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Rubalcaba, ¿la renovación socialista?

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Ante las debacles, siempre hay quien trata de sobresalir como el salvador. Estrategia muy socorrida especialmente por líderes carismáticos pero con gran dosis de mesianismo y con prácticas muy tiránicas. Llevados al poder en ocasiones mediante la consulta popular, sólo como mecanismo puramente instrumental para acceder a un poder, donde una vez encaramado, el respeto por la democracia brilla por su ausencia. En ocasiones esta llegada al poder se produce después de intentos previos de golpe de Estado. El ejemplo más ilustre es sin duda el de Adolf Hitler –alcanzando el poder democráticamente en 1933 tras su fracasado «putsch» de diez años antes–, pero recientemente tenemos a Hugo Chávez en Venezuela –golpe abortado en 1992 y victoria electoral en 1998– y Ollanta Humala en Perú –golpe sin éxito en 2000 y triunfo en las urnas en 2011–, por citar sólo dos ejemplos bien conocidos.

Los salvadores de la patria que directamente han llegado al poder mediante la fuerza y sin pasar por las urnas son tan innumerables que citar a algunos sería faltar al respeto de las víctimas de los demás.

En España ahora tenemos un nuevo salvador tras la apisonadora que ha supuesto el gobierno de Rodríguez Zapatero. Y este ‘salvapatrias’ lejos de salir del principal partido de la oposición, o de una extrema derecha populista, nace desde dentro del mismo partido que ha destruido el país. Y ni siquiera ha salido de alguna corriente de ‘socialismo puro’ que recriminase, por ejemplo, el antinatural acercamiento al nacionalismo, ideología reaccionaria donde las haya y contra la que combatía el socialismo vasco en su etapa inicial. El redentor del socialismo y el redentor de España sale de alguien que ha estado codo con codo con el destructor. Y como todo mesías, tiene que presentarse como alguien totalmente diferente a cualquier otro referente. Él es la verdad y el camino, «el líder del PSOE soy yo», nos dice sin ser su secretario general.

Siempre he considerado que como ejercicio de reflexión es mejor criticar desde la izquierda a quien se siente la pureza de la izquierda y desde la derecha a quien se siente el baluarte de ésta. Por eso centrar el ataque contra Alfredo Pérez Rubalcaba acusándole de portavoz de los GAL y ministro del Faisán, como recurrentemente le recuerda Dolores de Cospedal, no es lo más adecuado, aunque sólo sea metodológicamente.

Mi admirado Julio Anguita, aunque no coincida ideológicamente con él –qué lejos suele quedar esta admiración de personas en espacios políticos distintos– acaba de publicar en «Mundo Obrero» un jugoso artículo titulado «El comando Rubalcaba» donde se queja de las malas artes del político socialista allá mediados los 90. Como apunta el antiguo líder comunista el actuar del nuevo ‘líder’ socialista obedece sistemáticamente a las normas de propaganda diseñadas por Joseph Goebbels, el ministro preferido de Hitler.

En un libro que publico en septiembre, «El antinacionalismo acomplejado», me detengo en demostrar cómo los nacionalistas cumplen cabalmente con los 11 puntos del ministro de propaganda nacionalsocialista. Aquí de manera sucinta, estableceré relaciones entre esas recomendaciones nazis y las quejas de Anguita.

El Califa dice que el calificativo de «comando Rubalcaba» lo recibe el equipo de fontaneros y periodistas encargados de intoxicar, censurar, teledirigir y crear atmósferas político-informativas que paliasen o derivasen hacia otros objetivos los errores y escándalos de la época felipista. Nos dice Goebbels en su «Principio de la transposición»: “ante cualquier error que se cometa bajo nuestra responsabilidad, será objetivo fundamental evitar que se nos difame y dé mala imagen, por lo que deberemos recurrir a este principio para restar importancia al asunto o incluso para justificar nuestra acción por medio de cualquier error igual o parecido de otras alternativas políticas”.

Anguita denuncia que “se magnifican las actuaciones de IU que han permitido alcaldías del PP y se silencian las del PSOE que han hecho lo mismo o se han beneficiado de ello”. Y Goebbels enseña en su «Principio de la exageración y desfiguración»: “hay que exagerar los fallos de las demás facciones políticas tratando de escandalizar a la ciudadanía. No basta con expandir nuestras ideas, también debemos combatir las ideas contrarias y no existe mejor manera que combatirlo que centrarse en los defectos rivales y exagerarlos”.

Así podríamos seguir punto por punto con lo que describe Anguita en un corto y conciso artículo del que recomiendo su lectura íntegra, y compararlo con las prácticas goebbelianas que describo entre las páginas 48 y 51 del citado libro.

Para lo que aquí nos interesa, Rubalcaba no sólo no tiene un mensaje renovado de la socialdemocracia española sino que recuerda más bien a lo peor del socialismo español, y que sus prácticas no son muy diferentes a cuando los socialistas no asumían la democracia burguesa representativa sino que hacían guiños al totalitarismo stalinsita en los tiempos de Negrín. Futuro negro si los españoles diésemos nuestra confianza a este personaje con ánimo de convertirse en el Gran Hermano que denunciaba George Orwell en su crítica al comunismo totalitario. Recordemos que siendo Rubalcaba ministro de Interior se atrevía a decir a un diputado de la oposición: “Yo oigo todo lo que dices y veo todo lo que haces”.

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