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José Apezarena
José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Patxi López, no

Patxi López y Pedro Sánchez.
photo_camera Patxi López y Pedro Sánchez.

Patxi López presidirá el comité del Congreso para la Reconstrucción Social y Económica de España tras el Covid-19.

El papel de esa comisión es analizar las medidas a adoptar para la recuperación económica y social del país tras la debacle que está provocando la pandemia.

España va a salir destrozada de este periodo, necesitada de recoser todas las costuras. Van a hacer falta ideas, energías, decisiones, inteligencia, experiencia, tecnología, equipos… si queremos que el país salga adelante.

Pues, con todos los respetos, Patxi López no es la persona que pueda liderar un proceso así.

Malévolamente, de Rodolfo Martín Villa, que procedía del mundo sindical franquista y llegó a ser ministro, se dijo en su día que nunca se había bajado del coche oficial.

Aunque en otro sentido, algo semejante puede afirmarse de Patxi López, una persona sin carrera universitaria y que ha dedicado toda su vida profesional a la política, a la que llegó con 16 años. Un hombre de partido y ya está.

Nada que ver con la figura que han buscado en Italia para encabezar el equipo de reconstrucción, el ex consejero mundial de una tecnológica como Vodafone.

¿Por qué Pedro Sánchez ha optado por el político socialista vasco? ¿Por qué no hay en España ninguna persona con capacidades suficientes? Las hay. Incluso de sobra.

El presidente del Gobierno ha aplicado el mismo principio que ha marcado la elección de los llamados expertos de Moncloa para la crisis del coronavirus: gente ideológicamente próxima. Y ya está.

En lugar de lanzar una convocatoria nacional para reclutar a los mejores del país, a los que sí serían capaces de arreglarlo a pesar del destrozo de la pandemia, ha buscado gente dócil, amiga, fiable. Y hasta de segundo nivel, no vaya a ser que alguno destaque y le pueda disputar el primer puesto.

A lo que se añade, por su parte, esa extraña animadversión de algunas personas de la izquierda a la iniciativa privada, que, por cierto, es la que nos ha colocado a la economía española en los actuales niveles de desarrollo y prosperidad.

Si algo así es lo que ha sucedido con la nominación del “reconstructor”, no hay palabras en el vocabulario para calificar tal comportamiento por parte de quien lo ha decidido. El destino de un país, de sus habitantes, a merced de una ambición personal. El concepto de patriotismo anda por los suelos.

Pienso que esta vez Patxi López tenía que haber dicho que no. Le han hecho no pocos encargos a lo largo de su vida, y los ha desempeñado como ha podido, pero nunca con demasiada brillantez, dicho sea con respeto hacia él. Ha demostrado docilidad, entrega al partido, fidelidad a las siglas y al líder. Pero con eso no vamos a reconstruir el país.

Esa tarea le sobrepasa por todos los lados. El desafío es demasiado importante. Lo que está en juego es el futuro de millones de ciudadanos.

Esta vez, Patxi López debió decir que no. Que no reúne las condiciones. Y que ama a su país.

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