Opinión

Por la boca… Tezanos e Iglesias, alianza contra la Monarquía

Comparecencia de Pablo Iglesias y Salvador Illa para informar sobre el coronavirus. La Moncloa, Madrid, jueves 19 de marzo de 2020
photo_camera Comparecencia de Pablo Iglesias y Salvador Illa para informar sobre el coronavirus. La Moncloa, Madrid, jueves 19 de marzo de 2020

La trampa está preparada. Con distintas estrategias, que incluso parecen contradictorias, Tezanos e Iglesias persiguen el único fin de acabar con la actual forma en la Jefatura del Estado.

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No deja de ser curiosa la coincidencia de estos dos individuos. El uno va por derecho y no oculta que su principal objetivo es derribar la Corona. El otro emplea el arma falaz de las encuestas para declarar que la Monarquía y, más concretamente la forma de Estado, es algo que trae sin cuidado a los españoles.

Afirma Iglesias que hay que avanzar hacia una nueva república que traerá nuevas oportunidades empresariales y económicas. Desliza en su verborrea términos como “avanzar”, “nueva” y oportunidades económicas y hasta empresariales. Todo es positivo en una república distinta de las anteriores, todo es fuente de progreso y hasta supone un avance para los españoles. La apelación al imaginario popular, más bien escaso de espíritu crítico, está servida.

Tezanos prefiere el camino del “ninguneo”. La Monarquía en sí, lo que sea la Jefatura del Estado, importa poco o nada a los españoles que ponen sus inquietudes en 31 asuntos antes que en la disyuntiva monarquía o república. Cuando llegue el momento, derribar algo irrelevante será fácil porque lo que no se aprecia ni se discute, carece de importancia.

La trampa está preparada. Con distintas estrategias, que incluso parecen contradictorias, Tezanos e Iglesias persiguen el único fin de acabar con la actual forma en la Jefatura del Estado.

La táctica es distinta pero los argumentos coinciden por taimados, arteros, tramposos y ladinos. Pero no son hábiles, ni sagaces, ni siquiera sutiles. Los del uno son razonamientos sociológicos de brocha gorda untada en demagogia. Los del otro parecen pintadas en pared de urinario público. Unos con tufillo a timo sociológico y otros con olor al tocino más rancio de nuestra historia.

Pero hay que reparar en que, a lo peor, una Institución que a nadie interesa, comienza a convertirse en objeto de consideración, a la vista del interés por derribarla que muestra un partido que forma parte del Gobierno, por muy comunista que sea ese partido.

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