Opinión

Pedro Sánchez morirá matando

 
Quim Torra y Pedro Sánchez, en La Moncloa.
photo_camera Quim Torra y Pedro Sánchez, en La Moncloa.

Si alguien dudaba de que Pedro Sánchez convocara pronto elecciones generales, ahora nadie tiene dudas, teniendo en cuenta la situación actual, de que agotará la legislatura, o al menos lo intentará con todas sus fuerzas. Además, a sus socios de gobierno independentistas les interesa que la agote, pues saben que con ningún otro gobernante – tampoco del PSOE – lograrían lo que están logrando, y lo que pueden lograr, siempre un cajón de sorpresas que no lo son tanto.

Por supuesto, todo lo opinable y discutible que es la política, con sus apreciaciones variopintas y perspectivas tan cambiantes, tiene ahora un calificativo al que todo el mundo se aferra: la volatilidad del voto, sobre todo tras la sorpresa de Vox en Andalucía, para algunos no tan sorprendente si se sabía escuchar la calle y observar lo que estaba sucediendo en tierras andaluzas antes del 2-D. ¡Por supuesto, para el CIS es la gran justificación ante sus pifias, la volatilidad!

Las elecciones andaluzas le han reforzado en su determinación de agotar la legislatura, pues han sido un anuncio de lo que se avecina. Los socialistas son conscientes de que el apoyo en los independentistas y la política con Cataluña han sido un lastre muy considerable, y lo será en las elecciones autonómicas de mayo próximo.

Ahora Pedro Sánchez hará todo lo posible por eliminar a Susana Díaz, que tantas veces se ha enfrentado a él. Lo mismo sucederá con otros líderes socialistas que se han opuesto a los apoyos independentistas, y que ahora con redoblado esfuerzo reclaman una política constitucionalista, es decir lo opuesto a lo que permite el presidente del Gobierno.

Ahí están los ejemplos de Javier Fernández, Javier Lambán y Emiliano García-Page, ahora presidentes socialistas de las comunidades autónomas de Asturias, Aragón y Castilla-la Mancha. Fernández no repetirá, pero quiere que el partido socialista llegue con más visos de lograr un resultado que le permita seguir gobernando a mayo, porque el PSOE está en caída libre. Contundente es Lambán, contundente es García-Page.

Según sean los resultados autonómicos de mayo y si los socialistas no gobiernan en Aragón ni en Castilla-la Mancha, las cabezas de Lambán y de García-Page rodarán porque Pedro Sánchez aprovechará para vengarse de sus enemigos en el partido. Un fracaso electoral - léase imposibilidad de gobernar en coalición con otros partidos – es su oportunidad de oro, para hacer limpia en el PSOE de quienes le han puesto trabas reiteradamente.

El caso de Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, es algo distinto. Sus discrepancias con Pedro Sánchez son conocidas. Pero como Puig ya ha mostrado que su supervivencia política supera los intentos de Sánchez de controlar el PSPV, Puig puede dejar de gobernar en tierras valencianas, porque un tripartito PP-Ciudadanos-Vox logre los escaños suficientes para gobernar, pero no parece que Sánchez pueda con él aunque mayo le sea perjudicial a Puig.

Sánchez gobernando hasta 2020 es el panorama que, por desgracia, nos espera, salvo que sucedan acontecimientos que ahora son imprevisibles. No cambiará de opinión aunque se produzca una debacle socialista en las autonómicas, sino que aprovechará para eliminar a los líderes críticos con él.

Lambán y García-Page se juegan el gobierno autonómico y su propia supervivencia en el partido. Lo saben y por eso continuarán en estos meses desmarcándose del modo de gobernar con Pedro Sánchez en la Moncloa. Y de ese modo Sánchez llegaría a las generales en 2020 que, aunque previsiblemente le impidan gobernar, al menos se quedaría con la satisfacción de eliminar a los líderes socialistas que ahora discrepan de él. Sánchez es vengativo y sólo le importa él, no el PSOE.

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