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Tribuna libre

No al pacto educativo

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En principio parece que la propuesta del partido Popular sobre el pacto educativo del gobierno ha sido la adecuada: ha formulado un programa en educación que sirva de contraste con la actual evolución

En principio parece que la propuesta del partido Popular sobre el pacto educativo del gobierno ha sido la adecuada. Ha formulado un programa en educación que sirva de contraste con la actual evolución aunque, ciertamente, no oculta las contradicciones de la derecha política (o del centro reformista o de lo que sean ahora) en materias como la defensa de la educación en lengua común, es decir, española. Parece increíble que el único argumento que se maneja sea el de la lengua materna y no la conveniencia de una educación suficiente de la lengua, vuelvo a decir española porque molesta, que nos une en cuanto vehículo de comunicación.

Me temo, sin embargo, que con el argumento de la perfección técnica el Partido Popular se muestra incapaz de crear un discurso crítico suficientemente fundado a la ideología del PSOE. Recordemos que en este tema los radicales muestran una perseverancia clara destinada a transformar el modelo de sociedad desde el Estado. Esta perseverancia echa por tierra el debilísimo argumento de la teoría de la distracción con el que la derecha ha respondido a la mayoría de los intentos verdaderamente ideológicos de los ultra radicales.

La teoría de la transformación social a través de la acción educativa del Estado en áreas como la ideología de género, la imposición de contra modelos familiares o incluso la negación de posibilidad de crítica moral y por lo tanto de formación moral libre supone un cambio radical en la función del Estado respecto al modelo liberal democrático. El nuevo Estado radical entra en todos los comportamientos, elimina la libertad educativa y de expresión, atenaza la pluralidad social, criminaliza las conductas “reaccionarias”, persigue la libertad religiosa y de conciencia e impone bajo lo políticamente correcto ( con sanción judicial por cierto) una dictadura ideológica o si se prefiere el eufemismo un cierto monolitismo.

En este contexto no tiene sentido hablar de pacto educativo cuando el gobierno tramita otra norma fuertemente ideologizada que va a imponer una visión de las conductas sexuales y una efectiva censura sobre toda crítica o intento de formación en esa área. Se va a enseñar que la promiscuidad sexual adolescente, acompañada de aborto como válvula de seguridad, es lo correcto o la conducta indicada.

Curiosamente en esta área de la limitación de la interferencia estatal en la formación moral y en la libertad de educación sería posible un acuerdo entre las corrientes conservadoras, liberales y democratacristianas de la derecha (o del centro o como se llamen) e incluso de las posiciones socialdemócratas no radicalizadas pero dispuestos a no herir susceptibilidades y a no despertar a la “bestia progresista”, el PP parece que prefiere mantener en esto también el perfil bajo y evitar la sólida crítica ideológica.

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