Baja la demanda de hielo en bares y restaurantes para reducir gastos
Los hosteleros se ven obligados a abrir menos días a la semana por falta de liquidez y de personal
El verano comenzó con fuerza para el sector del hielo. Julio arrancó con temperaturas extremas y un consumo disparado, pero el impulso duró poco. A finales de mes, el descenso del termómetro calmó la demanda y las ventas empezaron a caer, especialmente en hostelería y supermercados.
- El hielo, termómetro de la economía familiar
- Menos días abiertos por falta de personal
- Producción limitada y camiones parados
- Absentismo y bajas laborales
- Diferencias entre costa e interior
El hielo, termómetro de la economía familiar
Los fabricantes detectan rápido cualquier cambio en el consumo. El hielo es un termómetro de la economía familiar: cuando hay menos dinero para gastar fuera de casa, los pedidos se resienten.
“Los mismos clientes de otros años están comprando menos”, explica a Confidencial Digital Manuel Bustos, presidente de la Asociación de Fabricantes de Hielos Alimenticios de España.
“El hielo es muy sensible a las pequeñas crisis de consumo: cuando baja el gasto familiar, lo notamos enseguida”.
Menos días abiertos por falta de personal
La menor demanda coincide con un escenario de contención en bares y restaurantes, que buscan reducir costes para sobrevivir. A la falta de liquidez se suma la escasez de personal, un problema que Bustos califica de “gravísimo” para un país de servicios.
Muchos negocios, incluso en plena temporada alta, han optado por abrir menos días a la semana ante la imposibilidad de encontrar trabajadores. En zonas como Málaga, hay chiringuitos que solo funcionan un par de jornadas, y otros que ni siquiera han llegado a abrir este verano.
Producción limitada y camiones parados
Esta carencia también golpea a los fabricantes de hielo, cuya actividad depende de unos pocos meses al año. Si en ese periodo no hay suficiente personal para producir y repartir, es imposible cubrir el resto de la temporada.
En algunos casos, parte de la flota de camiones permanece parada por falta de conductores.
Absentismo y bajas laborales
El absentismo y las bajas laborales prolongadas agravan la situación. “No me importa que un trabajador cobre un buen sueldo, al contrario: es necesario para que haya consumo. El problema es que las bajas y la falta de compromiso están lastrando la economía, sobre todo de las pequeñas y medianas empresas”, señala Bustos.
Entre el 10 y el 15 de julio de este año hubo episodios de escasez, aunque sin llegar a la magnitud del verano pasado. Pese a ello, la demanda no se mantuvo tan alta.
La hostelería ha reducido pedidos y, según comentan los fabricantes, incluso ha ajustado las raciones: hay locales que ahora sirven las bebidas con menos cubitos para ahorrar.
A la contención se suma la presión de las grandes cadenas de distribución. El precio medio de un saco en supermercados ronda los cuatro euros, IVA incluido, una cifra que, ajustada a pesetas, es inferior a la de hace 30 años.
El margen para el productor es mínimo y los precios, fijados por las grandes superficies, apenas han variado en los últimos ejercicios.
“Mientras no haya una reestructuración del sector, seguiremos igual”, advierte el presidente de la asociación.
Diferencias entre costa e interior
El consumo varía según la ubicación. En las zonas costeras, el turismo multiplica por siete u ocho las ventas estivales, ya que los visitantes pasan la mayor parte del día en la playa y dependen más del hielo en hostelería y supermercados.
En Madrid, en cambio, el consumo crece en verano, pero de forma más moderada: un camión que en invierno vende una determinada cantidad, en julio y agosto pasa a vender tres o tres veces y media, porque buena parte de la población abandona la ciudad.
Para Bustos, la raíz de muchos de estos problemas está en el mercado laboral. Explica que cada vez es más difícil encontrar personal dispuesto a trabajar durante la temporada alta, que exige disponibilidad de lunes a domingo.
Cuando se incorpora un empleado, no es raro que en poco tiempo coja una baja o reduzca su rendimiento, lo que impacta en la productividad y en la capacidad de respuesta a la demanda.