Domingo 19/11/2017. Actualizado 11:46h

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¿Es más fácil ser de derechas o de izquierdas?

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En los últimos tiempos han surgido en España los viejos fantasmas del enfrentamiento, nuevamente el “profundo” debate en torno a todo lo que tiene que ver con nuestra Guerra Civil, incluso cuando comenzó realmente esta y, como consecuencia, quien tiene la responsabilidad de su inició.

Para unos la fecha es 1936 con el golpe militar, para otros el comienzo se situaría en 1934, fecha de la revolución en Asturias. Los menos consideran que existe una continuidad “guerra civilista” en nuestro país desde las distintas guerras carlistas del siglo XIX.

¡Basta ya!, lo realmente cierto es que tanto la izquierda como la derecha tuvieron su responsabilidad en el inicio de la contienda civil cuando ambas decidieron de forma deliberada apostar finalmente por la ideología, convirtiendo los dogmas en armas arrojadizas y arrastrando a la mayoría de los españoles a un conflicto que no querían, que no era el suyo.

Una vez más, minorías de este país conseguían sus propósitos anulando a la sociedad crítica hasta convertirse en paradigma del enfrentamiento, en vanguardia del dogmatismo. El resto, la mayoría de ciudadanos, no supo o no quiso intervenir en aquel nuevo episodio de la negación del progreso de España.

Episodios como este muestran claramente la escasa equidistancia existente entre izquierda y derecha.

Pasados los años comprobamos que la irresponsabilidad de muchos políticos no tiene límites.

Actualmente, parte de la izquierda pretende apostar de nuevo por los dogmas, descabalgando caballos de sus pedestales e intentando resucitar querellas y agravios.

Nos dicen que no, que la Guerra Civil aun no ha terminado.

El mensaje es pues muy claro, vuelta a la crispación y al enfrentamiento. El conflicto, elevado a arma política, como forma de arrinconar a una parte importante de nuestra sociedad.

¡Ya está bien!, que no cuenten con nosotros. En esta ocasión debemos de impedir la manipulación.

Muchos somos los que estamos hartos y cansados de ver como una minoría pretende alcanzar sus objetivos a costa de lo que sea.

De lo que se trata ahora es de constatar el paralelismo real entre izquierda y derecha. De cómo la tendencia de ambas opciones es aferrarse a la ideología como método de ataque. De cómo, tanto unos como otros, se encuentran absolutamente trufados por dogmas que les impiden acercar posturas con el bien común como fin último. Y de cómo se utiliza la ideología y sus dogmas para obligar a una mayoría de ciudadanos a tener que optar entre ambas posturas.

Por eso es mucho más fácil ser de izquierdas o de derechas, dejarse arrastrar sin oposición con el fin de evitar problemas y sentirse arropados por la masa.

Es mucho más fácil delegar nuestras responsabilidades en el rebaño que actuar como ciudadanos libres e individuales. ¡Que sean ellos quienes decidan por nosotros!

La gente actúa absolutamente condicionada. Hacen, de buena fe, lo que creen que es mejor y, de esta forma, sentirse bien consigo mismo. De ahí su búsqueda por acomodarse sin más en una de las dos opciones ideológicas posibles, o la izquierda o la derecha. Es lo más sencillo.

Lo único que se consigue con ello es renunciar a la independencia intelectual y por tanto anular el concepto de sociedad crítica.

¡Por supuesto que no!... No tenemos la obligación de elegir entre una opción u otra como parece ser el caso.

Debemos tener la suficiente valentía como para desmarcarnos de esa cuasi imposición, romper con esa “alienación” que divide en este país prácticamente todo en dos y comprender que existen otras vías, otros caminos.

El objetivo es tratar de superar las ideologías, darse cuenta que el progreso y el desarrollo no depende de las mismas, superar la dicotomía entre izquierda y derecha que, en definitiva, sé retroalimentan la una a la otra con su “enfrentamiento”. Su único afán es alternarse en el poder. 

El gran Cicerón proclamó en el Senado romano que no hay peste que cause más estragos que la rivalidad de los que aspiran a los mismos cargos. “Los que entre si disputan sobre quien ha de gobernar el Estado son como marineros que quisieran llevar todos el timón de la embarcación”.

El día que seamos capaces de remontar el río contra corriente, independientemente de la opinión de los demás, que nos demos cuenta que aportar nuestro criterio personal es la clave, sin estar condicionado por el criterio de los demás, cuando abramos los ojos de verdad y descubramos que existen muchos como nosotros, ese día será el primero de una sociedad libre.

Hasta que llegue ese día seguirá siendo más fácil ser de derechas o de izquierdas.

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