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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Sánchez contra la Iglesia

Félix Bolaños, Pedro Sánchez, Juan José Omella y Luis Argüello (Foto: Foto: Pool Moncloa/ Fernando Calvo).
photo_camera Félix Bolaños, Pedro Sánchez, Juan José Omella y Luis Argüello (Foto: Foto: Pool Moncloa/ Fernando Calvo).

Hace unos días, califiqué de ‘despiadados’ a Pedro Sánchez, al ministro de Exteriores, José Manuel Albares, y a Isabel Celáa, ahora nombrada embajadora de España ante la Santa Sede.

Lo hice a propósito de la ofensiva que se está dando en Roma, por parte del Gobierno, para hacerse con el apetitoso bocado inmobiliario de la Obra Pía de España, explicando que ese es el gran objetivo de este Gobierno, aunque sin olvidar otras cuestiones en liza.

Porque, en efecto, Pedro Sánchez y su equipo de asesores tienen abiertos unos cuantos frentes en los que el objetivo es la Iglesia. Uno, el intento de hacerse con las catedrales, Otro, más recientemente, la polémica de las inmatriculaciones, cuando lanzó el escandaloso mensaje de que la Iglesia “devolvía” casi un millar de bienes que no eran suyos.

Sin embargo, la ofensiva más espectacular, más mediática, se está dando ahora, a propósito de la creación de una comisión parlamentaria para investigar los abusos “en la Iglesia”. No en otros sectores, en otros ámbitos: en la Iglesia.

Que Pedro Sánchez se encuentra detrás de todo esto constituye una evidencia, por lo mismo que nada se mueve en el Gobierno, ni en el partido, en Ferraz, sin que él lo promueva, o al menos lo tolere.

¿Y por qué se ha metido ahora el presidente del Gobierno en el berenjenal de ir contra la Iglesia por tierra, mar y aire? Quizá está pagando precios ocultos (en este caso baratos, porque no le cuestan dinero) a socios. Como es el caso de Podemos, o como son los partidos de izquierda radical que sostienen la coalición de Gobierno.

Al no poder complacerles en otros campos, por ejemplo con una reforma laboral ‘de verdad’, que es lo que reclama la izquierda extrema, o en su caso no poder otorgar más concesiones a los independentistas, la guerra contra la Iglesia puede servir de consuelo a unos, a otros, o a ambos.

Por si faltara algo, la mismísima Fiscalía del Estado ha mediado, anunciando que ha solicitado a los fiscales superiores en las Comunidades Autónomas que informen de todas las investigaciones sobre abusos contra menores.

Un gesto muy oportuno, pero como bien dijo el propio Sánchez, “ya se sabe de quién depende la Fiscalía”. Del Gobierno.  

 

Pero no debería descartarse, a la hora de articular la ofensiva, la influencia directa de su ahora primer hombre de confianza, Félix Bolaños, que por tradición y ejecutoria, y por amistades, esconde unos postulados ideológicos que chocan con la Iglesia, a la que, por lo visto, desearían aplastar.

Lo mismo ocurre, por cierto, con el flamante ministro de Exteriores, José Manuel Albares, que se cuenta que transita por parecidos parajes ideológicos, donde tendrían al mundo eclesiástico como enemigo directo.

Pero Sánchez no solamente está tolerando. Se ha implicado en persona, con el gesto, que protagonizará hoy mismo, de reunirse con las víctimas de abusos. De abusos en el ámbito de la Iglesia, no en los demás, incluidos algunos gobiernos autonómicos amigos. Abusos en otros ámbitos, por cierto, que son los más numerosos y habituales.

Y todo esto se desata y escenifica a pesar de haber protagonizado el espectacular gesto de acudir en persona a la sede de la Conferencia Episcopal para entrevistarse con su presidente, el cardenal de Barcelona, Juan José Omella. ¿En qué quedamos?

Está previsto que Pedro Sánchez, después de reunirse con las víctimas, haga público cuáles serán las medidas que el Gobierno va a tomar en relación con la recuperación moral de las víctimas de la pederastia.

La noticia se produce en el día en que, tal y como estaba previsto, la Mesa del Congreso ha admitido a trámite la petición de creación de una comisión de investigación. Pasará a la Junta de Portavoces para que se discuta y decida en qué pleno se votará su creación o rechazo.

En las alegaciones que el PP presentó, solicitó que “toda las iniciativas que tengan por objeto investigar cualquier forma de abuso a menores debe abarcar a todos y por tanto no debe encontrar limitaciones a la hora de determinar los causantes de dichas agresiones, vicio del que adolece la propuesta planteada”.

No se va a hacer. Solo la Iglesia. A pesar de los datos que ofrece hoy  José Francisco Serrano en su columna de Religión Confidencial.

Cuenta que Save the Children publicó en noviembre de 2021 el informe titulado “Los abusos sexuales hacia la infancia en España”. Se analizaron 432 casos, 394 sentencias judiciales de casos de abusos cometidos entre 2019 y 2020, y esos son las conclusiones.

Entre un 10 y un 20 % de la población en España ha sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia.

Según el análisis de sentencias, un 44,7 % de los abusos se producen entre los 13 y los 16 años, aunque la edad media en la que los niños y las niñas comienzan a sufrirlos es a los 11 años y medio.

En el 78,9 % de los casos analizados las víctimas son niñas y adolescentes.

Respecto a los espacios en los que se cometen los abusos, destaca el entorno familiar con casi la mitad (49,5 %).

Los  perfiles  de  abusador  más frecuentes son: el padre (24,9 % del total del entorno familiar y 12,3 % del total), otro familiar no identificado (19,7 del entorno familiar y 9,7 % del total), la pareja de la madre (18,8 % y 9,3 %), el abuelo (12,2 % y 6 %) y el tío (6,6 % dentro del entorno familiar y 3,2 % sobre el total).

Fuera del entorno familiar (el 34,5 % de casos), destacan: 9,7 % amistades o compañeros de la víctima (19,8 % del total de los casos del entorno ajeno a la familia), en un 8,6 % de los casos son conocidos de la familia (17,5 % del total del entorno ajeno), y educadores con un 6% de los casos (12,3 % de dicho entorno fuera de la familia).

Me preguntaba qué razón podía estar detrás de la avalancha de iniciativas, mancomunadas, contra la Iglesia por parte de Pedro Sánchez.

Apunto una última posibilidad. Que, al comprobar que, una y otra vez, las encuestas insisten en que perderá el Gobierno en las próximas elecciones generales, el presidente, en un gesto casi de desesperación, haya decidido ir ‘a por todas’ contra la Iglesia, con el objetivo de intentar ganar una porción de votos que le salven de la derrota.

Podría ser.

Hizo algo semejante con Franco y la operación no le salió muy bien. Pero esto es otro cosa. Esto es caza mayor.

editor@elconfidencialdigital.com

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