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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Por qué olvidamos a los héroes españoles

España es un país que demuestra muy poca memoria. Al menos la España actual, la que hoy vivimos. No somos capaces de recordar y valorar nuestra historia, que, reconozcámoslo, es imponente. Y olvidamos con toda facilidad a tantos personajes destacados, que en otras naciones serían leyenda.

Los españoles no estamos orgullosos de nuestro pasado, que en general ignoramos, a pesar de haber sido una de las más grandes naciones de la historia. Resulta paradigmático, por ejemplo, la indiferencia y el desconocimiento sobre una gesta espectacular como fue la aventura descubridora y colonizadora en América.

Y los héroes españoles, que han existido en prácticamente todas las épocas, son unos grandes olvidados. De alguno se recuerda apenas el nombre y poco más, de otros muchos hasta su existencia se desconoce.

Por aventurar una hipótesis explicativa de esas carencias, quizá haya ocurrido que el enorme trauma de la guerra civil, que en verdad fue una enormidad, forzó a las generaciones siguientes a un esfuerzo de olvido que, de rebote, ha incluido también todos los anteriores siglos. Y que fuera entonces cuando se abrió el gran paréntesis que hoy seguimos sin cerrar.

Algunas lagunas empiezan a llenarse, como es el caso del 'redescubrimiento' de Blas de Lezo, el héroe de la defensa de Cartagena de Indias, cuya existencia empieza a conocerse. Hubo una buena exposición en el Museo Naval, se ha colocado una estatua en Madrid...

Otro caso parecido, de héroe olvidado, es el de Bernardo de Gálvez, quien fuera virrey Luisiana y que intervino de forma decisiva en la batalla de Pensacola, clave para la independencia de Estados Unidos frente a los ingleses.

Como ya hemos recordado en estas páginas, Bernardo de Gálvez, único español cuyo nombre figura en el Senado norteamericano, recibió en enero el título de ciudadano de honor de Estados Unidos, una distinción que solamente han merecido siete personas, entre ellas Winston Churchill y la madre Teresa de Calcuta.

La de Pensacola fue una batalla crucial para la independencia de Estados Unidos. La hazaña de Gálvez fue entrar con cuatro navíos en una bahía llena de barcos británicos, operación que capitaneó al grito de "El que tenga honor y valor, que me siga".

Como reconocimiento, el Gobierno norteamericano prometió entonces que colocaría un cuadro suyo en el Capitolio, promesa que quedó olvidada hasta que, recientemente, se han encontrado los documentos que lo acreditan. Ante lo cual su imagen cuelga ya en la cámara, aunque sea con 231 años de retraso.

 

En Estados Unidos lo recuerdan más que en España.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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