Miércoles 13/12/2017. Actualizado 13:45h

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Seguridad

Temen incidentes como el de Alsasua

Veteranos de la Guardia Civil comienzan a ver similitudes entre la actual Cataluña y los “años de plomo” del País Vasco

En municipios muy independentistas como Manresa, Vic, Igualada... se están produciendo ya escenas de rechazo social contra los agentes y sus familias

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Cientos de independentistas radicales están descargando su furia contra los guardias civiles y policías nacionales que actuaron el 1 de octubre para tratar de impedir el referéndum de secesión de Cataluña. Su presión ha conseguido echar de algunos hoteles a los agentes, pero la estrategia de intimidación es más amplia: afecta sobre todo a los efectivos permanentemente destinados en esta comunidad.

Guardias civiles se marchan de un hotel en Calella (Barcelona) por el acoso independentista. Guardias civiles se marchan de un hotel en Calella (Barcelona) por el acoso independentista.

Primero hubo caceroladas, luego escraches masivos, amenazas a los dueños de los hoteles que los alojaban...: la campaña de acoso de los independentistas contra los agentes de la Policía Nacional y la Guardia Civil enviados a Cataluña por el referéndum ha ido creciendo hasta el clímax posterior al 1-O, cuando han conseguido que se tengan que marchar de algunos de esos hoteles.

Estos actos de intimidación afectan a los efectivos policiales que han llegado en las últimas semanas a Cataluña desde otros puntos de España para reforzar el despliegue ante el pretendido final del proceso independentista. Pero la sufren también, de forma distinta, los agentes que están destinados permanentente en esta comunidad autónoma.

Así lo aseguran a El Confidencial Digital guardias civiles que desde hace años trabajan en Cataluña, es decir, que no han llegado en las últimas semanas y se marcharán en un cierto plazo de tiempo, sino que viven en sus municipios, tienen allí a su familia, a sus hijos en los colegios...

La presión social de los “años de plomo”

Muchos coinciden en que la situación se ha deteriorado de forma notable en los últimos tiempos. De hecho, algunos veteranos, que estuvieron destinados en el País Vasco o en Navarra en los llamados “años de plomo”, cuando la presión de los proetarras era asfixiante, empiezan a comparar las situaciones.

Obviamente, destacan que en Cataluña no existe el terrorismo de ETA, lo cual es una diferencia fundamental. Pero sí ven con preocupación que los independentistas están cruzando ciertas “líneas rojas” en lo que se refiere a acosar en la vida diaria a los guardias civiles.

Explican que cada vez es más difícil para agentes de las Fuerzas de Seguridad residir en municipios en los que el independentismo es hegemónico. Hablan de pueblos de la Cataluña interior, como pueden ser Vic, Manresa, Igualada... todos ellos, municipios en los que existen casas cuartel o puestos del Instituto Armado, y en los que ya ha habido manifestaciones amenazantes a sus puertas.

En estos y otros pueblos la presión social se están volviendo insoportable para muchos guardias civiles. Lo comparan con la estrategia de acoso que sufrían -y aún sufren en algunos casos- los agentes de la Benemérita en pueblos del País Vasco y de Navarra a finales de los 70 y en los 80, los más duros del terrorismo etarra, y cuando los abertzales dominaban con impunidad estas zonas.

Por ejemplo, hay casos de bares y establecimientos que se niegan a atender a guardias civiles, además de otros muchos casos en los que se excluye, se muestra rechazo, se hace el vacío a los agentes y a sus familias por el mero hecho de pertenecer a las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Temor a un “caso Alsasua”

Estos agentes ven con mucha preocupación que, aunque no haya terrorismo, en Cataluña se estén dando los primeros pasos para que los independentistas repitan la estrategia de los proetarras: básicamente consistente en hacer que los guardias civiles no pudieran hacer vida normal en los pueblos y que se recluyeran en sus casas cuarteles, extendiendo así la sensación de que eran “fuerzas de ocupación” y que la población les rechazaba.

De hecho, advierten de que se ha llegado a puntos muy graves, como muestran las imágenes de manifestantes corriendo a rodear a un grupo de guardias civiles de paisano que tienen que salir escoltados por mossos.

“Aquí ya podría pasar lo que pasó en Alsasua”, comentan con tristeza algunos de estos guardias civiles consultados por ECD. Es decir, como ocurrió hace un año en este pueblo de Navarra, ven posible que en un momento de tensión un grupo de independentistas radicales, especialmente exaltados y violentos, la emprenda a golpes contra guardias civiles fuera de servicio en algún lugar público.

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