Un viaje al pasado: los helados de Kalise que aún provocan sonrisas

En la memoria colectiva de muchos canarios permanecen dos nombres inmortales: Kontiki y Maxi‑Fresa.

Eran más que helados: símbolos de veranos largos, amigos en la calle y monedas gastadas con sonrisa.

Según un artículo del diario Diario de Avisos, ambos costaban en su momento menos de 60 pesetas.

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El sabor del verano que aún brilla en la memoria de Canarias

Una mirada a los sabores de otra época

Hoy los helados se encuentran en vitrinas ultracongeladas, con variedades interminables, promociones y novedades cada temporada. No siempre fue así. Como explica el artículo del diario Diario de Avisos, en Canarias existió un momento en que consumir un helado costaba unas decenas de pesetas

El helado era un premio sencillo: un paseo, un carrito por la esquina, el sabor del hielo mezclado con protección solar. En ese tiempo emergían modelos que hoy evocan nostalgia, entre ellos los que protagonizan esta historia.

Los protagonistas: Kontiki y Maxi‑Fresa

El primero, el helado Kontiki —de la marca Kalise— alcanzaba un precio simbólico: 45 pesetas.

El segundo, el helado denominado Maxi‑Fresa, se ofrecía por 50 pesetas, poco más que su compañero. 

En las Islas fueron especialmente populares versiones exclusivas —el artículo menciona que en Canarias se llegó a lanzar una edición “Beach” del Kontiki— lo que muestra cómo aquel territorio a veces actuó como banco de pruebas de la marca. 

El contexto social y económico

Estas cifras de precios suenan hoy a metáfora: 45 pesetas equivalían a unos 0,27 € al cambio de la época, una cantidad que hoy apenas alcanza el coste de un granizado. Pero entonces representaban un sabor accesible, veraniego, cotidiano.

El artículo recuerda que no sólo era el sabor o el formato lo que importaba, sino también el rito: el carrito que pasaba por la calle, el consejo de “ahora ya viene”, el círculo de amigos que se compartía el helado.

Marcas que persistieron y sabores que quedaron

La marca Kalise continúa activa y mantiene en su catálogo al Kontiki como uno de sus productos. 

No todos los helados corrieron la misma suerte. Otros nombres de aquella época —como DO‑RE‑MI o Fresinata— sobreviven únicamente en la memoria de quienes los disfrutaron. 

Por qué importa hoy

Este pequeño relato sirve para explorar más que un simple sabor: es una ventana a los hábitos de consumo de hace décadas, a la economía doméstica y a la forma en que lo ordinario puede convertirse en mítico.

Hoy, cuando paseamos entre vitrinas de helados premium, con toppings y sabores exóticos, recordar que hubo un momento en que un helado costaba menos de 50 pesetas nos conecta con un pasado más simple, donde lo valioso era el momento, no el marketing.

Lecciones para el presente

El sabor no se olvida

Cuando decimos que el helado era más barato, hablamos también de una economía distinta, una infancia con menos pantallas y más cuerdas de saltar, más helados comprados sin dudar. Porque al fin y al cabo, lo que pervive no es el coste, sino ese momento congelado de sonrisas y sabor. Y cada vez que alguien, en Canarias o fuera, pronuncia “Kontiki” o “Maxi‑Fresa”, no solo nombra un polo helado: convoca una tarde de verano entera.

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