La cloaca y la náusea
Cuando uno entra en una cloaca, lo primero que sufre es náusea.
Explican los diccionarios que la náusea es una sensación que anuncia la proximidad del vómito, y esfuerzos que acompañan a la necesidad de vomitar. Se presenta como una situación de malestar en la parte superior del estómago y en ocasiones con una sensación desagradable en la garganta, obligando al paciente a expulsar emesis que frecuentemente no se da.
Arcadas, ganas de vomitar, provoca el lodazal en que se ha convertido un partido histórico, el PSOE, que había gobernado durante veinte años y que lleva siete al frente del país, de la mano de un Pedro Sánchez que escaló a Moncloa mediante una moción de censura centrada en luchar contra la corrupción. ¡Qué paradoja!
¿Qué estamos viendo desde entonces?
Que deciden el futuro de nuestro país partidos que se proponen romperlo: nacionalistas e independentistas catalanes, vascos y hasta gallegos.
Que los protagonistas de un intento de golpe de Estado salen a la calle, son indultados y amnistiados.
Que se maneja el dinero de todos, el Presupuesto, como si fuera propiedad del partido, para pagar las contrapartidas a quienes sostienen la mayoría parlamentaria.
Que se incumple la Constitución, omitiendo impunemente el mandato de presentar en el Congreso los Presupuestos del Estado.
Que se entrega a Marruecos sin más, sin consultar a nadie, sin informar a nadie el Sáhara Occidental, un territorio que estaba encomendado a España.
Que se aprueban créditos, ayudas y subvenciones de todo tipo a Marruecos.
Que, desde ámbitos gubernamentales, se montan campañas para desprestigiar a la Justicia con indiscriminadas acusaciones de lawfare.
Que en lugar de asumir fallos, errores e incapacidad para gestionar, tratan de engañar a los ciudadanos: cuando se produce un apagón general en el país, apuntan a ciberataques y, cuando la red ferroviaria se colapsa totalmente, hablan de conspiración
Que aprueban una ley de publicidad institucional para dirigir la publicidad del Estado a los medios amigos.
Que se coloca al frente de instituciones, organismos y empresas estatales a militantes socialistas muchos de ellos sin cualificación. Y lo mismo en los medios de comunicación públicos.
Que gobiernos socialistas utilizaron la Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo, la Faffe, para colocar a familiares y allegados de dirigentes del partido, incluidas las mujeres de Juan Espadas y del anterior secretario del PSOE andaluz.
Que la mujer del presidente del Gobierno, su hermano, el fiscal general del Estado, el ex número dos del PSOE están siendo investigados judicialmente.
Que se ofrece a empresarios el buen trato de la Fiscalía si facilitan datos para desacreditar a la UCO, la unidad de la Guardia Civil que realiza esas investigaciones.
Que un miembro de las cloacas del PSOE afirma que detrás están Pedro Sánchez y Santos Cerdán. Y, mientras, ministros y altos cargos socialistas dicen que Cerdán “es un buen tipo”.
Que un dirigente local aparca a una diputada y retira a los cuatro candidatos siguientes para colocarse él como diputado regional y convertirse en aforado, con el respaldo de la dirección nacional.
Que Televisión Española, las terminales mediáticas del PSOE, tres ministros y la propia web del partido difunden la fake de que se planeaba poner una bomba lapa a Pedro Sánchez.
Cuentan militantes veteranos que “una zozobra creciente invade a la militancia socialista". “Yo que el Presidente Sánchez -escribe Javier Lambán- acabaría con esta agonía”.
Ocho de cada diez votantes del PSOE piden dimisiones por los escándalos, según una encuesta de GAD3 para ABC.
Y es que esta descomposición progresiva la va a pagar el PSOE como partido. En algunos casos, la ha protagonizado, pero en el resto lo ha tolerado en silencio. Cómplices, por tanto.
El PSOE ha permitido que tome el poder un personaje sin principios, capaz de esconder las urnas en la propia sede de Ferraz para manipular una votación, que, en contra de lo prometido, se alíe con etarras e independentistas, y que hasta tenga el desparpajo de anunciar su propósito de gobernar sin el Parlamento.
Lo dicho: la cloaca... y la náusea.
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