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José Apezarena
José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Pedro Sánchez el rencoroso

A Pedro Sánchez la va bien. Bien como político. Al menos hasta el momento. Se ha hecho con el control del PSOE y está imponiendo en el partido un profundo cambio de procedimientos, que por lo visto le beneficia directamente.

Su última victoria ha sido que el sistema de toma de decisiones, en los grandes asuntos, pasen por la militancia, por las bases, esas que le dieron la victoria en las primarias frente a la candidata del aparato y de los viejos dirigentes, o sea, sobre Susana Díaz.

Para blindarse un poco más, y que no le ocurra lo que pasó en aquel dramático Comité Federal de octubre, cuando tuvo que dimitir, ha otorgado el poder, no a los órganos del partido sino, como digo, a las bases. Sus bases.

La va bien, a pesar de que le resulta complicado ganarse amplias adhesiones entre los cargos de su partido. Es hombre de camarillas cortas y fieles, a las que cuida y que le cuidan, pero le cuesta hacerse querer fuera de esa limitada corte.

Tiene que ver con el talante, con la capacidad de empatía, con la falta de flexibilidad, con la escasa voluntad de escuchar en lugar de imponer.

Una de las condiciones personales del líder del PSOE es la dureza con que trata a quienes no le han secundado, a los que no son los suyos, a los que estuvieron en otro bando. Una contundencia que se sale de lo normal.

Que se lo pregunten a toda una generación de jóvenes dirigentes, con Eduardo Madina a la cabeza, que van a quedar desaprovechados.

Salvo alguna excepción, como tal vez ocurre con Patxi López, y también con Pepe Blanco, al que en Ferraz están “recuperando” (no desconocen que el gallego mantiene un altísimo conocimiento de las entretelas del partido y con ello buenas relaciones por todas partes), Pedro Sánchez no es amigo de repartir perdones. Al contrario, se aplica con cierta fruición a la venganza. Le puede el rencor.

Acaba de ocurrir con Elena Valenciano, a la que ha vetado para que sea líder de los socialistas en el Parlamento Europeo. Además de falta de generosidad, una enorme miopía. Ya se sabe: al enemigo, ni agua.

Es la misma falta de amplitud de miras y de grandeza que ha mostrado con su oposición a la candidatura de Luis de Guindos al Banco Central Europeo.

Pero, como digo, al rencoroso Pedro Sánchez le va bien.

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En Twitter @JoseApezarena

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