Opinión

La despedida de Iglesias: risas y sollozos

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, aplaude al vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias (d), durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, Madrid, (España), a 24 de marzo de 2021. (Foto: A.Ortega.POOL / Europa Press)
photo_camera La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, aplaude al vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias (d), durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, Madrid, (España), a 24 de marzo de 2021. (Foto: A.Ortega.POOL / Europa Press)

La única actividad política que se le conoce a Iglesias es el montaje de espectáculos. Pueden ser escraches, manifestaciones, acampadas, broncas, amenazas desde el escaño, anuncios de llegada o anuncios de marcha.

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En apenas unos días ha montado dos espectáculos. Su llegada a la Comunidad de Madrid y su marcha del Gobierno y del Congreso de los Diputados. Bien es verdad que son espectáculos malos, con actores malos, mal preparados, peor ensayados y con una claque poco entusiasta en el aplauso.

En la despedida de Iglesias como diputado, entre los sollozos de una y las risas de otros, solamente faltaron los cantores de la familia Trapp cantando aquello de “Adiós” mientras se retiran del escenario.

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Desde arrogarse él y sus predecesores el derrocamiento del franquismo  y la llegada de la democracia, hasta jactarse de su gestión en la vicepresidencia inútil e inane que Sánchez le regaló, solamente faltó la entrada de los uniformes grises de las juventudes nazis, que en la película asustaban, tan progres ellos, a niños a monjas e incluso a Julie Andrews. En ello estamos.

Iglesias no se privó de nada en el espectáculo de su despedida y hasta hubo amenazas de denuncias y un chulesco “hasta pronto”.

La escasez política de Iglesias no justifica que intente camuflarla con actitudes tabernarias. Su intento se comprende pero no es admisible en un juego político y democrático normal, por mucho que este individuo se vea cada vez más pequeño y disminuido en su acción pública.

Lo peor de todo es que el odio y las amenazas de Iglesias a la derecha, las van a sufrir los madrileños, durante la campaña electoral, en forma de manifestaciones, escraches, algaradas callejeras, sabotajes al transporte público y todo el “repertorio electoral” del ex.

Sollozos y risas. Además de los cantores de la familia Trapp, quizás faltó Montero (la de igualdad), cantando “Edelweiss”, pero al parecer esa flor no se encuentra entre la flora de los picos de la sierra madrileña.

La carcajada: Rodríguez Gómez de Celis, vicepresidente del Congreso en la despedida de Iglesias: “Le vamos a echar de menos”.

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