Opinión

Por la boca… Sánchez: aurea mediocritas

Sesión de investidura - Pedro Sánchez durante su intervención
photo_camera Sesión de investidura - Pedro Sánchez durante su intervención

Sánchez se ha instalado en una especie (mentirosa como todo lo suyo) de arcadia de la mediación, del punto medio, del contentar a todos, del pactar con todos y de “tragar” lo que todos le exijan… todos los que sean de su cuerda y todos los que accedan a colocarle en La Moncloa.

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Los PGE incluyen una inversión pública social histórica de 239.765 millones.

Con perdón de Horacio y de Aristóteles, hay que decir que el término medio de Sánchez de medio tiene poco y  de término, no va más allá de la parada de autobús de La Moncloa.

Ahora repudia el ojo por ojo que él mismo se ha inventado y condescendiente y suavón, se dedica a “descrispar el conflicto catalán” que, como todo el mundo sabe, ha sido provocado por la derecha,  más concretamente por el Partido Popular y mucho más concretamente por Mariano Rajoy con el 155 que el mismo Sánchez votó con entusiasmo en el Congreso de los Diputados.

Es el hombre equidistante al que dan igual unos y otros: los fugados, los que cumplen la ley, los delincuentes, los que insultan a España y a los españoles, los que defienden la Constitución, los que intentan echar al Rey, los que juran ante el Monarca, los que reciben a proscritos por Europa, los que masacran a sus ciudadanos o los que abogan por la democracia y la legalidad vigente.

Equidista de sus aliados, de sus promesas, de sus nombramientos y de las dimisiones en el seno de su partido y de su gobierno, de sus aliados europeos, de la OTAN, del CNI, e incluso equidista entre un avión y una sala VIP. Hasta equidista de sus propias mentiras.

Sánchez se ha instalado en una especie (mentirosa como todo lo suyo) de arcadia de la mediación, del punto medio, del contentar a todos, del pactar con todos y de “tragar” lo que todos le exijan… todos los que sean de su cuerda y todos los que accedan a colocarle en La Moncloa.

 Él es el hombre templado, el político prudente que resuelve desde su equidistancia los problemas que otros han creado y el que ofrece a los españoles el progreso y las libertades que otros les arrebataron.

Si en política esas equidistancias, ese supuesto término medio, ese centro en el que está la virtud, nunca es fácil, en Sánchez es imposible por la sencilla razón de que es un término medio falaz, que solamente emplea para engañar y mantenerse en el poder.

Del aurea mediocritas de los griegos, tiene poco. En todo caso detenta el oropel del aurea basado en el Mystere, en el sofá blanco de recibir y dialogar, en los viajes a Europa, en las bienvenidas a pie de escalinata y en el azul del banco soñado.

De mediocritas sí que tiene Sánchez, pero es una mediocritas derivada de mediocre, dicho sea empleando una traducción libre.

Libre mientras nos lo permita Iglesias en los ratos que le deje libre (valga la redundancia) su afán por subirse el sueldo y por vigilar hemorroides ajenas.

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