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Los funcionarios también pagan la crisis: Los trabajadores públicos nunca participaron de los beneficios de la sociedad, pero a la hora de apretarse el cinturón siempre alguien se acuerda de ellos

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Sin comerlo ni beberlo, ellos que no han cobrado nunca “stock options”, ni han participado de ningún tipo de burbuja, ni han sido obreros de la construcción, con chalé y coche alemán.

Es la última vuelta de tuerca en la tarea inexorable que nos viene impuesta, por la grave ¿crisis?, ahora les toca a los funcionarios públicos, congelación salarial, ¡para colmo!

Sabedor soy, de que los funcionarios en este país tienen mala prensa, siempre se dice ellos, que viven muy bien, que tienen el trabajo para toda la vida y que no “dan ni clavo”. Pero eso, si me permiten es un cliché, nada positivista, y malintencionado.

Para empezar, muchas de las cosas que pasan en este país, no se sabrían si no mediara algún funcionario que la delata, con lo cual la sociedad sabe, cuánto gana, tal político del congreso, o cuánto gana, un eurodiputado, sin incurrir por ello en revelación de secretos, dado que el sueldo de los políticos es público (aunque no notorio), sólo faltaría.

Los funcionarios en nuestro país, por ley, garantizan su independencia política, con lo cual no se deben al partido que gobierna, sino, al interés general, que es el mismo que el de la Administración, en cualquiera de sus estamentos.

Pero eso son cuestiones cuasi filosóficas sobre lo que son los funcionarios y lo que hacen, lo más importante, es el día a día, su trabajo, por el cual se canalizan las políticas de todo tipo, y se materializan cuando uno va a una ventanilla pública y solicita, y encuentra un funcionario, atento, profesional, y amable, que le indica lo que debe de hacer, los documentos que tiene que aportar, los plazos que tiene para ello, y los plazos también de posible resolución. Los funcionarios cumplen sus horarios, establecidos legalmente, y tienen sus derechos también establecidos legalmente (¡Sí!, tienen derecho a media horita de café, por supuesto). Ocurre que en la empresa privada, que también tienen ese derecho, si lo utilizas, no te renuevan el contrato, si estás embarazada, y tienes baja de alto riesgo, no te renuevan el contrato, si estás embarazada o en edad de estarlo, puede que tampoco te renueven el contrato. En la administración se cumple con la legislación laboral, bueno en este caso, con la de Función Pública.

Pero vayamos más allá aún. No hace mucho tiempo, había gente que te decía, que por lo que gana un funcionario, no se levantaba de la cama, gente que ganaba 3.000 euros al mes, y no todo en la nómina, gente que vivía las vacas gordas del ladrillo y las hipotecas, de las ventas a precios exagerados, todo el mundo vivía en el país de “Jauja”. Mientras los funcionarios de este país, y me retrocedo en el tiempo, pagaban los dispendios, cuando el 14-D, por ejemplo, pagaron los fastos del 92, con otra congelación salarial, tuvieron su congelación salarial cuando se ganó una sentencia en el Tribunal Supremo, que la estimaba, pero llegó el entonces Presidente del Gobierno, y haciendo uso de su potestades, la paralizó, en aras de no producir un quebranto en las arcas del Estado, y no recuerdo, pero creo que ha habido alguna posterior. Además, los funcionarios siempre han tenido su subida de sueldo acorde con el IPC, pero como quiera que este se predice todos los años, y se predice mal, dado que luego se produce la desviación en un punto por lo menos, si no más, los funcionarios en lo que va de Democracia llevan perdido en poder adquisitivo un 30% de su masa salarial.

Ellos no han participado de ninguna burbuja, ni tienen “stock options”, ni sus contratos están blindados económicamente, ellos trabajan por un sueldo, que en muchos casos si llega a 1000 euros.

Todo ellos depende también de la administración para la que se trabaja, porque por poner un ejemplo, un agente de policía estatal, cobra menos que un agente autonómico vasco o catalán, y por supuesto, menos que un agente de policía local en Madrid, pero eso es otra cuestión.

Lejanos y casi olvidados están los tiempos del fenómeno Yuppie, en el año 86, cuando se infló la antigua peseta, para no sé qué tema sobre convergencia, lejanas quedan las bragas de Loewe, y el papel del BOE, adquirido en Alemania, más caro del que se producía aquí en España, o los cruceros de un señor “rubio”, pagados con no se qué dinero, porque a él no le llegaba, así lo reconoció, los cruceros también en un barco antiguo, que tenía un nombre de ave rapaz y que era patrimonio del Estado, las vacaciones en los Faros de la costa, también patrimonio del Estado y mil lindezas del estilo. Todos esos dispendios fueron luego los que llevaron a su posterior periodo de “vacas flacas”, bueno, esos y otros, que la empresa privada y la banca tuvieron algo que ver, estoy seguro de ello. Hubo entonces políticos que se compraron casas muy grandes, con caseta de perro con calefacción, y se casaron a bombo y platillo con la “reina del baile”.

El caso es que cuando hay que repartir la tarta de los beneficios sociales, cuando el PIB, es descomunal, la riqueza generada abundante, todo el mundo dice lo mismo, (“para los funcionarios ni agua, que ya tienen el trabajo fijo, y son unos vagos”).

Luego podría diferenciarse dentro del funcionariado, también, pero eso también es otro tema, el cual pienso abordar en su momento.

La única empresa que a priori cumple meticulosamente la legislación en materia laboral (quizá meticulosamente sea mucho decir), pero por lo menos sus actos están presididos por el principio de legalidad, sea la Administración, cualquier Administración. Por eso es mí parecer que el funcionariado no gana más que nadie, no tiene mejor situación laboral que nadie, si su trabajo es para toda la vida, es por imperativo legal y la razón misma de la independencia a la que se debe su ejercicio profesional, en aras del interés general.

Que los funcionarios son generosos, con la sociedad, lo tienen demostrado de largo, pues cuando los demás miembros de la clase trabajadora tienen, en la mayoría de los casos clausulas de revisión salarial, en la función pública no la hay.

En las negociaciones de hace unos años, también se le impuso al funcionariado, por lo menos al Estatal, que parte de su subida salarial, fuera obligatoriamente para un plan de pensiones, ¡y va,… va!, otra cosa es cómo va el plan de pensiones.

Es por ello que creo, que los funcionarios estarán a las duras otra vez, con una posible subida del 1%, de su sueldo, esta vez, parece que ahora si ajustado a la realidad del IPC. Lo que debe plantearse para el futuro, son otras cuestiones, como la de tener ese menosprecio, por el trabajador de la función pública, yo veo en bares por la mañana tanto a funcionarios en sus 20 minutos de café, como a operarios de empresas particulares, incluso el hombre de la cerveza también se toma su café.

Ellos son un colectivo mal tratado por la sociedad que no los comprende, y utilizados por la clase dirigente, así se permitió decirlo una Presidenta de Comunidad Autónoma no hace mucho, diciendo que le parecía indecente, que a los funcionarios se les subiera el sueldo este año. ¿Sabrá ésta gente el significado real de esa palabra?

Así pues, creo que deberíamos dejar que “los funcionarios funcionen, y a los obispos que obispen”, frase hecha, que me enseñó un ancestro y siempre me ha gustado, viniendo ahora a cuento, pero que en definitiva, traduce, lo que debería de ocurrir en serio en este país y otros por motivo de lo que estamos pasando, nada menos que los bancos aguanten sus pérdidas, los constructores, diversifiquen sus inversiones y no la jueguen toda a la más alta, los políticos que asuman sus responsabilidades, y aquellos trabajadores que hace cuatro años ganaban 3000 ó más, y miraban al funcionario de 1000 euros de sueldo por encima del hombro, “pues eso”, lo mismo que al temerario que se instaló en una vivienda unifamiliar de dos plantas y de 360.000 euros, cuando ganaba aquello, incluso menos, habiendo hipotecas de 1.200 euros para parejas con dos trabajos de albañil y cajera de supermercado.

Los funcionarios nunca, o casi nunca, pero más bien poco cuando ocurrió, participaron de los beneficios de la sociedad, pero a la hora de apretarse el cinturón siempre alguien se acuerda de ellos.

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