Leyes “de matute”
“El matute” se puede aplicar con bastante lógica a esa práctica -tan reiterada por Sánchez y sus alrededores, a la hora de sacar adelante leyes, de convalidar decretos o de proponer proyectos legislativos en el Congreso- de “colocar” subrepticiamente, disposiciones medio escondidas entre la farragosidad del lenguaje y que poco o nada tienen que ver con el enunciado principal de lo que se discute y que será puesto a votación.
Cuando se quiere indagar el significado de la expresión de matute, lo que se encuentra en los diccionarios y léxicos al uso, es algo que supone una estafa total, un engaño, un timo, una mercancía introducida clandestinamente y de extranjis, puro contrabando y todo a escondidas. En fin un dechado de cualidades de la más baja estofa.
El matute siempre ha sido una forma de engañar y de burlar la legalidad en la introducción de géneros, de mercancías o incluso un timo de lo más tirado.
Una cosa es gobernar por decreto, otra proponer leyes para su discusión y otra muy distinta legislar de matute.
El matute se puede aplicar con bastante lógica a esa práctica -tan reiterada por Sánchez y sus alrededores, a la hora de sacar adelante leyes, de convalidar decretos o de proponer proyectos legislativos en el Congreso- de “colocar” subrepticiamente, disposiciones medio escondidas entre la farragosidad del lenguaje y que poco o nada tienen que ver con el enunciado principal de lo que se discute y que será puesto a votación.
Claro está que eso hay que hacerlo con la aquiescencia de Armengol y el visto bueno de la tan cacareada mayoría de progreso; esa mayoría de progreso formada por comunistas y separatistas y a la que la portavoz de Sánchez dice, desde La Moncloa y con su acostumbrada alegría y con el desparpajo que le es habitual, que “hay que mirar con ojos de normalidad la realidad parlamentaria que tenemos”.
Ejemplos hay muchos. El más divertido fue aquel de “colarle” al Partido Popular lo de la conmutación de las penas y de los tiempos a los terroristas que hubieren cumplido condena en el extranjero.
Hasta sus “colaboracionistas” del PNV, por boca de Esteban, le han advertido a Sánchez que, con la historia de los dineros para auxilios de los damnificados por la DANA, no intente colar otras cosas, porque votarían en contra. Pues buenos son ellos cuando se ponen serios a la hora de votar por el bien común.
Tanto en lo de la amnistía, como en la cosa económica de los impuestos y de los presupuestos, los alquileres, evitar jubilaciones indeseadas para Marlaska e incluso, más recientemente las ayudas a los damnificados de la DANA, se cuelan de matute párrafos, considerandos, adendas, anexos y disposiciones completas, que nada, o muy poco, tienen que ver con la esencia del cuerpo legal que se pone a votación y que se camuflan en disposiciones distintas a las de la nomenclatura principal del proyecto.
Se confunden churras y merinas, galgos y podencos, el ruido y las nueces y hasta peras y manzanas y -aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, con la aquiescencia de Puente, por supuesto- se cuelan aspectos y hasta matices que, los que tienen que votar, a priori, ignoran totalmente.
Todo va colando y si a alguien se le ocurre leerse eso de la letra pequeña y poner alguna objeción, ya se encargarán Armengol o Pumpido de dar el visto bueno a la mercancía averiada y colocarla en el escaparate del B.O.E.
La carcajada… Dice Zapatero, cada vez más perejil en salsas que huelen a podrido: “Tengo plena confianza en Sánchez y en Santos Cerdán”.
No hay nada como dar tranquilidad a la ciudadanía gracias al inmenso prestigio de un experto en negociar, aquí y en Venezuela.