Opinión

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Pablo Motos en una imagen promocional de El Hormiguero
photo_camera Pablo Motos en una imagen promocional de El Hormiguero.

El intento de linchamiento público del Ministerio de Igualdad sobre Pablo Motos no debe pasar desapercibido para los que de algún modo nos dedicamos al periodismo, a la comunicación o al entretenimiento, sea en el medio que sea. Hay cosas que van más allá de la rivalidad en audiencias o posiciones ideológicas. Y en casos como éste los profesionales debemos estar alineados: el poder ejecutivo no puede utilizar el dinero público para señalar con el dedo a personajes que se le hacen incómodos. Porque es gracias a estos personajes, sean de la tendencia que sean, que en nuestro país se puede hablar de una democracia plural real, gobierne quien gobierne. Y esto es así -y lo seguirá siendo- le pese a quien le pese.

Desde los momentos más álgidos de su ex pareja Pablo Iglesias en la escena política no se había visto a nadie tan inspirado por el odio y el rencor como Irene Montero: igualdad para los que piensen como yo. Linchamiento para resto. Ah, y “facha”. Que no se me olvide. “Facha”, dicho con rabia. Con mucha rabia. Con ese hedor que solamente el fanatismo y el rencor pueden desprender. “Nueva política”, lo llamaban.

Quién sabe todo daño que ha hecho Irene Montero al feminismo y a la igualdad. Porque, desde luego, lo que hace su ministerio nada tiene que ver con ninguno de estos dos conceptos. El feminismo es y ha sido necesario para equiparar los derechos y libertades de hombres y mujeres. Pero nunca debió ser proyectado como un ataque a todo aquello que tenga un pene entre las piernas. Eso no es feminismo. Es misandria. Y como cualquier forma de odio, es repugnante.

Cada vez que esta mujer abre la boca, algo malo ocurre. Un violador sale de la cárcel, un presentador es linchado, un inocente arrestado. Montero es de lo peor que ha pasado por la política española, con permiso de Pedro Sánchez. Pero ojo, no pidan ustedes su dimisión. Que se les va a notar que son todos machistas. Y, por supuesto, fachas.

 
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