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Tribuna libre

Navidad 2012

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Deseo una muy feliz Navidad a todos mis lectores, por su paciencia y constancia en leerme, compartiendo inquietudes y afanes, y compartiendo o discrepando de mis opiniones.

Deseo una muy feliz Navidad a todos mis lectores, por su paciencia y constancia en leerme, compartiendo inquietudes y afanes, y compartiendo o discrepando de mis opiniones. No son días para discrepar, sino para estar muy unidos en estas fiestas tan arraigadas, en las que nos une el deseo de felicidad y paz, y dejamos a un lado las discrepancias.

Son días de aparcar preocupaciones. Con la familia, amigos y colegas, tenemos en común esos buenos deseos, disfrutando de las cosas importantes, que suelen ser muy sencillas, casi ordinarias, aunque nos olvidemos con no poca frecuencia. No es poca aportación navideña la de prestar atención a lo importante en la vida, apoyar con el afecto y saberse y sentirse apoyado.

Si entresacara algunas de las felicitaciones recibidas, de palabra o por escrito, podría extenderme demasiado, porque algunas son originales, otras no se quedan en la formalidad de felicitar la Navidad y transmiten razones y afectos, y otras tienen la "chispa" del buen humor o la ironía, que también deben tener cabida en estos días.

En mi felicitación navideña quiero destacar la sencillez. Quien busca lo extraordinario se olvida de que la paz y la felicidad están en lo ordinario, y sobre todo en el interior de las personas. Quien tiene paz, desea y transmite con autenticidad ese deseo: quien no tiene paz, en estos días parece demandarla. Con mayor motivo en estos momentos de dificultades económicas y laborales, la sencillez en las celebraciones tiene un sabor superior, ¡y hasta es más sano! No es incompatible la digna celebración de estos días con la mesura en la mesa y en los regalos: el frenesí o las compras compulsivas son, ese sentido, un contrasentido en estos días, por falta de solidaridad. Recuerdo el ejemplo de mis padres: se esmeraban en estos días, pero con sobriedad y sentido común, y desde luego lograban un clima familiar de desbordante alegría y atractiva serenidad.

Es una celebración religiosa, la conmemoración del Nacimiento de Jesucristo. A unos nos dice mucho, y a otros poco, pero la coherencia de saber lo que celebramos debe llevar, el menos, al respeto religioso, especialmente en estos días. Desaires porque una institución pone un Belén, o elige un motivo religioso para felicitar, por lo menos manifiestan ignorancia histórica y cultural. Villancicos y decoración religiosa inundan España: a quien eso molesta o parece molestar, que cambie su interior avinagrado y, al menos, respete nuestra cultura. ¡Feliz Navidad y Año Nuevo 2013 a todos!

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