Opinión

Digitalización, Cuarta Revolución Industrial y futuro del trabajo

Una persona trabaja en un ordenador portátil.
photo_camera Una persona trabaja en un ordenador portátil.

El futuro del trabajo y la disrupción social han de ser sostenibles e inclusivos

Las revoluciones industriales previas muestran que, tras un primer aumento del desempleo, a medio plazo, crearon más puestos de trabajo y de mayor calidad. En 2021, Digitalización, Cuarta Revolución Industrial, pandemia, recesión económica, cambio climático…, abruman a la población, ante la incertidumbre e inseguridad sobre el trabajo y el “miedo a quedarse atrás”.

El miedo -sí, miedo- a perder el puesto de trabajo fruto de la Digitalización, primero, junto a la pandemia, después, y el apocalíptico futuro que nos muestran muchos expertos (analistas, tecnólogos, economistas, gurús y singer-mornings) ha desatado un debate intelectual y que, obviamente, está en la calle y, en boca de todos porque, aunque la inmensa mayoría de la población no sabe qué significa “cloud computing”, sí saben que las fábricas del “Rust Belt” de EEUU están cerradas; al igual que sus homólogas de Escocia y norte de Inglaterra, por no hablar de España, que apenas tenía fábricas, pero sí turismo, bares y restaurantes, pero, desgraciadamente, están cerrados consecuencia de la pandemia. El sector del automóvil está sufriendo mucho y es buen ejemplo de lo que está pasando: primero, no hay demanda, por lo que no se venden coches; segundo, sin ventas se interrumpe la producción o, sencillamente, se acaba con ella. En lugares que, como Valladolid o Palencia, dependen económicamente de “la Renault”, el traslado de producción a Francia causa estragos en la economía local. Y aún no hemos hablado de los robots, aunque la Robótica lleva encima de la mesa décadas.

Que la preocupación sobre el futuro del trabajo es real, lo muestra la abundante bibliografía publicada en 2020, de la que aquí citaremos solo la que, de primera mano, conocemos: “Inventing The Future: Postcapitalism and a World Without Work”, de Srnicek Nick; “WORLD WITHOUT WORK: Technology, Automation, and How We Should Respond” de Daniel Susskind; “The Future Is Faster Than You Think: How Converging Technologies Are Transforming Business, Industries, and Our Lives”, de Peter H. Diamandis y Steven Kotler; “The Globotics Upheaval: Globalisation, Robotics and the Future of Work”, de Richard Baldwin; consultoras tecnológicas como Gartner e IDC imparten seminarios online: “Digital Worker Experience Survey Results: The Real Future of Work”, de Gartner; World Economic Forum (WEF), en 2021 con la Agenda de Davos, incluyó entre sus tres temáticas, “Davos Agenda: What you need to know about the future of work”. El presidente de WEF, Klaus Schwab, es autor de dos libros sobre la materia (“The Fourth Industrial Revolution” y “Shaping the Fourth Industrial Revolution”) y WEF ha realizado muchos estudios: a finales de enero de 2021, la Agenda de Davos se centró “en soluciones para garantizar que "el futuro del trabajo y la disrupciónsocial sean sostenibles e inclusivos". Un economista español, español, Rafael Domenech Villariño - catedrático de Fundamentos del Análisis Económico y responsable de Análisis Económico de BBVA Research- acaba de publicar “La era de la disrupción digital: Empleo, desigualdad y bienestar social ante las nuevas tecnologías globales”.

Es una falacia considerar que sea hoy o dentro de tres décadas, la fuerza laboral (no digo ya del Tercer Mundo, sino de los países ricos de la OCDE) se va a transformar en digital por completo. Entre 2014 y 2020 ha habido mucho predicador de la digitalización, que ha repetido como loro aquella estupidez de “la digitalización acabará con millones de trabajos obsoletos, pero creará otros nuevos, que aún no conocemos”. Lo del “aún no los conocemos” es una forma bonita, eufemística de decir: ”¡Y yo qué sé qué habrá en el futuro, si no tengo ni la menor idea!”

En este artículo partimos de varios principios: los que saben, tienen la obligación moral de no dejar a nadie atrás. Los que tienen el conocimiento, tienen la obligación de transmitirlo, de formar a los trabajadores y educar a los niños y jóvenes. Aunque sea un lugar común hablar de las desigualdades sociales que generan las nuevas tecnologías, dividiendo la fuerza laboral entre los que saben -bien pagados- y los que no -en el paro o relegados, el tercer principio que nos mueve es que la transformación digital ha de ser inclusiva. De nuevo, formación y educación. Si España, como dijo hace días el Gobierno, va a dedicar 11.000 millones de euros a Digitalización, es de cajón, que buena parte de esos fondos que vienen de Europa, se dediquen al cierre de la brecha digital y la búsqueda de la integración laboral. Es decir:

Para reconstruir lo destruido por la pandemia, hay que cerrar la brecha de habilidades digitales, hacer que los lugares de trabajo sean más inclusivos y priorizar la salud y el bienestar de los trabajadores. Porque los acontecimientos de 2020 han perturbado el trabajo, la educación y la sociedad. Ergo, urge buscar las soluciones necesarias para impulsar la recuperación y garantizar que la sociedad y el futuro del trabajo sean sostenibles e inclusivos.

La pandemia ha acelerado tendencias que han tardado en llegar: la digitalización de los lugares de trabajo y la economía de plataformas, la expansión del trabajo remoto y flexible y la educación virtual.

Sin embargo: "por primera vez en los últimos años, la creación de empleo está empezando a quedarse atrás de la destrucción de empleo, y este factor está destinado a afectar a los trabajadores desfavorecidos con especial ferocidad", según el Informe sobre el Futuro del Empleo 2020, del Foro Económico Mundial. Aún vamos por pandemia y digitalización, pero la "recesión económica mundial está profundizando las desigualdades existentes en los mercados laborales mundiales, revirtiendo los avances en el empleo obtenidos desde la crisis financiera mundial de hace una década", dice el informe. Y está afectando especialmente a las mujeres, los pobres, y los trabajadores autónomos. Mientras tanto, más del 90% de los estudiantes en todo el mundo, se han visto afectados por el cierre de escuelas, y los más vulnerables, incluidos los estudiantes con discapacidades y aquellos sin ordenadores o acceso a Internet para el aprendizaje remoto, serán los que más sufrirán ese vacío de formación.

De nuevo, con los fondos europeos que se dedicarán a digitalización de pymes y administraciones públicas, el momento actual brinda una oportunidad para que empresarios, gobierno y agentes sociales concentren sus esfuerzos en mejorar el acceso y la prestación de servicios de reciclaje y perfeccionamiento, motivar el redespliegue y el reempleo, así como señalar el valor de mercado del aprendizaje que se puede brindar a través de la tecnología educativa a escala. Los datos son elocuentes: el Estudio Advice de Éxito Empresarial sobre el SEPE (antiguo INEM) dice que el 78% de los que se recolocan,“tienen habilidades digitales básicas”. Y, cuando el Estado “no llega”, vemos organizaciones sin ánimo de lucro que, como la Fundación La Caixa, hacen llegar miles de ordenadores y tabletas a niños de familias sin recursos y a colegios situados en barrios marginados.

Reconstruir el mundo que nos está dejando la pandemia es trabajar para garantizar que la sociedad y el futuro del trabajo sean sostenibles e inclusivos. Lo primero es cerrar la brecha de habilidades digitales. Por ejemplo, lanzada en la Reunión Anual del World Economic Forum, en enero de 2020 en Davos, la “Plataforma Revolución de la Recapacitación Profesional” tiene como objetivo proporcionar mejores empleos, educación y habilidades digitales a 1.000 millones de personas durante los próximos 10 años, para garantizar que puedan acceder a los trabajos de la Cuarta Revolución Industrial. La iniciativa ha vuelto a capacitar profesionalmente a 50 millones de personas, hasta ahora, en un año.

La recapacitación profesional es más urgente que nunca, porque la interrupción -en marcha- de los mercados laborales a partir de la Cuarta Revolución Industrial se ha complicado aún más, y en algunos casos se ha acelerado, con la recesión económica provocada por la pandemia de 2020, que continúa.

Los aceleradores de “Closing the Skills Gap” (“Cerrar la brecha de habilidades profesionales”) se centran en cuatro áreas: aprendizaje permanente y mejora de las competencias digitales de los trabajadores, reasignación y reempleo proactivos, modelos de financiación de competencias innovadoras y anticipación de competencias y conocimiento del mercado laboral. Las herramientas específicas necesarias para cerrar la brecha incluyen el acceso universal a la conectividad y los dispositivos, las credenciales y certificaciones basadas en habilidades, la creación de micro credenciales y el acceso generalizado al aprendizaje práctico.

Conceptualmente, todo lo dicho anteriormente es necesario: pero no da frutos de la noche a la mañana. En España, con el hundimiento del turismo, la hostelería, los bares y restaurantes, la transformación de los servicios financieros y la falta de ventas en la distribución no alimentaria, por poner algunos ejemplos ya conocidos, nos encontramos con un inusitado alto número de parados. Esas personas necesitan ayuda inmediata. Por eso, programas sociales como “Iniciativas de inserción laboral de ”la Caixa”, son tan importantes. Parten de la creencia de que el progreso de una sociedad se mide en la igualdad de oportunidades laborales que ofrece. Por eso, La Caixa impulsa programas e iniciativas orientadas a ayudar a personas que tienen dificultad para acceder a un empleo o se encuentran en riesgo de exclusión social. El cómo, se concreta de cuatro maneras: actuar de puente entre entidades sociales y empresas; contribuir a la sensibilización de la sociedad y buscar activamente oportunidades de inserción. Fomentar la responsabilidad social corporativa empresarial y la formación a técnicos en inserción laboral.

Esa labor de puente de Fundación La Caixa pone en contacto a colectivos con dificultades para acceder a los canales habituales de búsqueda de empleo y a empresas socialmente responsables. Hay muchas más actuaciones, no menor la labor de financiación a entidades sociales que hacen el bien, que quieren seguir haciendo el bien, pero disponen de pocos recursos económicos, cuando se trata de ayudar en la integración laboral “de los que se han quedado fuera del sistema”. Y, La Caixa, que en la última década ha dedicado una media de 540 millones cada año a obras sociales, también financia a Cáritas y a Cruz Roja Española, porque son muchos a quienes hay que ayudar y pocos los recursos económicos disponibles. Hubo una época, en España, en que cientos de miles de españoles encontraban un puesto de trabajo, al borde de la desesperación, a través de las parroquias, de las iglesias, que es a través de donde actúa Cáritas, por ejemplo.

En la labor de integración laboral que hace Fundación La Caixa hay una actuación concreta que, humanamente hablando, es muy relevante: el “acompañamiento” de la persona, tanto en el proceso de selección, búsqueda de empresa, elección del puesto de trabajo, formación ad hoc y acompañamiento del trabajador en el proceso de adaptación al puesto de trabajo. Acompañar es muy importante en estos casos porque, cuando una persona pierde su puesto de trabajo, se siente muy solo, al tiempo que pesan las responsabilidades. El agobio, la angustia, la ansiedad están al orden del día. Pero, acompañadas, estas personas sobrellevan un poquito mejor la reinserción laboral.

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