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Pedro Sánchez tiene a mano una oportunidad imponente: dimitir

Manuel Chaves y José Antonio Griñán.
photo_camera Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

La semana que ahora comienza será escenario de un acontecimiento político de largo alcance: se va a conocer la sentencia de los ERE de Andalucía. Se trata de la primera de las 187 piezas que componen esa macro causa.

Los 21 implicados en dicho sumario han sido citados para mañana, martes, en la Sección Primera de la Audiencia de Sevilla, para escuchar el fallo. Allí estarán, por supuesto, los ex presidentes de la Junta de Andalucía Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

Dos personajes que, además del importante cargo autonómico que han ocupado, reúnen también una condición singular: fueron presidentes del PSOE. Chaves doce años, desde el 2000 al 2012, Griñán dos años, del 2012 al 2014.

La Fiscalía pidió, en su escrito de conclusiones definitivas, penas de entre seis y ocho años de prisión para 15 de los acusados, por prevaricación y malversación, entre ellos el ex presidente José Antonio Griñán, que se enfrenta a seis años de cárcel. Y solicitó pena de diez años de inhabilitación por un delito de prevaricación para el ex presidente Manuel Chaves y otros seis ex altos cargos: Gaspar Zarrías, la ex ministra Magdalena Álvarez, José Salgueiro, Francisco Del Río y Antonio Vicente Lozano.

Chaves y Griñán tienen, además, otros asuntos pendientes en los tribunales.

Si la sentencia de los ERE's condena a esos cargos socialistas, pero sobre todo a quienes fueron presidentes del PSOE, Pedro Sánchez se encontrará en la misma situación, o incluso peor, que la que él adjudicó a Mariano Rajoy para justificar la moción de censura que lo expulsó de La Moncloa, después de ‘convencer’ a Podemos y los partidos nacionalistas.

La palanca para derrocar a Rajoy fue una sentencia sobre la Gürtel que condenó al PP como responsable a título lucrativo, promovida por el magistrado José Ricardo de Prada, a quien la Audiencia Nacional ha apartado ahora de otros sumarios semejantes por falta de imparcialidad.

Si un presidente del PSOE, o los dos, es condenado por prevaricación o malversación, Pedro Sánchez va a tener una oportunidad histórica: renunciar a la presidencia del Gobierno, en aras de los grandes principios de honradez y probidad que le llevaron a desbancar a Mariano Rajoy, y que le colocaron a él en La Moncloa.

Si no lo hiciera, y para ser consecuentes, los partidos que se coaligaron en la moción de censura tendrían que plantearla ahora contra el actual presidente en funciones. Eso se llama coherencia política.

¿Lo va a hacer Pedro Sánchez, va a dimitir? Me parece que no.

¿Y los otros partidos, pondrán en marcha una moción de censura? Me parece que tampoco. Como diría aquel, me apuesto pincho de tortilla y caña.

Y el Podemos justiciero y denunciador, adalid de la limpieza democrática, que sacó a la calle su famoso “Tramabús” con las fotografías de los que consideraba corruptos, si hay condena ¿renunciara a formar Gobierno con el candidato de un partido contaminado por la sentencia del ERE? No lo creo. Mantengo lo del pincho de tortilla y caña.

Todo lo cual me parece bastante descorazonador. Como diría alguno, esto es política. Y yo añado, política de la mala. De la peor.

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En Twitter @JoseApezarena

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