Sánchez limpia las manchas de las moras de sus desmanes, con más moras

El aliento de la rana, puede ocultar cualquier mal olor.

(Del acervo popular)

Dice un refrán que la mancha de la mora con otra mora se limpia. Ese dicho popular parece ser una de las consignas de Sánchez, en cuya gestión apenas pasan horas sin que tras una mora, llegue otra que oculta la anterior y otra y otra, sin dar tiempo a la ciudadanía a asimilar significados ni a calibrar consecuencias y, todo ello, con la pretensión de borrar manchas con otras manchas, y de hacer olvidar desmanes con otros desmanes.

Los sociólogos de la comunicación afirman, con práctica unanimidad, que nuestro tiempo es en el que más noticias circulan y en el que más impactos de actualidad reciben los ciudadanos y, paradójicamente, es la época en la que esos mismos ciudadanos, están menos y peor informados.

Si a esa realidad -posiblemente propiciada por las facilidades tecnológicas para que cualquiera pueda opinar, sean cuales sean sus bagajes socioculturales y lanzar noticias con independencia de ser contrastadas y de ser veraces- se añaden los intereses políticos y económicos de estamentos ideológicos en busca de influencia social, de los grupos de presión que representan intereses globales y de las apetencias personales de algunos hombres públicos, ese aluvión de noticias y esa falta de información por parte de los ciudadanos, está servida.

Entre otras, ahí podría estar la respuesta a la pregunta que tantos se hacen de por qué ciertos individuos, con nombres propios de todos conocidos, han podido llegar al poder y además, lo han hecho por supuestos métodos democráticos.

Dice un refrán que la mancha de la mora con otra mora se limpia. Ese dicho popular parece ser una de las consignas de Sánchez, en cuya gestión apenas pasan horas sin que tras una mora, llegue otra que oculta la anterior y otra y otra, sin dar tiempo a la ciudadanía a asimilar significados ni a calibrar consecuencias y, todo ello, con la pretensión de borrar manchas con otras manchas, y de hacer olvidar desmanes con otros desmanes.

Sin retroceder a etapas en las que Sánchez se ocultaba tras las cortinas de Ferraz o vivaqueaba en una descafeinada situación personal en el Ayuntamiento de Madrid y en los escaños del Congreso, con más pena que gloria, y sin recurrir a las hemerotecas que tanto le retratan, simplemente desde el comienzo de la epidemia del Coronavirus para acá-incluida la gestión de aquella tragedia- se suceden con inusitada rapidez los escándalos de corrupción, los desmanes legislativos, para contentar a sus chantajistas, las concesiones opacas a potencias vecinas, los cambios de situaciones que afectan a la totalidad de los españoles o a la política económica y fiscal cada día más opaca y oscurantista.

Apenas se han publicado noticias sobre las presuntas tropelías de un tal Berni, llegan noticias de los presuntos delitos de la mujer de Sánchez, e inmediatamente aparecen los presuntos desafueros de su hermano y cuando estos aún están en  las portadas, aparecen el caso Koldo, las comparecencias de Ábalos y sus presuntas señoritas de presunta compañía y ocupan titulares, y apenas ha dado tiempo a leer esos titulares, son sustituidos con las “presunteces” de algunos que se sientan cada semana en la mesa ovalada de La Moncloa o de quienes les rodean en presuntos trabajos de presuntos asesoramientos o en funciones bien remuneradas de presunta “gabitenería” y, sin solución de continuidad, aparecen las andanzas del fiscal que manda en los fiscales y en el que manda Sánchez, orquestando, presuntamente, la operación “anti-Ayuso”  y un día es el rearme de Europa y rápidamente surge la discusión sobre los emigrantes y su colocación en las distintas autonomías.

Todo muy presunto, pero con aliento que apesta a rana.

Y por si todo lo anterior no fuera bastante y por si hiciera falta para contribuir a la confusión, ahí están las “rarezas” de Trump, las amenazas -y más que amenazas- de Putin, la vestimenta de Zelensky, los arrumacos de Von der Leyen, las chulerías del vicepresidente Vance… y hasta las andanzas de Montero, Alegría y Morant para mayor gloria de Andalucía, Aragón y Valencia o -quizás nunca se sabrá- para que Sánchez se las quite de en medio, porque ya empiezan a oler a cadaverina asada.

Y dice Page que el que manda es Puigdemont y Rufián, con referencia a Junts, dice eso tan redondo de “banderas españolas no, pero enchufes a sus amigos en empresas públicas sí”.

Y no podían faltar, en el aquelarre, las intermediaciones y cabildeos transatlánticos y “trans Urales” de Zapatero -mientras hace manitas con los dictadores más afamados del mundo- trufadas de mítines decimonónicos y discursos con frases cursis y almibaradas.

Un revoltijo de noticias que se solapan, que se tapan unas a otras, que sirven de cortina como aquella que ocultaba urnas primarias en Ferraz, cuando Koldo custodiaba avales. 

Aluvión de noticias que mantienen rutilante y en todo su apogeo, la desinformación de la opinión pública.

Y por si todo fuera poco, los mismos protagonistas se ocupan de poner en el primer plano de la actualidad, a los jueces que les investigan y a las leyes que les serían de aplicación, sembrando dudas sobre idoneidades, poniendo en entredicho neutralidades, o haciendo recaer sospechas sobre posibles intereses de los magistrados.

No es que Sánchez haya olvidado, ni que vaya a olvidar, todo lo que él gesta y él mismo se encarga de parir, sino que Sánchez pretende y trabaja para que sean los españoles los que olviden, y por eso tapa y “limpia” una noticia con otra que le sucede inmediatamente.

Con independencia de los acontecimientos que la sociedad pueda o quiera asimilar, es de justicia común y de higiene democrática, que ciertas situaciones, delictivas o no, no se olviden ni se difuminen en aras de otros acontecimientos más o menos graves porque ni unos ni otros, pueden ser obviados por una sociedad que tiene todo el derecho a saber la verdad de los acontecimientos y de las trayectorias y las acciones de quienes están en el poder y la realidad en la que se juegan sus intereses, que no son solamente materiales.

La carcajada… Dice Albares, en su poquedad,  sobre lo del armamento de Europa: “España no ha necesitado una propuesta de la Alta Representante para comprometer mil millones de euros para la ayuda militar a Ucrania. Por lo tanto España va por delante en este sentido”. 

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