser en la Constitución; a la Mesa del Congreso dedicada a boicotear a los partidos de la oposición sin tramitar sus iniciativas sean la que sean; al abuso del decreto-ley apoyado en urgencias inexistentes o a la prensa que pretende ser libre y ejercer su derecho a la crítica…
Confusión a la que siempre siguen justificaciones -cuando menos insuficientes- que siempre carecen de fundamento alguno y para las que se utiliza un lenguaje equívoco y se aducen unos argumentos mentirosos.
Flaco servicio a la democracia y daño, de muy difícil reparación, a las propias instituciones.
La carcajada: En los mentideros, circula insistentemente, la noticia (seguramente falsa) de que Sánchez -en su afán por luchar contra dictadores y dictaduras y en su frenesí por llevar esa lucha al Valle de los Caídos y por aquello de la memoria histórica que heredó de Zapatero- se propone enterrar allí, al gran demócrata que fue Ho Chi Minh.