En Pause

TONI CANTÓ es el director de la Oficina del Español de la Comunidad de Madrid. Ex de Ciudadanos y UPyD. El alto cargo más bajo del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso acaba de publicar ‘De joven fui de izquierdas, pero luego maduré’.

Toni Cantó: “La izquierda es el nuevo racismo”

Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.
photo_camera Fotografías: Patricio Sánchez-Jáuregui.

“Actor por vocación, político por devoción”. Liberal por convicción progresiva. El ex por antonomasia que puede encontrarse por las calles de Madrid. Ex de Ciudadanos. Ex de UPyD. Ex de la izquierda “que sabe que vende mercancía averiada”. El director de la Oficina del Español de Ayuso ha dado a luz un libro que oscila entre las memorias, el examen de conciencia y el pie en pared. Se titula De joven fui de izquierdas, pero luego maduré. Madurar es todo lo contrario a ser oportunista, defiende. En un mundo político lleno de conservadores de izquierdas y de derechas, el chico Almodóvar que algunos llaman facha quiso ser centro. Pero el centro es el sexo débil de una política española. Combativo en las redes y en las tribunas. Carne de cañón. Piel dura. Fondo sensible. La alergia a los dogmas bizcos le pica a siniestra. Ateo que pone la equis en la Renta se quita la equis de encima de quienes le llaman “veleta”. Denuncia sobredosis de artistas dentro del armario zurdo por miedo a la excomunión cultural. Cree que el Ciudadanos que le mató por la espalda ha muerto. Y considera que su etapa política está a punto de echar el telón.

Cafetería del Círculo de Bellas Artes. Madrid. Aprieta el lorenzo con entusiasmo, crepita el asfalto, estridulan las cigarras, cruje el mapa político después del tsunami de Andalucía. Tertulieo en mesas con olor a conciliábulos culturales. Bebidas refrescantes en copas largas. Meriendas en formato exclusivamente líquido con algo de gas, como la sociedad de Bauman.

Hace unos días que Toni Cantó ha llegado a las librerías para meterse de perfil en la sección de memorias con De joven fui de izquierdas, pero luego maduré. En formato papel, un zumo de biografía hecho con gajos de cine, teatro, pasarelas, televisión, movida madrileña, movida política, Congreso de los Diputados, paella valenciana, izquierda, derecha, centro, delante, debajo y detrás. La Yenka detox aligera el tránsito de la introspección para conocerse y dialogar con libertad poniendo sus puntos sobre la “i” de la izquierda-suflé.

Siguiendo la estela de la Real Academia Española, al director de la Oficina del Español de la Comunidad de Madrid no le parece que los progresistas de manual tengan “ideas y actitudes avanzadas”, sino todo lo contrario. Si nos remitimos a palabras castellanas olvidadas que vienen al caso, diremos que Cantó discrepa de quienes popan con la ideología chamarileando con los principios como si toda la política fuese un fusilazo. Su camino político demuestra que la izquierda de las portadas está llena de zangandungos, por no hablar de los ñiquiñaques que la aplauden desde la mediocridad.

Cantó no escribe con esplín ni con afán de asechanza. Modera aquí el tono farfantón que tiende en las redes sociales. Tampoco lambucea a la derecha. Simplemente expone su historia personal inmarcesible al desaliento, aunque a veces se haya hecho cuesta arriba. No va de filosofastro ni esto es una francachela.

El actor que se hizo político no es un camasquince y estas páginas no son remostosas, aunque conformen un tejido de letras y reflexiones que relatan sus viajes personales, profesionales e ideológicos, y defienden su honor. Son una alcancía de razones para revisitar al talcualillo sin los prejuicios de los dimes, los diretes, la nihilidad etiquetada desde fuera y las barañas propias de cualquier biografía.

Borborigmo leve con ansias por la calipedia de preguntas acertadas en este salón. Sin dingolondangos, sin eritrofobias. El español es una maravilla espléndida para encerrarlo en la trilogía desmoralizante del “todo-flipa-mazo”. 

Salta a las librerías provocando: De joven fui de izquierdas, pero luego maduré. ¿Qué es madurar?

Madurar es conocerse mejor y conocer mejor al mundo que nos rodea. Al prójimo, y al sistema.

¿Se ha descubierto de una manera diferente al escribir este libro?

 

El proceso ha sido interesante y muy bonito. Me ha gustado mucho atravesarlo, también porque me he dado cuenta de algunas cosas. Miro para atrás y contemplo casi cuarenta años de trabajo. Voy a cumplir 58 años y llegué con 18 a Madrid. De esos, treinta han sido fuera de la política. Me he dado cuenta de que he trabajado mucho y que llevo demasiados años muy expuesto.

¿Estar expuesto le ha hecho más vulnerable de lo que pensaba?

Estar expuesto es duro, porque pierdes intimidad y estás a la merced de los ataques de los demás, pero he ido haciendo callo. Lo más duro es como lo vive la familia: mis hijos, mis padres, mis abuelos, algunos amigos…

¿La caña por sobreexposición ha sido solo en los diez años de política?

No. En el libro cuento algún momento de mi vida artística en el que sufrí mucha presión mediática muy bestia y muy cruel.

En realidad, el libro se iba a titular Más viejo y más facha. ¿Qué tipo de facha es usted?

No me considero facha, pero entro al juego, porque me gusta desmitificar y tomarme a broma ese adjetivo que nos lanza la izquierda a quienes no somos de izquierda. De tanto usarlo, se les ha gastado. Ya no provoca ningún temor que te llamen facha, por lo menos a mí. Me han dicho hasta “nazi” durante la pasada campaña electoral a la Presidencia de la Comunidad de Madrid. Imagínese usted… Esta era mi propuesta de título, que era más provocativa, si cabe. Seguramente, demasiado.

“No me considero facha, pero entro al juego, porque me gusta desmitificar y tomarme a broma ese adjetivo que nos lanza la izquierda a quienes no somos de izquierda. De tanto usarlo, se les ha gastado”

¿La editorial se asustó?

No. Tenga en cuenta que, para muchas editoriales, encontrar el punto más escandaloso posible es hasta bueno. Pero no, con mi editor he tenido una relación estupenda. Era la única persona que, durante un tiempo, iba leyendo lo que le enviaba en ese proceso tan solitario en el que uno ya no sabe si tiene sentido o no lo que escribe. Me he sentido muy bien cuidado. Me ha dado absoluta libertad.

¿Este libro es una memoria, una autobiografía interior, un examen de conciencia en voz alta, un ejercicio de justicia contra la opinión pública que le fustiga, una petición de redención…?

Un poco de todo eso, la verdad. Es un recorrido por mi vida acompañado de una reflexión sobre cómo he ido cambiando. Frente a una sociedad que parece que ve con malos ojos que no permanezcamos siendo siempre los mismos, reivindico la capacidad de evolucionar para dejar atrás algunos dogmas y la sacrosanta ortodoxia de izquierdas. Ahora mismo la izquierda es todo lo contrario a lo progresista. La izquierda de hoy es la puritana, la que censura, la que disculpa la violencia, la que excusa los atropellos morales con una visión muy sectaria, como hemos visto con Mónica Oltra… No quiero saber nada de esta izquierda. Me costó abandonar ese carril, porque cuando estás dentro no es fácil. Me costó romper con el pack ideológico donde está todo muy bien estudiado: izquierda superficial, Cuba, Palestina, militancia proaborto… Aquel todo incluido sin derecho a la reflexión y al debate es muy cómodo, pero preferí abandonarlo para cuestionarme las cosas. 

“La izquierda de hoy es la puritana, la que censura, la que disculpa la violencia, la que excusa los atropellos morales con una visión muy sectaria, como hemos visto con Mónica Oltra…”

 

¿De ese carril le sacó la tradición de su familia o su capacidad de pararse y pensar sin la inercia de un rebaño?

En mi familia había una parte roja y otra, azul. Eso me ayudó a no criminalizar a ningún bando.

Dice: “Espero que se me perdone haber sido de izquierdas”. ¿Cree usted que ser de izquierdas debería ser un motivo de castigo?

No, es una ironía. Simplemente, me pongo frente a quienes dicen que es imperdonable ser de derechas, lo cual me parece una tontería. Yo me lo he perdonado, de hecho. Fue un pecadillo de juventud que mucha gente comete y que es absolutamente disculpable.

En realidad, usted fue de una izquierda de postureo: el póster e Che Guevara y El País como Biblia. ¿No cree que hay gente que es de izquierdas de verdad, y que quiere construir cosas positivas?

Sí. Hay gente de izquierdas de verdad que quiere construir cosas positivas, pero no lo consigue nunca. Me gusta mucho una frase de Javier Pérez-Cepeda, que decía que “en cada generación hay un selecto grupo de idiotas convencidos de que el fracaso del colectivismo se debió a que no lo dirigieron ellos”. Es aplicable a esa famosa frase de Alberto Garzón según la cual “un delincuente no puede ser de izquierdas”. Las buenas intenciones me dan igual. Las valoro lo justo. Si el resultado es la pobreza, la destrucción, la corrupción y la muerte que generan el comunismo y el socialismo en el mundo, prefiero apartarme a un lado y ver que existen políticas liberales que consiguen la igualdad que pretende la izquierda con más éxito. Creo que Escohotado dio en el clavo cando dice que “antes que repartir la riqueza, es más importante crearla”. Reivindicar no ser de izquierdas no quiere decir que no sea crítico con la derecha. No hay una alternativa al capitalismo, pero el capitalismo no puede ser de amiguetes, sino sano.

“Hay gente de izquierdas de verdad que quiere construir cosas positivas, pero no lo consigue nunca”

El trabajo de un actor es ponerse en la piel de alguien distinto y ser creíble. Métase en la cabeza de un votante socialista y dígame qué ve.

Sería muy similar a la de un creyente de algunas nuevas religiones, como el feminismo radical o el animalismo. Dar vida a un votante de izquierdas sería como interpretar a un devoto que no es capaz de ver la realidad ni de cuestionarse sus creencias. De todas formas, diferenciaría mucho entre el político de izquierdas y los votantes. Entiendo que haya mucha gente que se crea los mensajes llenos de buenas intenciones, pero no respeto de la misma manera a los políticos de izquierdas, porque saben que están vendiendo mercancía averiada. Eso es lo que me parece imperdonable.

“Dar vida a un votante de izquierdas sería como interpretar a un devoto que no es capaz de ver la realidad ni de cuestionarse sus creencias”

Hay quien dice que usted ha sido una veleta política, y usted defiende la honestidad de cambiar de opinión y ser consecuente. ¿A cuántos partidos diferentes ha votado desde sus 18 años?

A tres partidos distintos. Si me lo permite, me guardaré los detalles.

¿Qué provoca esos cambios: la honestidad, la inseguridad, la influenciabilidad, escuchar, leer, dialogar…?

La maduración. Si UPyD hubiera existido en la época en la que empecé a darme cuenta de lo que hacía la izquierda con la lengua, con el nacionalismo, etc., lo habría votado antes. Pero tanto UPyD como Ciudadanos tardaron en aparecer, y también fueron aquellas apariciones las que me ayudaron a hacerme más preguntas. 

¿Cuáles son los dogmas más potentes que se le han caído por el camino?

Los que tienen que ver con que las buenas intenciones de la izquierda eran suficientes y daban resultados. He tenido la oportunidad de comprobar personalmente barbaridades como Cuba, algo que el romanticismo de izquierdas lleva apoyando tanto tiempo, hasta que vas y compruebas de primera mano que aquello es peor que un tsunami. El socialismo ha destrozado la isla. Los cubanos están completamente asustados y deseando escapar. Manifestarse contra el régimen se paga con la cárcel y yo eso no lo puedo entender. Que haya gente bienintencionada de izquierdas que siga defendiéndolo me deja loco. Es como el ataque persistente contra Israel, la única democracia sana de la zona donde sí hay igualdad entre hombres y mujeres, y la defensa a ultranza de una Palestina que está gobernada por un partido terrorista. Ponga usted un gay en Palestina… La izquierda es el nuevo racismo. Cuando ves cómo la izquierda hace demagogia con la igualdad o con el feminismo y cómo ha convertido las causas LGTBI en materia para marcar territorio y atacar al disidente, se te abren los ojos con otra perspectiva.

“Cuando ves cómo la izquierda hace demagogia con la igualdad o con el feminismo y cómo ha convertido las causas LGTBI en materia para marcar territorio y atacar al disidente, se te abren los ojos con otra perspectiva”

Usted estuvo en el origen de Ciudadanos. ¿Qué tiene que ver con Albert Rivera, Arcadi Espada, Albert Boadella o Fernando Savater?

No les llego a la suela de los zapatos a ninguno de los cuatro, pero son las personas que a mí me hicieron entrar la aventura de Ciudadanos. Savater es un personaje indispensable. Hubo un grupo de valientes como él, Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán, Juan Luis Fabo o María San Gil que, cuando caían bombas y plomo en el País Vasco, se significaron con una enorme dignidad, y para eso había que tenerlos muy bien puestos. Savater después apoyó a Ciudadanos, y en las últimas elecciones, a Isabel Díaz Ayuso. Es una persona generosa a la que admiro profundamente. Arcadi Espada es un hombre con una potencia intelectual brutal al que leo siempre con la boca abierta. De Albert Rivera le diré que es mi papá político y la persona con la que más he aprendido. Su integridad, su capacidad de trabajo y su valentía las admiraré siempre. Le cuento entre mis amigos. El señor Boadella me despierta una verdadera pasión. Es otro de mis héroes y una persona muy divertida. En realidad, todos estos hombres son muy divertidos.

¿Rivera es divertido?

¡Sí!

¿Qué vio Albert Rivera en usted: un famoso o alguien que podía aportar ideas, frescura, autenticidad?

Eso habría que preguntárselo a él. Mi intuición es que tanto Albert como Rosa vieron en mi a alguien conocido que les podía ayudar a llegar a la gente, algo muy positivo siempre para un partido, pero quiero pensar que también vieron que era un tío que curraba y que aportaba. Tras mi primera experiencia en el Congreso de los Diputados, de la que me fui sin terminar la legislatura, durante unos meses me mantuve como el segundo diputado con más intervenciones en la Cámara Baja. He currado mucho durante toda mi vida. No sé estar sin trabajar. Es una adición como otra cualquiera.

¿Por qué todos los esfuerzos políticos de institucionalizar el centro -Ciudadanos, UPyD, UCD…- tienen éxito inaugural, pero acaban languideciendo, a pesar de que hay votantes para ellos?

El centro político es un territorio muy delicado y complicado en el que cualquier error se paga muy caro, tan caro como la desaparición de sus figuraciones políticas. Por desgracia, seguimos sin conseguir que se consolide ese espacio. Quizá ahora la existencia de Vox haya permitido que el PP se centre y ocupe más que antes ese lugar, aunque no del todo. Ya veremos qué sucede en el futuro y si hay alguien capaz de volver a capitanear una aventura parecida.

Después de todo, pero, sobre todo, después de las elecciones andaluzas, ¿qué historia clínica hace usted de Ciudadanos?

Ciudadanos está acabado. Albert dio una última oportunidad, pero no se supo aprovechar. Allí nadie dimite, ni después del batacazo de Cataluña, ni después del error enorme de la moción de censura en Murcia, ni tras la caída en Castilla y León, ni tras la debacle en Andalucía. Por desgracia, hay una élite que ha secuestrado el partido. No hay nada que hacer.

“Ciudadanos está acabado. Por desgracia, hay una élite que ha secuestrado el partido. No hay nada que hacer”

 

En lenguaje quirúrgico, dice que “lo de Inés [Arrimadas] tiene que cicatrizar por las dos partes”. ¿Qué es lo de Inés? ¿Cómo cicatrizará usted su parte?

En los desencuentros siempre hay una coyuntura emocional complicada, pero llegará un momento, como ha sucedido con otras personas con quienes dejé de compartir singladura política, en el que el tiempo curará las heridas. Hablo por mí. Es muy duro abandonar un proyecto en el que has aportado tantas horas de trabajo porque sientes que te echan. La política exige una dedicación exclusiva de siete días a la semana y veinticuatro horas al día, de mucho trabajo y mucha tensión, y el pago injusto genera un cierto cabreo que duele y tarda en cicatrizar.

¿Lo de irse con Ayuso fue un portazo?

En el libro cuento que tuve la impresión de que me habían echado de Ciudadanos. Yo hablaba, hacía gestos para que me hicieran caso, pero no, se siguieron equivocando sin aceptar responsabilidades, mientras continuaban los mismos cometiendo errores uno detrás de otro, hasta que el partido desaparezca. Yo viví aquel desierto de manera muy delicada. Abandonar un proyecto en el que has estado muy involucrado no era fácil. La cúpula de Ciudadanos me empezó a alejar de la política en mi mejor momento político, mientras capitaneaba el grupo parlamentario en la Comunidad Valenciana. Sentir que te mandan al carajo en el mejor momento no es fácil de asumir.

“La cúpula de Ciudadanos me empezó a alejar de la política en mi mejor momento político, mientras capitaneaba el grupo parlamentario en la Comunidad Valenciana. Sentir que te mandan al carajo en el mejor momento no es fácil de asumir”

Política y protagonismos. Algunos ex compañeros de Ciudadanos en la Comunidad Valenciana me dicen que usted era una persona con miedo a que otros de su equipo tuvieran más relevancia en el partido o más eco social. Que no era un buen líder. Que desconfiaba. Que iba a lo suyo. Que se ganó enemigos dentro.

Guardo un recuerdo estupendo prácticamente de todo aquel equipo. Con Albert aprendí que un líder lo que quiere es que detrás haya gente que salga a repartir, a proponer y a conseguir relevancia. Mi ilusión era que todos consiguieran viralizar el discurso. No sé qué lo impidió. De aquel grupo parlamentario guardo varias amistades. Trabajar con muchos de ellos fue un lujo.

¿Cree que Fran Hervías jugó con limpieza en su trasvase al Partido Popular?

En el momento de la moción de Murcia, Fran trabajó para evitar que la región cayera en manos del socialismo, y ahora colabora para echar a Pedro Sánchez de la Moncloa. Fue muy consecuente dando aquel paso.

Más allá de que esté en coma, ¿Ciudadanos es un partido necesario para España?

El Ciudadanos de ahora es irrelevante. Sus dirigentes son capaces de cambiarle el nombre antes de cambiar la dirección. Es terrible. Personas como Albert Rivera sí son necesarias para este país. Viví con mucha pena su marcha. De todas formas, ahora mismo estoy en el equipo de Ayuso, que es el mejor gobierno en el que se puede estar en España, incluyendo a Miguel Ángel Rodríguez. Para mí, formar parte de él es un broche estupendo.

 

“Ahora mismo estoy en el equipo de Ayuso, que es el mejor gobierno en el que se puede estar en España, incluyendo a Miguel Ángel Rodríguez. Para mí, formar parte de él es un broche estupendo”

¿Se siente parte del equipo de Ayuso, sin fisuras?

Absolutamente. Además, tengo acceso fácil al Gobierno. Me comunico a menudo con ellos. Me siento valorado, querido e integrado.

¿Cómo lee la ayusomanía desatada en torno a las pasadas elecciones?

Durante el arranque de la pandemia yo vivía en la Comunidad Valenciana, y veía como Ximo Puig tenía todo aquello cerrado, lo cual significaba pobreza, pérdida de empleo y quiebra, mientras que la señora Ayuso se la jugaba en la Comunidad de Madrid. Con valentía, abrió la vida, cuidó el hospital de Ifema, construyó el Zendal… En mi tierra, Puig echó el candado y montó un hospital de campaña que se lo llevaba el viento, y encima tenía la poca vergüenza de criticar a Ayuso. Para mí la diferencia es evidente.

Los ciudadanos de Madrid han premiado la valentía de una mujer que se la jugó como no lo hizo nadie, aunque después la siguieran todos. Mucha gente de la izquierda se comportó contra ella de una forma gallina, machista y cruel durante aquellos trágicos días. La valentía y la honradez han hecho que Ayuso sea adorada en Madrid y en todas partes. Conecta muy bien con los ciudadanos. Además, representa muy bien a la política de centro derecha sin miedo a dar las batallas culturales, y ahí tiene mucho que ver la Oficina del Español. La gente agradece que la derecha no se quede solo en demostrar que gestionamos bien, porque eso no basta.

 

“La valentía y la honradez han hecho que Ayuso sea adorada en todas partes. Conecta muy bien con los ciudadanos y representa muy bien a la política de centro derecha sin miedo a dar las batallas culturales”

Si usted liderara esa batalla cultural, ¿por dónde iría?

Yo no soy quien para liderar nada… Pero seguiría los pasos de lo que está haciendo la señora Ayuso con su defensa del español, reivindicando la historia del descubrimiento de América como un episodio de éxito y un motivo de orgullo… Poner a la izquierda frente a sus contradicciones -que es lo que yo hacía en las Cortes de la Comunidad Valenciana- es una batalla cultural que ella sabe dar muy bien. En cada sesión de control de la Asamblea de Madrid pone a Mónica García y al PSOE ante sus incongruencias. Pelear duro en ese barro es el mejor antídoto contra tanta demagogia de izquierdas.

¿Temas como el aborto o la eutanasia son también cuestiones de la batalla cultural que debe liderar Ayuso?

Claro. He estado en comisiones de Igualdad en las que se habla del aborto como un método anticonceptivo más, y decir eso es una barbaridad. Evidentemente, ante eso hay que ponerse de frente sin miedo. La política es una cuestión de valentía. Todo lo que tiene que ver con plantarle cara a la corrección política es batalla cultural, porque nos está obligando a no hablar de ciertos temas. Me encanta el arrojo de la presidenta de la Comunidad de Madrid para entrar en todos ellos. ¡Claro que vamos a hablar de igualdad, pero de igualdad de la buena, no desde ese lado de la izquierda que se calla con lo de Oltra!

La valentía, de palabra, está muy bien, pero también pasa factura.

A mí me ha pasado factura en lo personal, porque he sufrido ataques absolutamente salvajes en redes y en la calle, y he sido agredido. Y también me ha pasado factura en mi profesión, a la que tengo un retorno muy complicado, pero bueno, por fortuna necesito muy poquito para vivir, también porque pude construir mi patrimonio antes de entrar en política. De hecho, ha ido menguando en esta década en la arena política. Al escribir este libro me di cuenta de que me acerco a los 60 años, y toca bajar un poco el pistón.

Hablaba hace unos días con Mario Garcés y me decía que “la política es una trituradora emocional”.

Lo es. Y muy bestia. En mi libro hablo del de Michael Ignatieff, ex político canadiense, que se titula Fuego y cenizas: éxito y fracaso en política. Allí explica que la política es la ocupación que requiere más conocimiento de uno mismo. Muchas veces he cometido errores por impaciencia, por imprudencia, por intentar demostrar que sabía de todo, cuando eso es imposible… La presión es fuerte. La prensa es dura. Como refiere Ignatieff, la prensa trata duro, porque “baja a rematar a los heridos”. Entiendo muy bien la esencia del trabajo periodístico, pero la exposición mediática es un terreno muy cruel, sobre todo porque nunca hay perdón, como sucede en las nuevas religiones, mientras que las viejas se asientan, precisamente, en el perdón. En política, un error o una salida de tono de la férrea ortodoxia de lo correcto se te recuerda todos los puñeteros días de tu carrera.

“Entiendo muy bien la esencia del trabajo periodístico, pero la exposición mediática es un terreno muy cruel, sobre todo porque nunca hay perdón, como sucede en las nuevas religiones”

Hace unos meses entrevisté a Ignacio Urquizu aquí al lado, y estaba usted allí comiendo solo. Me pareció una imagen de abandono…

Comer solo me gusta.

¿No es el reflejo de una soledad profesional?

No. Que va. Todo lo contrario. Siempre he trabajado en equipo -un grupo parlamentario, un partido, una película, una serie…- y me gusta tener mis espacios de soledad.

Tiene experiencia política y ha pasado por diferentes estructuras de partidos. Se ha codeado con gente en la cumbre que ha terminado en el barranco. ¿Qué riesgos debe prevenir Ayuso si quiere consolidarse como líder política?

No soy nadie para decirle a Ayuso cómo debe actuar, además, creo que está más que consolidada como líder política. Estoy convencido de que mantendrá su esencia, porque seguirá siendo valiente. Ayuso es el mayor fenómeno político de los últimos años en España, por eso estoy encantado de estar pasando este tiempo cerca de su liderazgo, porque estoy aprendiendo y completando mi experiencia política, y soy el alto cargo más bajo de la Comunidad de Madrid. Ya sé que es ser un director general, un viceconsejero o un consejero. No me importa no serlo.

Tras su paso por dos partidos y una colaboración con el PP: ¿Los partidos políticos, tal y como funcionan, son sanos para la democracia?

Admito que al principio pensaba que no, porque veía todo lo orgánico y la burocracia interna como un problema. Pero en esto también he cambiado de opinión. Las fuerzas políticas representan un darwinismo útil. La vida dentro de un partido es una grandísima putada, pero, macho, si uno eres capaz de atravesar eso, no estás preparado para ser el presidente de un país. No está mal que la vida interna de los partidos sea tan dura y tan difícil, porque prepara para la supervivencia.

 

“Las fuerzas políticas representan un darwinismo útil. La vida dentro de un partido es una grandísima putada, pero, macho, si uno eres capaz de atravesar eso, no estás preparado para ser el presidente de un país”

Mirando a Valencia: lo de Oltra y la vuelta a la corrupción, esta vez de la mano del PSOE…

La corrupción no es un tema ideológico, sino un error de sistema. La sociedad debe obligar a los partidos políticos a establecer controles independientes que la repelan. Además, los votantes deben castigarla rápido para frenarla cuanto antes. En este caso, me parece lamentable que Ximo Puig no esté haciendo nada. La doble vara de medir nunca es fácil de entender.

Toda política tiene su punta de teatro, pero el teatro, de vez en cuando, genera catarsis. El otro día me decía Pedro Herrero, de Extremo Centro, que “la política es un juego de impotencias, de pollas flácidas y estériles que no transforman nada, pero nos jode la convivencia”…

Estamos en un momento político muy complicado, porque tenemos a un presidente que decidió volver a cavar las dos trincheras y meternos a todos dentro con tal de mantenerse en el poder. No ha sabido ser responsable, alejarse de los extremos y gobernar una España más centrada. Las elecciones que casi se llevan por delante a Ciudadanos se desarrollaron solo para ventilarse a Ciudadanos. Albert nunca pudo pactar con Sánchez, porque Sánchez no quería. El PSOE prefería un gobierno con el ejército de Pancho Villa. A pesar de todo, quiero reivindicar la política como la única herramienta posible para mejorar la realidad. En ella me he encontrado con gente muy buena e increíblemente formada, pero, por desgracia, hay momentos y lugares en los que los líderes se empeñan en ser más un problema que una solución.

Dice que su ciclo político termina, y que, probablemente, volverá al teatro. Está la precariedad laboral cultural por las nubes...

Por eso mucha gente no sale del armario de la izquierda en mi antiguo trabajo, donde no ser de izquierdas está penado con la excomunión. Si no estás con el PSOE o Podemos, puedes perder un contratito, y eso puede suponer la diferencia entre vivir de tu trabajo o tener que dedicarse a otra cosa. No se pueden pedir tales heroísmos de honestidad en estas circunstancias... En el trabajo de los actores hay una enorme precariedad. Hoy hay más posibilidades, pero también muchísimos más artistas. Antes -lo cuento en el libro-, dedicarse a esto estaba muy mal visto. Ahora, no. Además, hoy se paga menos. La situación es complicada.

Mientras, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, dedica gran parte de su jornada laboral a montar su partido velando por su propio futuro…

Me parece increíble que una mujer como esta haga carrera política siendo la responsable del país de Europa con más paro y más desempleo juvenil. Que esa sea la nueva esperanza de la izquierda me asombra mucho. No conozco a nadie que tenga un discurso político más vacuo.

¿Madurar es, también, entender que las ideologías son tóxicas?

El comunismo es una ideología tóxica, como demuestra la historia de nuestro mundo. No todas las creencias son respetables. Sin duda, existen algunas creencias mucho peores que otras.

¿En su proceso interior también ha habido una maduración espiritual?

Esto no lo he contado nunca: este año, por primera vez, he marcado la casilla de la Iglesia en la Declaración de la Renta. Me apetecía. He conocido a gente de la Iglesia católica que hace un trabajo brutal para ayudar a los demás. Dicho esto: vengo de una familia eminentemente científica no creyente, y sigo considerándome una persona atea, pero pienso que es importante tener unos principios morales sólidos. Mi gran crisis espiritual se desató con la muerte de mi hija. Entonces me hice muchas preguntas, porque atravesé una oscuridad muy grande, pero todavía no he terminado de encontrar algunas respuestas.

 

“Me parece increíble que Yolanda Díaz haga carrera política siendo la responsable del país de Europa con más paro y más desempleo juvenil. Me asombra mucho que esa sea la nueva esperanza de la izquierda”

La madurez es un momento artístico interesante en el cine. Una segunda oportunidad.

Aquí me tienen los directores que me necesiten.

¿Volvería a ser un chico Almodóvar?

¡Ojalá pudiera volver a trabajar con Pedro! Le admiro muchísimo. A veces se me intenta enfrentar a personas como él, o como Javier Bardem, o Penélope Cruz

Como Willy Toledo…

A todos ellos les tengo en alta estima artística. Pedro Almodóvar, Javier Bardem y Penélope Cruz han hecho más por la Marca España que varios gobiernos juntos. Aunque no tengamos las mismas ideas políticas, me fliparía trabajar con ellos. Nunca dejaré de reconocer todo lo que han aportado a este país. Almodóvar ha creado un lenguaje personal con denominación de origen y ha hecho llegar nuestro idioma y nuestra cultura a todos los rincones del mundo, igual que Javier y Penélope.

 

“Vengo de una familia eminentemente científica no creyente, y sigo considerándome una persona atea, pero pienso que es importante tener unos principios morales sólidos”

La Oficina del Español de la Comunidad de Madrid ha sido criticada desde su anuncio...

Es una crítica de mentira… Eso es lo que dice la batalla política, pero después todas las comunidades autónomas tienen su organismo del español, y también el Gobierno de Sánchez, que ha creado la Dirección General del Español en el Mundo y el Observatorio Global del Español. Yo colaboro con el Instituto Cervantes y Luis García Montero se ha portado conmigo de manera excepcional.

Todo el mundo entiende que el español es una herramienta fundamental para crear riqueza y empleo. La Comunidad de Madrid tenía que ponerse las pilas en una actividad que estaban haciendo muy bien Andalucía o Castilla y León. Cuando me he presentado al ecosistema educativo, he visto que todo el mundo celebra la creación de este organismo. La burbuja política es una cosa, y la realidad es otra claramente distinta. Hacemos cultura, arte, colaboraciones con el resto de países hispanohablantes…

¿Cómo es el Cantó tímido, vulnerable, emocional que no asoma mucho por Twitter?

El que está con su mujer, sus hijos, sus amigos… Ellos lo conocen muy bien. El perfil bronco que mucha gente se espera de mí responde a mi lado Hyde en el que me transformaba al subir a una tribuna o cuando expreso mis opiniones en Twitter o en una entrevista como esta. No le tengo miedo al combate ideológico. Disfruto la pugna verbal. Quizá por eso me enzarzo más de la cuenta, pero soy una persona mucho más tranquila que todo eso.

“Pedro Almodóvar, Javier Bardem y Penélope Cruz han hecho más por la Marca España que varios gobiernos juntos”

¿Qué papel tiene su familia en su vida?

Es el lugar en el estoy más de verdad, en el que me muevo con más confianza, donde me puedo expresar más libremente, pero también es el escenario del amor y de los afectos donde nos acogemos mutuamente. Tengo una relación extraordinaria con toda mi familia. Nos vemos, nos hablamos y nos escribimos mucho. Para mí es un bálsamo.

“Llevo once años y empiezo a estar cansado”. “No tengo ni idea de lo que va a ser mi vida dentro de un año”. Sinceramente: ¿se prepara para abandonar, o abona el terreno por si dejan de tenerle en estima política?

Llegaré a once años después de verano... Ese anuncio no tiene nada que ver con los demás, sino conmigo. Este libro me ha servido para darme cuenta de que llevo demasiado tiempo en primera línea y estoy en el mejor lugar para poner la guinda. Tengo ganas de hacer otras cosas que echo de menos y necesito llevar una vida más tranquila. No sé. Tampoco sé si habrá un punto de inflexión. Igual usted me ve dentro de seis meses en otro lío y me achaca que le mentí. No. Es que no tengo ni idea de lo que va a pasar, porque tampoco está el contexto para hacer muchas cábalas. Lo que sé es que todo apunta a que estoy ya en otra fase.

Una dedicatoria final para sus haters.

Si os ayudo a ser más felices, que lo disfrutéis, pero que sepáis que no os leo. No me entero de nada de lo que me criticáis. Igual que se debe cuidar lo que uno come, hay que cuidar lo que uno lee. No os leo. Lo siento.

“No le tengo miedo al combate ideológico. Disfruto la pugna verbal. Quizá por eso me enzarzo más de la cuenta, pero soy una persona mucho más tranquila que todo eso”

Raphael, apoteósico en Starlite

Comentarios
Somos ECD
Periodismo libre, valiente, independiente, indispensable