El partido de Sánchez, ni es democrático ni es transparente
“La democracia es incompatible con el socialismo
y, por eso, hay que ir a la revolución”.
Francisco Largo Caballero
Hoy en España, no hay un solo partido al que pueda aplicársele -aún de forma laxa- el artículo 6 de la Constitución en cuanto a la democracia interna se refiere.
Pero si hay alguno que se lleva la palma, es la organización que lidera Sánchez y que cada vez está más lejos del PSOE.
El artículo 6 de la Constitución dice: “Los partidos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su estructura y funcionamiento han de ser democráticos”.
Los ciudadanos afiliados y pertenecientes a un partido, se supone que deben participar en las decisiones y en las deliberaciones y que no se convierta la organización en propaganda y reafirmación de las decisiones de los dirigentes.
Con ese planteamiento cabe afirmar que la democracia de un país, para ser plena e incluso para sobrevivir, necesita, ineludiblemente, de la democracia interna de los partidos.
El origen de muchas de las lacras que arrastra la vida política en España y principalmente las carencias democráticas, viene dado porque esas mismas lacras anidan en el seno de los partidos.
Desde la formación de los cuadros, la elección de representantes, sus trayectorias personales, los vicios de origen en los ascensos y en los nombramientos para los distintos cargos y escalones, el amiguismo y el clientelismo, el culto a los que mandan, la falta de crítica interna, la cerrazón para admitir, no solamente corrientes internas, sino incluso la más mínima disidencia o una opinión distinta de la oficial, la criminalización del discrepante o el tapón que forman los “colocados” y que impide el acceso de savia nueva o de personas que puedan ir ocupando puestos de responsabilidad en la organización.
Hoy en España, no hay un solo partido al que pueda aplicársele -aún de forma laxa- el artículo 6 en cuanto a la democracia interna se refiere.
Pero si hay alguno que se lleva la palma es la organización que lidera Sánchez y que cada vez está más lejos del PSOE.
El último congreso celebrado en Sevilla consistió en una constante y repetitiva demostración de adhesión inquebrantable a Sánchez. No es que no hubiera el menor atisbo de oposición -por leve que fuera- es que no existió la más mínima disidencia, y los conatos de intervenciones fueron abortados, de forma inmediata, en las distintas comisiones y en el pleno.
Ni siquiera esas posibles discrepancias fueron permitidas para exhibirlas como coartada y testimonio de la existencia de una cierta democracia interna, que disimulase la férrea dictadura de Sánchez.
Sánchez es el máximo exponente de la cultura autocrática que domina el panorama de los partidos políticos en España y su organización constituye el mejor ejemplo.
Pocos militantes -incluso los que estaban en Sevilla, conocían o tuvieron presente que, en ese congreso, se elegía un secretario general y una ejecutiva y mucho menos estaban enterados de los cambios en los estatutos que votaban alegremente y que suponían -entre otros desmanes- el aumento al doble, de los avales necesarios para presentarse como candidato a unas primarias para alcaldías, autonomías o, simplemente, para cargos en organigramas inferiores. Ochenta y tantas páginas de letra pequeña, que contenían la normativa interna de un partido que a nadie interesa, porque nadie la cumple. Una normativa que simplemente se aprueba.
Y un ejemplo incontestable se daba de forma prácticamente simultánea, a la celebración del congreso. El nombramiento por ucase de Sánchez, que designaba candidato, para pastorear el partido en Madrid, a López (“este tío nos va a llevar al desastre”) tras la defenestración de Lobato, víctima de filtraciones, correos cruzados y fiscales pesebristas.
Y en eso estamos aunque sea de forma solapada y artera.
La carcajada… El abogado de Gómez, repite incansable que su defendida no tiene “nada que ocultar”. Igual es porque ya se sabe todo.
O ¿hay algo más?