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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Parece que Pablo Iglesias no es tan listo

Pablo Iglesias e Irene Montero
photo_camera Pablo Iglesias e Irene Montero

Pablo Iglesias irrumpió en la vida nacional con el marchamo de profesor de política, y por tanto como especialista y experto en conducir, dirigir, organizar y conseguir objetivos políticos. Hasta escribió algunos trabajos de asesoramiento ‘internacional’, que cobró por supuesto.

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Los PGE incluyen una inversión pública social histórica de 239.765 millones.

Pero se trataba de informes teóricos, sacados de los libros, ya que en el terreno práctico su experiencia y rodaje se limitaba a reuniones y asambleas de facultad y a movidas estudiantiles. Incluido el boicot a Rosa Díez cuando iba a pronunciar una conferencia Después, se centró en organizar algaradas en las calles aprovechando el malestar general que culminó en el 15 M.

Gracias a ello, creó un partido, con el que consiguió representación en el Parlamento Europeo y en las Cortes, y finalmente ha llegado a vicepresidente del Gobierno. No está tan mal.

Sin embargo, a la vista de acontecimientos posteriores, y de cómo le van las cosas en estos momentos, parece que el hoy todavía vicepresidente segundo no es tan listo como lo habían presentado. Los hechos al menos hablan en otra dirección.

Atrás parecen haber quedado las sospechas sobre financiación de Podemos vinculada a países como Venezuela o Irán, pero la situación de Pablo Iglesias empieza a ser bastante negra.

Como líder del partido, por un motivo o por otro, al final se ha quedado sin nadie valioso a su lado, salvo la compañía discutible de Pablo Echenique.

Se ha apoderado de la marca, por supuesto, pero no tiene cuadros, y se duda de que le queden muchos votantes. Le han abandonado las mareas, se le ha escapado Andalucía, y las encuestas electorales no le son nada favorables en este momento.

En el terreno personal, la decisión de comprar un súper chalet en Galapagar, después de haber prometido en el pasado que él viviría toda su vida en Vallecas, constituye una de las más profundas incógnitas. ¿En qué pensó, cuando rompió el compromiso de seguir residiendo en su barrio… y para marchar a una mansión semejante?

Como vicepresidente segundo, su actuación en el terreno de lo social, que es su parcela específica, arroja un balance de cero puntos. Cuando no algunos puntos negativos, por ejemplo en lo relativo a las residencias de mayores, que caían bajo su jurisdicción y que durante la pandemia ni las pisó ni quiso saber nada de ellas.

Como socio de Gobierno, tiene en contra a todos los ministros socialistas, que ven en él un competidor que está haciéndoles la guerra desde dentro.

Y ahora ha estallado lo del teléfono de Dina Bousselham, que no se sabe si es una comedia, una tragedia o simplemente un vodevil. Con el añadido de una extrañas filtraciones de información.

Cuando saltó el caso Villarejo, Pablo Iglesias vio la oportunidad de ubicarse en el terreno de las víctimas, y denunció que él y su partido habían sido perseguidos por “las cloacas del Estado”. Un título que viste mucho en quien busca presumir de ser un extra sistema.

Claro que, como ha afirmado Vicente Vallés, “no serían tan graves las cloacas si no consiguieron que Podemos no estuviera en el Gobierno y que Pablo Iglesias no fuera vicepresidente".

Y, en busca del récord de equivocaciones, Pablo Iglesias, entrevistado en Radio Nacional, ha respondido calificando el presentador de Antena 3 de “presunto periodista”.

Pablo Iglesias no ha explicado por qué se quedó durante meses con el teléfono de su ex colaboradora, y por qué la tarjeta que finalmente entregó había sido dañada, de forma que era imposible acceder a sus contenidos.

Y por ello está al borde de ser acusado en firme por el juez García Castellón de delitos informáticos.

Podía haberse callado y no mezclarse con el asunto Villarejo, pero no: él solo se ha metido en la trampa. Hasta los abogados de Podemos están perplejos.

En fin que no parece tan listo como decían.

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