Política

Proteger a los directivos de las empresas que trabajan en el AVE vasco, objetivo prioritario de ETA, cuesta un millón de euros al mes

Uno de los objetivos prioritarios de ETA son las obras del Tren de Alta Velocidad al País Vasco, conocida como la ‘Y vasca’. Tras el asesinato de Ignacio Uría, el Ministerio y el departamento de Interior autónomico decidieron poner escolta a todos los altos cargos con intereses en el trazado.

El propio ministro se desplazó hasta Bilbao horas después del tiroteo en Azpeitia para tomar medidas urgentes de protección. Rubalcaba se reunió en la capital vizcaína con la patronal vasca, empresarios encargados de la construcción de la línea ferroviaria y altos cargos de Interior del Gobierno vasco.

Una de las conclusiones de aquel encuentro, precipitado, como decimos, por el asesinato de Uría, fue la de dar seguridad personal a todos los empresarios, directivos y miembros de consejos de administración de las compañías relacionadas directamente con las obras.

Según fuentes conocedoras de las cifras económicas que se están invirtiendo en la protección de estos responsables, ésta es la cantidad que están gastando el Ministerio del Interior y la consejería vasca:

-- Se están ofreciendo servicios de escolta a unas 160 personas. Todas ellas son máximos responsables, directivos o consejeros de las compañías concesionarias del trazado ferroviario.

-- Cada escolta supone un coste de unos 5.000 – 6.000 euros mensuales. En total, el desembolso ronda el millón de euros mensuales. Cubrir la protección de estos directivos cuesta unos 30.000 euros diarios.

-- Estas cifras se corresponden únicamente con los servicios de escolta de los 160 directivos. Habría que añadir el coste en seguridad privada, tanto de algunos tramos del trazado, como de los edificios y maquinaria de las compañías. Además, tanto la Ertzaintza como la Guardia Civil vigilan y patrullan algunos tramos de las obras para evitar acciones violentas.

El objetivo de la banda terrorista es el de paralizar las obras del trazado, tal y como ocurrió con la central nuclear de Lemóniz o la autovía de Leizarán –amplía más detalles pinchando aquí-. Entonces, la presión violenta consiguió que se abandonaran estos proyectos.

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