Opinión

Numerónimos

Aporta poco, por ejemplo, denominar 12-O al descubrimiento de América, salvo para aquellos que padezcan numerofilia.
photo_camera "Aporta poco, por ejemplo, denominar 12-O al descubrimiento de América, salvo para aquellos que padezcan numerofilia".

Vivimos rodeados de palabras compuestas por números. La primera que conocí fue la del golpe de Estado del 23-F, pero desde entonces la lista no ha dejado de crecer, e incluso de extenderse a ámbitos diferentes a citas de algún relieve. A los dantescos atentados del 11-S en Estados Unidos y del 11-M en España han seguido el 15-M de la Puerta del Sol y un sinfín de fechas más que siento no poder recordar. Del 1-E al 31-D no debe de quedar ya jornada sin la oportuna referencia en el calendario, porque los trescientos sesenta y cinco días han sido copados por sucesos trascendentales o pueriles que pronto tendrán que incluir el bis o el ter en su numeración.

 Lo que pretende esta moda es subrayar bobaliconamente la importancia de algo, como si los acontecimientos de verdad destacados lo precisaran. Aporta poco, por ejemplo, denominar 12-O al descubrimiento de América, salvo para aquellos que padezcan numerofilia, en el supuesto de que tal mal exista. Pero, sobre todo, lo que pesa más aquí es el interés en que bautizando de esa forma a determinado episodio, este aumente de inmediato de categoría, una calculada maniobra propagandística que ha calado en la ciudadanía debido a su machacona insistencia por los inquietos agitadores sociales y como consecuencia de la eficacia de esos nuevos medios ideados para comer el coco al personal sin que se entere.

También se ha extendido este zoquete proceder al aludir a celebridades, con idéntico objetivo de elevar su estatura. En el fútbol, por ejemplo, D10S, CR7, R9 o R10 identifican a astros que parecen sacados del sistema solar, pero que apenas se refieren a deportistas que hoy triunfan pero que al cabo de pocos años presumiblemente pasarán a engrosar la lista de muñecos rotos del star system. En política, sin embargo, abunda más la abreviatura o el acrónimo, como ZP, PPK o AMLO, sin duda por los mismos motivos remarcadores de sus perfiles personales, no necesariamente sobresalientes. En el mundo empresarial, hace tiempo que esta pretenciosa forma de nombrar se mantiene envuelta en jerigonzas del estilo PA del CEO, que para los poco avisados procede traducir por la tradicional y eficacísima secretaria del jefe.

Las cumbres internacionales han adoptado, en fin, estos inanes numerónimos para identificarse. G-8; G-8 + 5; G-20 o G-77 describen estos sofisticados tinglados en los que los de siempre participan en todos, resultando tantas veces complicado descubrir sus concretas funciones, al margen de saludar juntos sonriendo y vistiendo guayaberas.

Desde luego, qué bien haríamos volviendo a llamar a las cosas por su nombre, sin estas tonterías o imposturas que buscan engañar o presumir. Porque, al paso que vamos, CR7 asistirá el 6-D al G-20, sin C3PO ni R2D2, y eso puede ser el acabóse.

Javier Junceda.

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