Opinión

En el centenario de la Legión

Centenario de la Legión.
photo_camera Centenario de la Legión.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez. General de la Legión entre 2001-2004

El 28 de enero de 1920 se publicaba un Real Decreto con artículo único que decía: <<Con la denominación de Tercio de extranjeros se creará una unidad militar armada, cuyos efectivos, haberes y reglamento por que ha de regirse serán fijados por el ministerio de la Guerra>>. Junto a la firma del Rey, la del ministro de la Guerra: José Villalba.

La finalidad quedaba clara en la exposición de motivos del Real Decreto: <<Disminuir los contingentes de reclutamiento en nuestra zona de Protectorado de Marruecos constituyendo, como ensayo, una unidad formada por hombres de todos los países que voluntariamente quieran afiliarse>>.

No creo que históricamente haya antecedentes de crear oficialmente una unidad militar <<como ensayo>>, algo chocante que suena a inseguridad, a falta de fe en el proyecto. A mi juicio algo revelador de lo costoso que le iba a ser al Tercio de extranjeros, Legión española, convencer a los incrédulos que la guerra no permite ensayos, sino preparación previa y demostrar quién es el más valiente y capacitado. Hoy la Legión cumple cien años con el resultado de su entrega absoluta a España: 46.000 bajas en sus filas. Ese ha sido el ensayo.

Empezaba el camino, desconocido, duro, inseguro, pero con un guía providencial, el comandante José Millán Astray. Las dificultades empezaron pronto. El general Villalba frenó el proyecto que quedó arrinconado en el ministerio. Costó poner de nuevo en marcha aquel Real Decreto fundacional por la oposición frontal del ministerio de Hacienda, a la que se sumaban desde el general Fernández Silvestre, la Sección de África del ministerio, que alegaba posibles conflictos diplomáticos, y las Juntas de Defensa contrarias a cualquier innovación en el Protectorado.

Millán Astray en la revista Nuevo Mundo de 19 agosto de 1921 lo explicaba así:

<< -¿Con qué apoyos contaba para realizar su idea?

-El primero que me alentó fue el general Berenguer. El general Tovar me concedió ir a Argelia a estudiar la Legión francesa. Cuando volví, y ya estaba a punto de lograr mi intento, el general Villalba, entonces ministro de la Guerra, se molestó personalmente conmigo, y la Legión quedó en proyecto. Luego vino el vizconde de Eza, me oyó una conferencia sobre el tema en el Círculo Militar, y al felicitarme, me dijo sencillamente: “Yo le haré a usted la Legión”. Y la Legión se hizo, a pesar de las dificultades que puso el Negociado de Asuntos de Marruecos, cuyos jefes –ninguno de los cuales ha estado en África- se oponían tenazmente a que el Tercio se organizara>>.

Tuvo que ser la llegada del nuevo ministro de la guerra, don Luis Marichalar y Monreal, vizconde de Eza, quien preocupado con el tema del Protectorado ante la problemática humana y la actitud hostil de la sociedad por la sangría de jóvenes que provocaban los conflictos en aquellas lejanas tierras, intentó desde sus inicios como ministro de la Guerra aumentar los cupos del voluntariado y de soldados profesionales lo que le llevó, después de un viaje de quince días a África, a desempolvar el expediente de creación del Tercio de extranjeros archivado desde hacía varios meses. Logra vencer la resistencia de Hacienda, Fomento y Estado y, siempre con el apoyo militar del general Berenguer, poner en marcha el Tercio de extranjeros. El impulso del Rey Don Alfonso XIII será definitivo.

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Se olvida con frecuencia la labor del vizconde Eza en la fundación de la Legión. El mismo Millán Astray le reconoce como su fundador.

En carta a su hija Carmen Marichalar de García Durán:

<<En homenaje y recuerdo al insigne español: Vizconde de Eza, tu buen padre, el creador de de la heroica Legión, que tanta gloria dio a España. Vuestro. Millán Astray.

Madrid 10-IV-1948>>.

La habilidad de Eza le permitió sortear todas las dificultades, siempre con el apoyo incondicional del Rey, hasta poder activar el olvidado Real Decreto del ministro general Villalba.

Todo estaba preparado, nada dejó Eza a la improvisación, de modo que el Real Decreto aprobado por S.M. el Rey el 31 de agosto de 1920 pudo ponerse en marcha de inmediato al estar elaboradas y aprobadas todas las órdenes de desarrollo del proyecto en cuanto a plantillas, mandos, reclutamiento, retribuciones y régimen interior. El Tercio estaba en marcha y desde el 2 de septiembre ya tenía su Jefe nombrado por el Rey: el teniente coronel don José Millán Astray, el ideólogo de la Legión.

Va ser Melilla, la guerra del Rif, Annual, la derrota del general Silvestre, el que no creía en el Tercio, lo que va a refrendar el acierto de su creación. Aquellos primeros pasos de La Legión en Melilla, sus salvadores, no sólo sirvieron para confirmar su eficacia y capacidad sino que también fueron el acicate necesario para recuperar el prestigio perdido y la esperanza en nuestros soldados que habían sufrido una de sus mayores derrotas. Ejemplo y acicate para generales y soldados, para amigos y enemigos. El Ejército volvía a sentir su honor, disciplina, acometividad, abnegación y solidaridad. Era el espíritu de la Legión.

Su primera y decisiva intervención en Melilla después del desastre de Annual la convirtieron en un referente, en un modelo a imitar por todas las unidades. En tres meses se reclutaron 1700 legionarios teniendo que restringir la recluta. A raíz del desastre de Annual la recluta en La Legión fue espectacular. Durante los meses de agosto, septiembre y octubre de 1921 se incorporaron cerca de 4.000 nuevos legionarios y los extranjeros, que suponían hasta entonces el 15%, aumentaron en tres meses al 20%.

Luego vino la recuperación del territorio del Protectorado, la historia de la Legión, el desembarco de Alhucemas, Asturias, la Guerra Civil, Ifni, el Sahara.

<<Ahora el Ejército es más Legión que nunca>>, me decía no hace mucho un General que ocupaba uno de los más altos puestos jerárquicos en el Ejército. Me lo decía peyorativamente indicando que ya no era necesaria toda su parafernalia y poniendo en duda la necesidad de su continuidad.

Claro que también se ha dicho desde el uniforme y públicamente que <<estaban muy equivocados quienes pensaban que el Ejército estaba para la guerra, que ahora la sociedad demandaba otra cosa>>.

Anticuada Legión dijeron algunos. Ese pensamiento ha sido norma durante algunos años y con ese prejuicio se pensó en suprimir la Legión.

Sufrió durante unos años una auténtica persecución e incluso hubo un intento ridículo de modificación de los artículos de su Credo que nadie quiso llevar a buen término.

Otros, los que decían defenderla, hicieron algo más sutil. Despersonalizarla con leyes ramplonas que pretendían olvidar su esencia y presencia, su propia y única identidad. Incluso hubo uniformados que, creyéndose nuevos inspiradores del espíritu militar, intentaron suprimir los símbolos, ritos y tradiciones de la Legión. Intentos hasta de cambiar, mermar y atenuar la fuerza de su base espiritual, médula y nervio, alma y rito de ella: el Credo Legionario.

Sabían que era apuntar a la misma esencia, al alma de la Legión, su único punto débil. No lo consiguieron. Camino de los cien años a nadie le importa su vida anterior;  solo importa que juntos formemos Bandera y dar a la Legión el más alto honor.

Hubo, de nuevo, que derramar sangre lejos de nuestras fronteras. Volver a teñir la Bandera, la más gloriosa, con sangre legionaria. Era el camino de siempre, el que se señaló el día de su fundación, el de su Credo, el de sus cien años de existencia. Con sangre firmó su permanencia: Bosnia, Irak, Afganistán, El Congo, Malí… <<Cumplirá su deber obedecerá hasta morir>>. Situaciones complejas, irresponsables, como la retirada de Irak, precipitada, con grave riesgo para ellos y para los que ocupaban su lugar

Compañerismo, amistad, unión y socorro. Obedecerá hasta morir…

La Legión llega a sus cien años y no es un aniversario exclusivo militar. La Legión es el pueblo, su sentir y su vivir, atrae como imán, y no hay otra unidad militar que produzca tantos sentimientos como ella.

Hermandades, Cofradías, Asociaciones, Legionarios de Honor, Fundaciones, velan por la tradición y reúnen en su seno a todos aquellos que un día sirvieron en la Legión junto a todos los que sin haber vestido la camisa legionaria han hecho del Credo de la Legión un estilo de vida. Es un juramento que nadie olvida. Ni nadie les confesará. Queda entre cada dos hombres.

He repetido hasta la saciedad que la Legión es la obra más importante llevada a cabo en el Ejército de Tierra español en los últimos cien años. Lo repito y me reafirmo en ello. Y con ello rindo respetuoso homenaje a su inolvidable fundador y primer Jefe, Coronel Honorario de la Legión, Teniente Coronel Don José Millán-Astray. El Coronel Millán-Astray fue, es y será el Jefe de la Legión, el primero y el último, y así es para todos los legionarios. ¡Siempre, siempre!

Todo tiene un final. La legión no lo tiene. No se acaba todo con la muerte, tan leal compañera. Nadie quiere morir, duele la muerte, hiere su zarpa de fiera. Nadie quiere regar con su sangre la tierra ardiente. ¡Pero hay cosas…!, ¡tantas cosas!; solo hay que mirar a tu Bandera y… por eso se muere y se hace uno novio de la muerte.

Centenario de la Legión. Son cien años de noviazgo, ininterrumpido, de amor eterno a España.

No puedo terminar estas palabras sin dirigirme a su Protector, el Cristo legionario, el de la Buena Muerte. El bienhechor de los legionarios: <<aunque no merezco que tu escuches mi quejido… ¡Cristo de la Buena Muerte!>>, en letra de don José María Pemán:

Señor, aunque no merezco
que tu escuches mi quejido;
por la muerte que has sufrido,
escucha lo que te ofrezco
y escucha lo que te pido:
A ofrecerte, Señor, vengo
mi ser, mi vida, mi amor,
mi alegría, mi dolor;
cuanto puedo y cuanto tengo;
cuanto me has dado, Señor.
Y a cambio de esta alma llena
de amor que vengo a ofrecerte,
dame una vida serena
y una muerte santa y buena.
¡Cristo de la Buena Muerte!

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez.

Fue general de la Legión entre 2001-2004.

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