Opinión

Baldoví y Oltra, unidos en los insultos

La exvicepresidenta de la Generalitat valenciana, Mónica Oltra y el diputado de Compromís en el Congreso, Joan Baldoví.
photo_camera La exvicepresidenta de la Generalitat valenciana, Mónica Oltra y el diputado de Compromís en el Congreso, Joan Baldoví.

Estos dos políticos de Compromís, el diputado en el Congreso Joan Baldoví y la ex vicepresidenta de la Generalitat Valenciana Mónica Oltra, tienen tendencia a ser ligeros y demagógicos, lo cual suele llevar a insultar. 

En el sueldo que les pagamos con nuestros impuestos va incluido que sean educados, respetuosos, en el fondo y en las formas, sin confundir las diferencias políticas con el insulto.

Baldoví intervino, hace unos días,  en una sesión plenaria del Congreso de los Diputados que trataba sobre los okupas, problema creciente en nuestro país. El PP lo sacó a colación, con notable despreocupación y hasta desdén de diversos partidos de izquierdas, lo cual es muy sospechoso, pues parecen justificar a los okupas, o al menos tolerar este fenómeno, que equivale a justificarlo.

Joan Baldoví, que no es la primera vez que ha pedido perdón en el Congreso de los Diputados por una intervención suya fuera de tono, dijo que  al PP “se la suda lo que le pase a la gente que no tiene vivienda”. Quejas en la bancada ‘popular’, y paró en seco para pedir disculpas: “Perdón, no debería haber dicho esto. Me disculpo delante de toda la Cámara”.

Y el diputado valenciano concluyó: “El PP siempre trabaja para los mismos: fondos buitre, bancos y Securitas Direct”. Un ataque superficial, demagógico, hacia el PP, y a sus votantes, porque si es un partido que aspira a gobernar pronto es porque hay una mayoría posible de votantes al PP. O tal vez por eso Baldoví perdió los papeles más de la cuenta. 

Por su parte, Mónica Oltra intervino el pasado martes, 29 de noviembre, en el espacio social Ca Revolta, en Valencia, en un debate sobre las desigualdades sociales.

Oltra tiene fluidez verbal, agilidad, y una agresividad que tradicionalmente no ha sabido moderar, aunque con el tiempo aplicaba una cierta ironía. Achacó a Margaret Thatcher, Ronald Reagan y Juan Pablo II de casi todos los males y desigualdades, incluido el cambio climático.

Sin entrar en otras valoraciones, no es de recibo esa crítica política hacia gobernantes políticos de derecha, generalizando con gran ligereza y sin datos, ni tampoco a políticos de izquierdas. Pero su ataque a quien ahora es santo, San Juan Pablo II, es un insulto a la inteligencia, y desde luego a los católicos, que lo menos que le pueden pedir es que no es quién para valorar el pontificado de Juan Pablo II, además de incluirle con gobernantes político.

Elevar la categoría de nuestros políticos es más importante de lo que nos parece. Los “golpes bajos” o la falta de respeto en las formas suelen ir unidos a un fondo demagógico, a no ponderar las opiniones, a acribillar a los contrarios políticos. 

Más preocupante es reflexionar si ese tono demagógico es lo que quiere su electorado. Que da votos un tono descalificador y guerrero. Los políticos aspiran a gobernar: en la dialéctica se comprueba si manda la cabeza y la preparación, o bien la bilis, los complejos y los insultos. Cuando no hay argumentos, se recurre al insulto: penoso.

 
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