Lo que revela un psicólogo tras casi un millón de visitas hablando de ansiedad y pastillas

Los ansiolíticos como el Lorazepam y el Alprazolam son ampliamente utilizados para calmar crisis de ansiedad. Sin embargo, su uso frecuente puede estar ocultando una realidad más profunda.

El psicólogo clínico Fernando Azor advierte sobre los riesgos de depender de estos fármacos sin abordar el verdadero origen del malestar. Su mensaje, viral en TikTok, ya supera el millón de visualizaciones.

Pastillas, píldoras, probióticos, suplementos, fármacos. (Foto: AJT)
Ansiedad: la trampa silenciosa de los ansiolíticos

Una sensación intensa que el cuerpo no entiende como amenaza

Cuando la ansiedad se manifiesta, el cuerpo responde como si se enfrentara a una amenaza inminente. Palpitaciones, visión borrosa, tensión muscular o nerviosismo son respuestas naturales que, en muchos casos, interpretamos erróneamente como sintomas peligrosos.

Fernando Azor, psicólogo clínico, destaca que el principal error está en asociar estas sensaciones físicas con algo negativo que debe eliminarse de inmediato. "Sentir angustia es como tener hambre", afirma. Ambos son mecanismos de alerta del organismo, y aprender a tolerarlos es clave para una buena gestión emocional.

El problema de la evitación farmacológica

Los medicamentos como el Lorazepam o el Alprazolam reducen eficazmente los niveles de alerta y preocupación. Pero, como explica Azor, esta solución rápida puede reforzar la idea de que esas sensaciones son inaceptables, generando dependencia emocional y física.

Al recurrir al fármaco cada vez que aparece el malestar, se interrumpe el proceso natural de aprendizaje emocional. En lugar de enfrentarse al síntoma y comprender su origen, la persona evita la experiencia, dificultando la adquisición de herramientas para el manejo autónomo de la ansiedad.

Psicoterapia: la vía para recuperar el control

Frente a la medicación sistemática, Azor propone un enfoque terapéutico. Mediante la psicoterapia, explica, es posible entrenar a la persona para que desarrolle tolerancia ante las sensaciones incómodas. Esto no significa eliminar la ansiedad, sino aprender a convivir con ella sin miedo.

"Cuando alguien vive una experiencia que demuestra que puede tolerar esa angustia, ya no necesita reducirla tan rápidamente", explica. Esta vivencia cambia la percepción: la ansiedad deja de ser una amenaza para convertirse en una señal comprensible y manejable.

Comprender el origen, no silenciar el síntoma

El mensaje de Azor, lejos de condenar los ansiolíticos, promueve un uso consciente y responsable. Los fármacos pueden ser útiles en momentos puntuales, pero no deben sustituir el trabajo interior necesario para prevenir futuras crisis.

Identificar qué desencadenó esa ansiedad es el primer paso. Puede tratarse de un conflicto emocional, una situación no resuelta o una carga psicológica mal gestionada. Sin esa introspección, la ansiedad tiende a repetirse y cronificarse.

Un enfoque más humano y menos medicalizado

Este enfoque invita a mirar la ansiedad desde una perspectiva más amplia, integrando cuerpo y mente. El objetivo no es eliminar los síntomas a toda costa, sino entenderlos como un lenguaje del cuerpo que merece ser escuchado.

Tal como señala Azor, aceptar que estas sensaciones forman parte de la experiencia humana permite a la persona reconectarse consigo misma y recuperar el control de su bienestar emocional. Una alternativa que va más allá de la pastilla y que apuesta por el autoconocimiento como herramienta terapéutica.

Para conocer más sobre el uso responsable de fármacos, puedes consultar la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios.

metricool