Natcha Plainche shot by Mads Bjørkli
photo_camera Una mujer con tatuajes.

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Hay dos mujeres tatuadas por cada hombre tatuado

La industria del tatuaje sigue estando dominada por hombres

Según un estudio realizado en Estados Unidos por el Journal of Economic Behavior and Organization en 2019, hay dos mujeres tatuadas por cada hombre tatuado (un 39% de mujeres frente a un 21% de hombres).

Un año antes, en el 2018, la consultora alemana Dalia Research realizó una encuesta en 18 países (entre los cuales se encontraba España) cuyo objetivo era saber la situación actual de los tatuajes en el mundo. El resultado: un 38% de la población total tenía al menos un tatuaje en su cuerpo.

Los tatuajes entre el grupo masculino suelen ser mucho más notables y visibles que entre el femenino. Ellas sin embargo prefieren por lo general los diseños más íntimos, minimalistas y de tamaño más pequeño. Además, en los últimos años, la edad de las personas que se tatúan ha evolucionado enormemente y ha pasado de la franja adolescente a estar entre los 29 y 49 años.

A pesar de estos datos, la industria del tatuaje sigue estando dominada por hombres. En 2017, tan solo una de cada seis tatuadores era mujer. Y, a pesar de que la industria evoluciona rápido en cuanto al panorama laboral que había hace unos años, el mundo del tatuaje sigue liderado por ellos.

Hablamos con David Barroso, fundador de Musotoku, una empresa de Alcalá de Henares que diseña y fabrica máquinas para tatuadores. Le preguntamos si hay alguna razón por la cual hay menos mujeres trabajando como artistas en la industria del tatuaje. “Históricamente los primeros tatuajes los hacían los chamanes de las tribus. Más tarde, en los años 60, era algo que quedaba relegado a los marineros y también al ámbito del hampa, donde el hombre era el protagonista. Y más tarde llegó el Rock&Roll, que era otra industria dominada por el hombre, por eso creo que han predominado los hombres entre los tatuadores. Pero esto ha cambiado mucho, desde hace unos 20 años la gente que se tatúa es más joven y en consecuencia el perfil del tatuador también ha evolucionado. Ahora es muy habitual que el tatuador o tatuadora sea un diseñador o gráfico o incluso un licenciado en Bellas Artes. Es una industria que se ha profesionalizado a una velocidad muy rápida por la gran demanda que hay”, nos cuenta David.

Esta descompensación nos lleva a preguntarnos si las mujeres que se tatúan prefieren también que sea una mujer la que les tatúe.

“En Estados Unidos hay algunos estudios que son solo para mujeres y la verdad es que sé que están funcionando muy bien. Pero, en mi experiencia, he visto que las mujeres no tienen especial preferencia porque sea también una mujer quien las tatúa; más bien se guían por el prestigio del tatuador o tatuadora y el estilo que tienen”.

Pero, ¿cómo se vive la situación desde el lado de las tatuadoras? En los últimos años, numerosas mujeres que forman parte de la industria se han pronunciado sobre este tema. La mayoría de ellas coinciden en una cosa: a pesar de ser una industria en la que predominan los hombres, los prejuicios en cuanto a género quedan totalmente a un lado, o al menos en la mayoría de los casos. Un ejemplo de ello es Mina Aoki, una tatuadora que entró en el sector dedicándose a tareas administrativas y que pensaba que por ser mujer no sería respetada y jamás podría dedicarse a ello. Hacía diseños en papel en sus ratos libres con la esperanza de que se fijasen en ella. “La gente del estudio se hizo a la idea de que aprendería a tatuar. Me trataron como su igual y constantemente me impulsaban a ser mejor artista”.

Aunque no todos los casos son iguales. Tatuadoras como Sarah Carter o Rose Whittaker han vivido experiencias negativas. “Me encontré con tatuadores más primitivos, que tenían una actitud muy diferente hacia las tatuadoras”, cuenta Sarah. El caso de Rose fue un poco diferente. “El segundo estudio en el que trabajé no era mucho mejor que el primero. Me exigieron 3000 libras por adelantado para el equipo”. Pero confiesa “He trabajado en muchos estudios de tatuaje donde he sido la única mujer, y de ninguna manera me sentí intimidada”.

A pesar de estas experiencias, por lo general coinciden en que no es una industria en la que haya más diferencias que en otras. “Creo que definitivamente siempre habrá diferencias entre los géneros en un lugar de trabajo, y el tatuaje no es la excepción. Las mujeres simplemente han diversificado las cosas”, afirma Sarah Carter. Están cambiando las ideas con respecto a quién puede ser tatuador y a qué clase de personas se tatúan.
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