Opinión

El resiliente escribidor

Portada del libro de Pedro Sánchez.
photo_camera Portada del libro de Pedro Sánchez.

Y es que el pobre resiliente no sabe cómo agradar porque, haga lo que haga, los retrógrados de la derecha cavernaria, esos que se manifiestan por cualquier tontería y los que quieren que acabe la resistencia del resistente, le critican y hasta insisten en que se vaya con los libros y las tesis a otra parte.

No hay que quitar méritos a quien los tiene.

Tiene mucho mérito, después de la tormenta provocada por una tesis doctoral, atreverse a publicar un libro.

Tiene mucho mérito, cuando a uno le acusan, desde todos los flancos, de dedicarse única y exclusivamente a resistir en beneficio propio, titular ese libro con la palabra resistencia.

Tiene mucho mérito que tus secuestradores te pidan gestos y tu resistas sin mover un músculo de la cara…

Y es que el pobre resiliente no sabe cómo agradar porque, haga lo que haga, los retrógrados de la derecha cavernaria, esos que se manifiestan por cualquier tontería y por un quítame allá a ese relator y los que quieren que acabe la resistencia del resistente, le critican y hasta insisten en que debe marcharse con los libros y las tesis a otra parte.

Criticaron su tesis doctoral porque no sabía de lo que hablaba y cuando el escribidor escribe sobre la resistencia -algo que conoce y practica como nadie- le critican porque dicen que hasta el título existía de antemano y porque incluso pretenden tasar su tiempo y saber si en escribir, emplea más tiempo que en resistir.

Y cuando el presunto autor hubiera podido escribir un relato -e incluso haberle encargado ese relato a un relator o a un escribidor de tesis doctorales- y se descuelga con un tomo de 320 páginas (aunque parece que la “forma literaria” es ajena a su pluma) las críticas arrecian y se hacen con el ambiente preelectoral.

¿Quién ha dicho que el resiliente no planta cara a los independentistas?

Da la cara ante los independentistas, la oposición, sus correligionarios y la ciudadanía y lo que haga falta.

Porque al resiliente, lo que le sobra es cara. Tiene cara para plantar, para dar y para tomar.

Una cara -al decir del diccionario de sinónimos- que es resistente, coriácea, rocosa, acerada, diamantina, apelmazada, carrasqueña, cascaruda… una cara de las que apenas se encuentran ya.

Una cara de las de antes.

Un libro, el del resiliente, que no se sabe si dará mucho de sí para leer, pero que dará mucho que hablar y será pasto de críticas injustas, comentarios deslenguados y hasta de rumores inconsistentes.

De momento, y dada la afición volandera del resiliente, ya se rumorea que firmará ejemplares en las librerías de los aeropuertos.

Eso sí, zona V.I.P y por la entrada de autoridades.

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