Por la boca… Las sentencias ni se respetan ni se comparten. Se acatan y se ejecutan

El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, a su salida del Tribunal Supremo, a 12 de noviembre de 2025, en Madrid (España). (Diego Radamés / Europa Press)
El fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, a su salida del Tribunal Supremo, a 12 de noviembre de 2025, en Madrid (España). (Diego Radamés / Europa Press)

Tras el fallo del Tribunal Supremo, condenando al fiscal general del Estado, todos los corifeos de Sánchez, en tromba, se han apresurado a criticar, denostar y descalificar a los componentes de la Sala del Tribunal Supremo y a sus decisiones, en relación al proceso de García; decisiones y sentencia que respetan pero que no comparten, intentando restarles todo el valor jurídico que pudieran tener. 

Las frases hechas, en la mayor parte de las ocasiones son auténticas memeces, sin sentido y sobre todo sin ningún viso de realidad.

Cuando esas frases hechas se refieren a acontecimientos y circunstancias graves que tienen trascendencia pública y con cierta relevancia, pasan de la memez a la falacia y quienes las escuchan tienen la sensación -cuando no la certeza absoluta- de que el “pronunciante”, o quiere salir del paso en una situación comprometida, o pretende engañar o desacreditar a los magistrados del Tribunal Supremo y a sus decisiones relativas al caso de que se trate. “Acato, pero no comparto”, es una memez semejante a eso de “perdono, pero no olvido”.

Tras el fallo del Tribunal Supremo, condenando al fiscal general del Estado, todos los corifeos de Sánchez, en tromba, se han apresurado a criticar, denostar y descalificar a los componentes de la Sala del Tribunal Supremo y a sus decisiones, en relación al proceso de García, decisiones y sentencia que respetan pero que no comparten, intentando restarles todo el valor jurídico que pudieran tener. Recalcando, lógicamente, su auténtica “veneración” por la independencia y la separación de poderes en cualquier democracia. Como no podía ser de otra manera, que diría un cursi.

Memez aparte, la falacia, la mentira, la tergiversación y la manipulación, están servidas y al alcance de quienes quieran adherirse al coro del engaño y esquivar la realidad.

Pero las sentencias de los tribunales y muy concretamente las del Tribunal Supremo, ni es necesario respetarlas, ni mucho menos compartirlas o no. Simplemente los fallos de los jueces se acatan y se ejecutan.

Si un fallo no se comparte es imposible respetarlo y si una sentencia no se respeta, se supone que tampoco se comparte. Así de sencillo. Todo lo más se toleran, se soportan o se está de acuerdo. Pero nada más. A no ser que, por respeto a unos magistrados y a sus decisiones en el tribunal, se entienda, no asaltar la sede de ese tribunal, no agredir a sus miembros o no incendiar la sala en la que ha tenido lugar la vista. (Belarra, Montero y Díaz, mediante).

Y ahora al Tribunal Constitucional, para que Pumpido deje las cosas en su sitio y certifique, Sánchez mediante, la indudable inocencia de García.

La carcajada… Dice López (¿pero Pedro tú sabes lo que es una nación?) refiriéndose al fallo del Tribunal Supremo en el caso del ya ex fiscal general del Estado: “Me parece una auténtica vergüenza”.

Claro que el concepto de vergüenza en López (¿pero Pedro tú sabes lo que es una nación?) no tiene demasiado recorrido.

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metricool