Opinión

Junqueras es el p... amo

Intervención de Oriol Junqueras en un acto.
photo_camera Intervención de Oriol Junqueras en un acto.

La política española es algo perfectamente sincopado y los acontecimientos se suceden unos a otros a una velocidad pasmosa.

Sin tiempo para asimilar el fracaso del “efecto Illa”; sin apenas haber digerido el tremendo fracaso de Sánchez en las elecciones autonómicas de Madrid; sin poder saborear agusto la no se sabe hasta cuándo desaparición de Iglesias de la vida pública; sin casi disfrutar las risas producidas por los cambios en el Gobierno; sin incorporar a nuestro martirologio los desplantes de Biden; sin resolver el sobresalto de la invasión de Ceuta; sin  conocer lo que habrá que cotizar para el sueldo de los políticos a través del tarifazo de la luz y sin acabar de dar crédito a los propósitos de Sánchez de indultar a los políticos presos por el golpe de estado en Cataluña, se nos viene encima la carta de Junqueras aderezada con las nuevas expectativas de su presencia, indeseable a todas luces, en la mesa de negociación que se avecina.

En cualquier caso demasiado Junqueras en la ensaladilla ¿rusa? que cada día se cocina en La Moncloa.

Con Junqueras pasa algo de lo que ocurría con Iglesias: demasiada importancia para tan poca cosa  y para tan mínimo peso en las urnas, porque hay que recurrir a las cifras para constatar que el político condenado por unos cuantos delitos, perfectamente tipificados, cuyo indulto se prepara y que protagoniza la vida política en España, votos, lo que se dice votos, tiene más bien pocos.

Por mucho empeño que se ponga en hacer de Junqueras un político decisivo, la realidad de las cifras se impone. En las últimas elecciones generales, incluso sumando votantes de otras formaciones más o menos afines a su ideología, obtuvo menos de 870.000 votos de un total de más de 37.500.000 posibles votantes. Y en Cataluña con más de 5.600.000 ciudadanos con derecho a voto, apenas se decantaron por Junqueras 603.000. 

Pero con todo, es evidente que Junqueras, aún desde la cárcel, manda mucho en la arena política y una carta inane y sin apenas novedades, es objeto de todo tipo de análisis y hasta hace poner los ojos en blanco a Zapatero cuando dice emocionado aquello tan poético de: “Es algo trascendental. Para mí la mejor noticia que se ha producido en esta legislatura”.

Pero la realidad no ha cambiado. Junqueras sigue siendo el mentiroso de toda su trayectoria política (que pregunten a Puigdemont) y el acompañante de aventuras políticas al que no se puede dar la espalda (que pregunten a Carod Rovira).

La fuerza y el protagonismo de Junqueras procede única y exclusivamente de la necesidad que tiene Pedro Sánchez de sus escaños en el Congreso para seguir en La Moncloa. Los indultos, la presencia de Junqueras en una mesa de negociación y hasta la importancia que se ha dado a una carta vacía de contenido, no son más que el peaje a pagar por Sánchez por el despacho que tiene al lado del que ocupa Iván Redondo.

Y por si fuera poco, si Sánchez depende de Junqueras, que no se olvide que Junqueras depende de Puigdemont.

Comentarios
Somos ECD
Periodismo libre, valiente, independiente, indispensable