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Política

El Gobierno margina la candidatura de Luis Echávarri a la dirección de la OIEA: la diplomacia española señala el contraste con el apoyo que recibieron Elena Salgado e Inés Alberdi

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El bilbaíno Luis Echávarri no está recibiendo el apoyo del Gobierno para su candidatura a la dirección de la Organización Internacional de la Energía Atómica que sí recibieron Elena Salgado para la Organización Mundial de la Salud e Inés Alberdi para el Fondo para el Desarrollo de la Mujer de la ONU.

Luis Echávarri, director general de la Agencia de Energía Nuclear de la OCDE desde 1997, ha presentado oficialmente en Viena su candidatura a la dirección de la OIEA con apoyo explícito del Gobierno, según es requerido. El vasco es uno de los cinco aspirantes al sillón que deja vacío Mohamed El Baradei.

La candidatura española tiene sus fuerzas por poder recabar el voto de Estados de Europa e Iberoamérica. Echávarri tendría que conseguir el apoyo de dos tercios de los 35 países integrantes de la Junta de Gobierno de la OIEA.

Aun así, fuentes diplomáticas de primer nivel consultadas por ECD resaltan el muy bajo perfil del apoyo del Gobierno a Echávarri. Se señala un trasfondo político: conseguir la dirección de la OIEA no interesa. Sí interesaba, en cambio, argumentan las mismas fuentes, la candidatura triunfante conseguida en 2008: la dirección del Fondo para el Desarrollo de la Mujer de la ONU. La socióloga Inés Alberdi fue entonces premiada por el puesto a pesar de las reticencias del Secretario General, Ban Ki-Moon ante el hecho de que la socióloga tuviera un muy limitado conocimiento de idiomas, que podía dificultar su labor.

Fue la propia vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quien consiguió la victoria de la española en un tema –el Desarrollo de la Mujer- que sí era una prioridad política para el Gobierno. De la Vega amenazó a Annan con replantear toda la cooperación española con Naciones Unidas, siempre generosa, de no alzarse con el puesto para la española.

La falta de apoyo a Echávarri también contrasta con el apoyo dado a la candidatura de la entonces ministra de Sanidad, Elena Salgado, para dirigir la OMS. España multiplicó por cuatro su ayuda a dicho fondo y envió a funcionarios a todas las partes del mundo, incluyendo países con los que se mantiene muy escasa relación (Polinesia, África Subsahariana, Caribe anglosajón) para conseguir su voto.

El esfuerzo del Gobierno, tanto en economía como en personal, cayó en saco roto pues Salgado partía con la desventaja inicial de no haber estudiado medicina. Aun así, como en el caso de Alberdi, el Gobierno estaba interesado en la candidatura de Salgado también por su condición de mujer.

Los diplomáticos españoles están sorprendidos ante el distinto rasero utilizado con la candidatura de Echávarri, quien prácticamente sólo cuenta con su buen nombre para defender su candidatura y que parte con escasas posibilidades de triunfo ante el candidato japonés.

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