Sánchez, de la demencia, a “Pepa Pig”, pasando por Franco
Dice la ingeniera encargada de lo de arreglar baches en las carreteras y subordinada de Puente, que la culpa de que las niñas no acudan a las escuelas especiales de ingeniería, la tiene “Pepa Pig”, porque en los episodios de la simpática cerdita, los que arreglan los baches son hombretones fornidos y musculosos que quitan las ganas a las niñas de dedicarse a arreglar baches. Es evidente que Serrano que, al parecer es ingeniera de Caminos Canales y Puertos, no veía “Pepa Pig” en su más tierna infancia y por eso desarrolló su vocación en lo de los baches en las carreteras.
Demencia es esa enfermedad de la cabeza que algunos creen que aqueja a Sánchez, a juzgar por algunas de sus declaraciones, acciones políticas y hasta por alguna carcajada fuera de lugar.
“La demencia” (en la actualidad más baja de tono) es la hinchada del equipo de baloncesto del Estudiantes que tiene su sede en el Ramiro de Maeztu de Madrid y que se enseñoreaba de los alrededores, tipo ultras de cualquier equipo, pero en pijos de Serrano y que hasta se permitía el saqueo de grandes almacenes o la invasión de cafeterías más o menos renombradas.
“La demencia” lo que fundamentalmente profesaba era el antimadridismo, el odio perruno al Real Madrid, a sus triunfos y a su hegemonía, por aquellos años, en el baloncesto español y hasta en el europeo. Un odio que Sánchez ha transmutado en ojeriza a Franco y que extiende a la derecha en cualquiera de sus formas, además de aborrecimiento a los jueces.
Y es que lo que se aprende de pequeño en las aulas tan queridas del Ramiro, es difícil de olvidar.
Dice la ingeniera encargada de lo de arreglar baches en las carreteras y subordinada de Puente, que la culpa de que las niñas no acudan a las escuelas especiales de ingeniería, la tiene “Pepa Pig”, porque en los episodios de la simpática cerdita, los que arreglan los baches son hombretones fornidos y musculosos que quitan las ganas a las niñas de dedicarse a arreglar baches. Es evidente que Serrano que, al parecer es ingeniera de Caminos Canales y Puertos, no veía “Pepa Pig” en su más tierna infancia y por eso desarrolló su vocación en lo de los baches en las carreteras.
Memez aparte, en los episodios de “Pepa Pig” no hay un solo humano, ni fornido ni musculoso, porque todos son animales más o menos simpáticos. El más brutote es el señor Bull, el toro, que arregla lo que haya que arreglar y que tampoco, que se sepa, va a matricularse en la Escuela de Caminos, ni en ningún máster de la Complutense, lo dirija quien lo dirija.
Así son las cosas de las gentes que nombra Sánchez, que basan su gestión o su análisis de la sociedad, en “Pepa Pig”, por lo que hay que pensar que quienes les documentan, no han pasado de la cerdita o de los personajes de “La Patrulla canina”, también culpable, según Serrano, de la desafección de nuestras universitarias por las ingenierías.
Sánchez, con demencia o con “La demencia”, tiene demasiadas obsesiones y además poco variadas; son obsesiones de un solo foco, obsesiones, demenciales o no, que dicen mucho del sujeto.
Además de Franco y sus corolarios como la Fundación que lleva el nombre del general o el Valle de los Caídos, Sánchez tiene obsesión por Ayuso, que tampoco estudió ninguna ingeniería y que a lo mejor, en sus años mozos, veía “Pepa Pig”. Y contra Ayuso, Sánchez, suelta y azuza a López (este tío nos lleva al desastre) que más que de “Pepa Pig” es de “La Patrulla Canina”, a juzgar por sus maneras.
En cualquier caso, Sánchez se mueve de la demencia de la cabeza, a “La demencia” del “Estudiantes” pasando por Franco y por “Pepa Pig” y ahora además, por mandato de Puigdemont, tiene que mover el trasero (cul en catalán).
Un no parar.
La carcajada… Sánchez, que es tan de celebrar aniversarios, podría conmemorar los 100 años de Largo Caballero, preboste del PSOE, allá por 1925, cuando fungía como Consejero de Estado, nombrado por Primo de Rivera, en aquellos tiempos de la dictadura, con la que tan afanosamente colaboró el preboste socialista pese a la indignación de compañeros como Prieto o Besteiro.
Eso sí, siempre en beneficio de las clases trabajadoras.