Opinión

Por la boca… Presos políticos, vengan de donde vengan

Borrell durante una conferencia de 2020 como Alto Representante de la UE
photo_camera Borrell durante una conferencia de 2020 como Alto Representante de la UE

Lavrov (al que posiblemente le resulte problemático señalar en un mapa la situación de Cataluña) decidió que Rusia también debía afear a España la existencia de presos políticos condenados por sus ideas en los sucesos del “presunto” referéndum catalán. O sea, presos políticos vengan de donde vengan y su existencia sea o no sea cierta.

La tan manida frase de “vengan de donde vengan”, es el recurso falaz de quienes quieren igualar situaciones distintas y medir por un mismo rasero acciones u omisiones censurables, pero que no resisten una mínima comparación.

Sucesos de violencia, terrorismo, corrupción, nepotismo, falsedades, prevaricaciones etc. etc, “vengan de donde vengan”, no siempre resultan equiparables, por mucho que se intente con la frasecita.

Algo así ha ocurrido con  el viaje de Borrell a Rusia, al que fue por la lana de censurar la situación del disidente Navalni y volvió con el trasquilón de los “presos políticos” en Cataluña. Lavrov (al que posiblemente le resulte problemático señalar en un mapa la situación de Cataluña) decidió que Rusia también debía afear a España la existencia de presos políticos condenados por sus ideas en los sucesos del “presunto” referéndum catalán. O sea, presos políticos vengan de donde vengan y su realidad sea o no sea cierta.

Tanto González Laya como el mismo Borrell, se apresuraron a negar la existencia en la democracia española de presos políticos; pero el problema sigue estando en el caldo de cultivo que se ha cocido desde la fuga de Puigdemont y sus periplos por Europa, calumniando a España e insultando a los españoles; un caldo de cultivo que por desidia, impericia o dejadez de los responsables de nuestra diplomacia, tanto en el gobierno de Rajoy como en el de Sánchez, ha tomado carta de naturaleza y que, pese a los desmentidos, sigue instalado en muchos ámbitos políticos extranjeros, con el consiguiente desprestigio para España y nuestro sistema de convivencia, mucho más libre, democrático y respetuoso con las ideas y con los disidentes, incluidos los separatistas, que, por ejemplo, la Rusia de Putin.

Mientras Puigdemont, como cabeza visible de la campaña antiespañola por Europa, campa por sus respetos y hace y dice lo que quiere, aquí nos limitamos a las críticas frívolas por la casa en la que vive, por quién le paga las vacaciones e incluso nos regodeamos con los chistes más o menos ingeniosos que circulan por las redes sociales.

Ya va siendo hora  -desgraciadamente una hora tardía- de contrarrestar con todos los medios que un estado como el español tiene a su alcance, una campaña mentirosa, falaz y perjudicial para los intereses de nuestro país.

Es un viaje para el que no hacen falta las alforjas del consenso ni del acuerdo entre partidos. Simplemente se necesita sentido común, sentido de la realidad y sentido de lo que España es y de lo que debería de representar en el mundo.

La carcajada: Dice Espinosa de los Monteros a propósito de una información de ABC: “Si conocéis alguna persona mayor que sigue suscrita a ABC, esta puede ser una buena ocasión para sugerir que se den de baja”.

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