Seguridad

La emotiva carta que circula entre la Policía en homenaje a los héroes de la playa de Orzan: “Nos habéis dado una tremenda lección de sacrificio, profesionalidad y humanidad”

"Queridos compañeros: me dirijo a vosotros en presente, porque vuestro ejemplo nos mantendrá siempre vivos en nuestro recuerdo". Así comienza la carta que está circulando entre miembros de la Policía en homenaje a los compañeros que fallecieron ahogados en la playa de Orzan, en A Coruña.

El texto ha sido redactado por un agente anónimo y está siendo rebotado por numerosos policías, emocionados por lo que hicieron sus compañeros en la playa coruñesa. Viene acompañado de las fotografías de los tres: José Antonio Villamor Vázquez, Javier López López y Rodrigo Maseda Lozan.

En la carta, se recuerda que la ciudadanía no suele tener una opinión favorable al trabajo de los policías en general. Sin embargo, su dedicación diaria es, en ocasiones, peligrosa y evita muertes. La última parte de la misiva está dedicada a la excelente actuación que llevaron a cabo la fatídica noche: salvaron la vida a un joven pero el embravecido mar se los llevo.

Lea el texto íntegro de la carta que está circulando en el cuerpo y a la que ha tenido acceso El Confidencial Digital:

“Carta para Rodrigo, José Antonio y Javier: siempre en nuestro recuerdo.

Queridos compañeros: me dirijo a vosotros en presente, porque vuestro ejemplo nos mantendrá siempre vivos en nuestro recuerdo, a mí y a todos los que vestimos un uniforme compuesto de la tela más simple (da igual el color) y el escudo más glorioso. Ese escudo que un buen día muchos soñamos llevar en nuestro pecho. Después de muchos esfuerzos, sacrificios y nervios, algunos privilegiados como vosotros, otros tantos y yo pudimos conseguirlo y por eso entre nosotros nos llamamos “COMPAÑEROS”.

Todos los “compañeros” que durante años llegamos en una fría mañana a la Academia, fuimos recibidos en la puerta por cuatro palabras: servicio, dignidad, entrega y lealtad. ¿Sólo palabras? Ayer demostrasteis que son algo más que palabras, un lema que cala hondo en la mente y el alma de los que entendemos esta profesión como algo más que un sueldo a final de mes.

En esta ingrata empresa en la que se pueden desempeñar tantas y tantas funciones, que vosotros realizabais hasta ayer (ahora hacéis la función de Ángeles Custodios) la que para mí y para muchos es la más bonita, pero difícil e incomprendida: estar a pie de calle atendiendo al ciudadano allá donde lo requiere, haciendo de todo, desde lo más sencillo a lo más complejo, y hay que hacerlo todo bien. Truncasteis robos, disolvisteis peleas, consolasteis a la familia de un fallecido, indicasteis calles, evitasteis hurtos, auxiliasteis a accidentados, incautasteis droga… ¡Y SALVASTEIS VIDAS! Y todo ello, tomando decisiones en décimas de segundo, pero hay que tomarlas bien, ya que sino la ciudadanía lo reprocha, y lo que es pero el de la toga negra, que no tienen miramientos.

Por si esto fuera poco, a menudo nos topamos con la cara menos amable de los políticos de turno, sacando pecho de nuestro trabajo cuando sale bien, y hundiéndonos cuando sale mal, al igual que los ciudadanos a los que defendemos sin miramientos, que nos vanaglorian cuando la actuación es a su favor, pero nos vilipendian cuando es en contra.

Seguramente cuando entrasteis en un bar a tomar un café al inicio del servicio para paliar el frío. Y seguramente alguien os vio y pensó: “Míralos, que bien viven, de servicio y en el bar”. Lo que no sabe es que trabajáis 10 horas de noche, después de haber patrullado otras tantas durante la mañana de ese mismo día y casi las mismas horas en la tarde anterior. Y todo ello conduciendo un vehículo, a veces a toda prisa, y estando alerta de todo lo que ocurría a vuestro alrededor, y dispuesto a acudir a dónde nos llamen, Y NUNCA PARA NADA BUENO.

Es muy probable que también provocaseis la envidia de alguien que, al veros pasar en vuestro coche-patrulla, mascullase: “Menudo chollo, todo el día sentados en el coche, dando paseos, y cobrando por eso”. Lo que no sabe ese alguien es que en unos segundos pasabais de estar sentados en el coche a correr detrás de un delincuente que había robado un bolso a una mujer que podía ser su abuela, madre o hermana; que vuestros “paseos” disuadían a los delincuentes de, por ejemplo, robar en su coche, y que cada vez que salíais al servicio vuestras madres y esposas no sabían si volverían a veros. Y ese riesgo inherente a esta profesión no se paga ni con el mayor de los sueldos, y menos aún con los mil y algo euros que cobramos. A pesar de todo esto, servíais a esos ciudadanos y al resto, y lo hacíais convencidos y con vocación.

Ayer, como tantas otras veces, atendisteis un aviso, llegasteis al lugar y, en décimas de segundo os visteis obligados a tomar una decisión: había que actuar, no había tiempo para más. Daban igual las circunstancias, el por qué esos chicos estaban en el agua. Si eran unos imprudentes o víctimas de un accidente fortuito. Si corríamos mucho riesgo. Esa no era la cuestión. La prioridad era sacarlos de allí, arrebatárselos al mar embravecido, que mostraba su peor cara y amenazaba con devorar sus vidas.

Sabedores de lo arduo de la tarea y de que el buen fin de la misma sólo podía lograrse en equipo, llevasteis la palabra “compañeros” a su máxima expresión, sumasteis las fuerzas de vuestros brazos, os lanzasteis al agua y construisteis una cadena que salvó la vida a un joven de veintiochos años. Pero el mar, dolido en su orgullo, fue cruel y quiso vengarse de quien le había plantado cara. Lanzó la más brava de sus olas contra vosotros, no os dio opción de rescatar al otro joven, y se dio por vencedor vanagloriándose de su victoria, a pesar de conseguirla en una lucha desigual.

Podía pasar, vosotros lo sabíais. Y a pesar de ello, no dudasteis en actuar y pelear. Otros muchos hubieran visto morir a aquellos jóvenes antes que aventurarse a ser pasto de las olas, pero vosotros… lleváis en el corazón bordado el escudo, VOSOTROS SOIS POLICÍAS. Cumplisteis con nuestro lema hasta sus últimas consecuencias, sin esperar recompensas ni nada a cambio. Porque un policía debe hacer lo correcto, e intentar salvar aquellas vidas lo era, aunque el precio fuese la vuestra propia. Y si había que morir, ¿podía ser de una forma mejor? Juntos, a otros compañeros hermanados por los brazos, simbolizando la unión hasta en el momento de caer, porque nunca dejamos solo a un compañero.

No puedo llorar más, porque más aun que la enorme tristeza por perderos, pero me alienta la inmensa alegría por la tremenda lección de sacrificio, profesionalidad y humanidad que nos habéis dado. ¡Gracias! Por enaltecer el nombre y la imagen de esta profesión, ¡GRACIAS! POR SER MIS COMPAÑEROS, y porque vuestro ejemplo, memoria y espíritu perdurará en tantos otros compañeros que velaremos por cualquier ciudadano y los suyos, aunque nos vilipendien, critiquen o nos miren mal.

Esperadme en el cielo, a mí y a todos los compañeros que un día nos reuniremos otra vez, algunos lamentablemente como vosotros, antes del día natural que por ley de vida corresponda, y Dios quiera que sea que dando la vida por los demás, para estar a vuestra altura.

Vaya para vosotros y vuestras familias mi abrazo y mi orgullo por contar con gente como vosotros entre mis COMPAÑEROS”.

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