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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Voy a hablar bien de un miembro de este Gobierno

Margarita Robles durante el discurso que pronunció en la morgue del Palacio de Hielo
photo_camera Margarita Robles durante el discurso que pronunció en la morgue del Palacio de Hielo

El título de este artículo es bastante claro. Voy a hablar bien de un miembro del Gobierno. De una “miembra”, que diría Irene Montero, porque es una ministra.

Me refiero a Margarita Robles.

Confieso que escribo estas líneas con cierta preocupación, porque a lo mejor le estoy haciendo un flaco favor a la ministra de Defensa, hablando bien de ella.

Ya se sabe que el elogiar a un político suele resultar casi siempre perjudicial para el afectado, porque se despiertan las envidias de sus iguales, y no pocas veces provocan recelo en los que se encuentran más arriba, temerosos de que alguien les quiera quitar el sitio.

Me viene a la cabeza una conocida canción de Julio Iglesias, que recomienda volar alto, que dice: “La gente tira a matar cuando volamos muy bajo”. En política, en efecto, la gente “tira a matar”.

A pesar de eso, voy, como digo, a hablar bien de la ministra de Defensa, Margarita Robles.

El motivo inmediato me lo proporcionan las palabras que pronunció en el acto de cierre de la morgue improvisada que se había instalado en el Palacio de Hielo. Una clausura, por cierto, que visualiza que la pandemia abandona sus picos más agresivos y empieza a retroceder lentamente.

El contenido de esa intervención, sobria y medida, con la ministra emocionada, institucional y a la vez cercana y humana, mostró a las víctimas del coronavirus la solidaridad y la compañía de todos, a la vez que proclamó el agradecimiento a los que están luchando a brazo partido contra la enfermedad.

Lloro cuando llegó a casa, porque esto es muy duro”, afirmó. Pido disculpas “porque hemos cometido errores”, dijo también.

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Su presencia en el acto, el reconocimiento a los protagonistas, la condolencia con los afectados, eran necesarios. Me parece que hacía falta un gesto así desde el Gobierno. Creo que es ya hora de solemnizar un poco las muestras de reconocimiento a unos y otros, desde las instituciones.

Esa actitud de Margarita Robles contrasta con la escasa empatía que viene mostrando su jefe de filas, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que parece que trata de esconder la tragedia y los muertos descartando cualquier signo de dolor o de luto, actitud a lo que son nos ajenas las corbatas de colores que luce en las ruedas de prensa.

En ese sentido, tuvo que ser el líder de la oposición, Pablo Casado, quien, en el Congreso de los Diputados, solicitara un recuerdo a las víctimas de coronavirus, un gesto que no fueron capaces de iniciar ni la titular de la Cámara, Meritxell Batet, ni el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Tal es a veces la miseria que se vive en ese mundo de la política, entendida en el peor sentido de la palabra.

Margarita Robles tiene fama de persona consecuente con lo que piensa. Es clara, e incluso tozuda. No se calla fácilmente, cuando considera que debe hablar.

Por eso, cuando lo ha visto necesario, ha sido capaz de contradecir la opinión del propio Pedro Sánchez. Formando parte del equipo de crisis, tuvo la valentía de llevarle la contraria cuando había decidido que las comunidades aprobaran cada una por su cuenta el final del confinamiento. Una opción peligrosa, que iba a provocar una carrera entre autonomías para ver cuál era la primera que lo anunciaba. Habló claro y consiguió que el presidente rectificara.

Robles acredita una trayectoria profesional sólida, como juez, como miembro del Consejo del Poder Judicial, y como política, cuando desempeñó la secretaría de Estado de Seguridad en el macroministerio que  dirigió Juan Alberto Belloch al unificar Interior y Justicia.

La lealtad a Pedro Sánchez es indiscutida, tras haberle acompañado en la travesía del desierto después de la expulsión de la secretaría general del PSOE. Una lealtad que mantiene. Y que descarta cualquier hipótesis de conspiración que pudieran suscitar estas cortas líneas de elogio. Lo digo por si acaso.

Como ministra, Robles está desarrollando en el ministerio una gestión seria a la vez que eficaz. La titular de Defensa ha conseguir ser bien valorada en los ejércitos, porque les escucha, se pone en su lugar, intenta favorecerles. Ha conseguido mejoras, contratos de material, les ha visitado allí donde trabajan, les ha respetado y honrado.

Dicen que ella se muestra sorprendida y encantada con los equipos humanos, de militares, que se está encontrando, por su cualificación y la eficacia de su trabajo.

Volviendo al discurso en el Palacio de Hielo, que un político, un miembro del Gobierno, tenga sentimientos, como ocurre en el caso de Margarita Robles, y que además sea capaz de expresarlos sin embozo, reconforta un poco. Reconcilia con la condición humana y con la condición de los políticos.

Bueno. Espero que estas líneas no le causen problemas a Margarita Robles. Que no "tiren a matar".

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