Jueves 14/12/2017. Actualizado 19:07h

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Un psicópata en la universidad

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Un depredador sexual, un experto manipulador y acosador laboral, ex director de un centro de estudios en una universidad española, que goza de prestigio por su antigüedad.

Tiene todo el éxito que se podría esperar, de hecho siempre se preparó para ello, ahora es docente, profesor titular universitario, ex director de un centro de estudios y orientador de varias tesis doctorales.

Vive en las afueras de la ciudad, en una bonita casa unifamiliar con una esposa rubia, extranjera, también con estudios universitarios, ¿cómo no?, y dos hijos preciosos. De cara a la galería pasa por ser un hombre de éxito, buen esposo y un padre ejemplar. Tiene todo lo que se puede desear a los 41 años. La vida ha sido generosa con él y le ha premiado con un estatus social y éxito económico en parte ganado, por su inteligencia, no lo dudo.

Pero nuestro personaje tiene otras características, tiene otros aspectos que a priori no se ven, tan sólo con el trato cotidiano se deja ver tal y como es.

Nuestro profesor es atractivo, carismático, locuaz y seductor (en sentido amplio de la expresión), egocéntrico, no conoce la empatía, utiliza a las personas como si de objetos se tratara en beneficio propio, manipula la realidad llegando a mentir compulsivamente; sus metas en la vida son, sexo, dinero y éxito social; juega emocionalmente con las personas más cercanas hasta someterlas, incluso puede conseguir que se comporten como autómatas para atender a sus deseos y órdenes, haciendo que casi dependan de él hasta para respirar.

Pero sobre todo la característica más destacada es la de depredador sexual. Nuestro profesor que hace alarde de su superioridad escoge a sus víctimas, las seduce, las adula y les hace promesas. Utiliza el lugar de trabajo, como cuartel general de sus actividades académicas y “personales”. No estoy cuestionando su profesionalidad, tema que por otro lado no viene al caso, sino otro tipo de asuntos que sin ser ilegales, son al menos reprobables desde el punto de vista de la ética y la moral, o del sentido común.

Realiza muchos viajes para asistir a congresos, conferencias, y otras cuestiones académicas; además están los que hace por placer propio y los que le toca hacer por motivos familiares, dado que su esposa es extrajera, con lo cual se extrapola, de su hábitat natural para ejercer de crápula allende los mares o las fronteras. Es políglota, domina varios idiomas, entre ellos estoy seguro que habla el portugués, alemán, francés e inglés.

Su mediana edad, su aspecto de conquistador y su “pico de oro” hacen de él un hombre con encanto y atractivo para las mujeres. Se esfuerza por presentarse ante la vida y sus semejantes (dudo que considere a nadie como semejante), como un hombre maravilloso y cautivador, como una excelente persona.

Sin embargo este guión se altera a las primeras de cambio, con la primera contrariedad o desobediencia, en el orden que sea. Cualquier asunto que se le presente como dificultad, cualquier crítica que se le haga, desde una posición tanto superior como inferior, le hace estallar en un brote de furia arrebatada, perdiendo siempre los papeles, para después, ser capaz de disculparse y volver a aparecer como el ser encantador de “siempre”. Pero no nos engañemos, esta actitud no es un gesto de arrepentimiento pues esta clase de individuos no tienen sentimiento de culpa, sino más bien es una constante cíclica en su vida, lo que puede producir en sus víctimas una inestabilidad emocional.

Construye su harén eligiendo a sus amantes, preferentemente de su entorno académico, ósea, jóvenes profesoras, alumnas o doctorandas, extranjeras y españolas. Necesita mujeres cooperativas, leales que puedan soportar los aspectos negativos de su personalidad. Algunas de sus relaciones sentimentales son ocasionales, otras más estables, pero pretende poseer a todas sus amantes, en el sentido estricto de la palabra, (sólo suyas). En el terreno académico puede aprovecharse de su posición jerárquica para exigir a sus subordinados, entre los que se encuentran sus amantes, favores abusivos con intimidación emocional.

Si esto no le funciona y no salen las cosas cuando y como él quiere, culpará a sus víctimas, tratándolas con despotismo, falta de desconsideración y descortesía, provocando que se sientan poco más que objetos. En la relación amorosa nuestro profesor exige dedicación exclusiva, y a cambio promete dejar su “desgastada” relación con su rubia esposa (nada más lejos de su intención).

Habrá quien se pregunte por qué hay personas capaces de aguantar este trato. Pues bien, cuando se ha comenzado a construir una intimidad con estos individuos no es fácil defenderse de ellos. Saben cómo manipular la mente y dominar la vida de una persona destrozándola emocionalmente.

Es un lobo con piel de cordero, y el rector de la universidad por el desconocimiento en profundidad de su verdadera personalidad le puso al cargo de un centro, dándole las herramientas para desarrollar aún mejor su maquiavélica actividad. La comunidad universitaria desconoce su verdadera identidad, pero está ahí entre los humanos, con su sonrisa encantadora. Alguien debería desenmascararle puesto que los expertos hablan de que su enfermedad no tiene cura. Lo podrás encontrar en la cafetería de la facultad discutiendo tranquilamente con sus colegas asuntos académicos o en su despacho hablando con alumnos sobre los exámenes. Pero si su instinto depredador observa que hay cerca una presa fácil a la que atormentar y de la que se pueda sacar un beneficio, se dirige hacia ella con las armas de poder y seducción que ya conocemos, hasta hacerla de su propiedad. Cuando la presa ya no le interesa la abandona dejando un rastro de dolor, para seguir su camino hacia la destrucción, sin tener conciencia de ello.

Aunque este tipo de personas son muy peligrosas, no necesariamente la psicopatía llega al asesinato. Los psicópatas abundan en nuestro entorno social, en todas las áreas donde se puede obtener poder o prestigio, pasando inadvertidos para la mayoría, excepto para las víctimas. Pueden ser tu jefe, tu profesor, tu amigo, tu hijo, tu esposo o tu vecino. Si caes en sus redes puede complicarte la vida, ¡y no sabes cuánto!

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