Tres mujeres en “tierra de nadie”. En la mesa de mediación

Rocio Sampere
Presidenta de AMM
Con la confidencialidad debida, les cuento una historia de mediación de tres mujeres.
Una que se siente en “tierra de nadie”; de su vientre, con su sangre, nació ella, que tomó el tren de la vida rápido, y a la misma velocidad lo dejó. Y de camino en ese soplo de viaje, dejó un amor que es su recuerdo, otra niña.
Así que abuela, casi madre, crio a la hija de su hija, y apaciguó con ella el dolor de su pérdida.
Un día el padre de la pequeña se enamoró de nuevo, y entró en escena otra mujer, la nueva esposa.
Y se forma una nueva familia, y alguien entiende que no es bueno que la abuela tenga tanta presencia.
Y queda la abuela “en tierra de nadie”. Le dicen que si demanda tendrá visitas. Pero ella no quiere demandar, quiere que la entiendan.
Y la abuela, la esposa y la niña, ahora en vez de besos, son debate.
La abuela dice que la crió, que no puede ser verla una vez al mes, que cuando la esposa no puede cuidarla lo hace una persona contratada, que no lo entiende, que ella puede.
La esposa dice que perturba su armonía, que ahora tiene hermanastro y han de vivir juntos.
¿Y la niña? Ya sabemos que es esencial escucharla, y lo hacemos.
Diez años; nada más saludarla nos recita “su querencia”, y ladea la cabeza a la derecha.
- “yo lo que quiero es estar con mi hermano”
Le preguntamos sobre el colegio, los profesores, el recreo, el amor, la abuela… y nos cuenta primero erguida, luego ladea la cabeza a la izquierda y la cambian los tonos de la tez.
Asi llegamos a su verdad, y entendemos que quizás lo que a nadie le gusta es estar “en tierra de nadie”. Si se va con la abuela, los padres y el hermano harán cosas sin ella.
Una nueva sesión con el padre, la esposa y la abuela. Fue una entrega total de las mediadoras.
- Venga, entenderla, ella debe tener su rol: de hija
- No ha de ser venda de ninguna herida
- El amor de hermanos llega sin imposición.
- Podéis tener tiempo de pareja si dejáis que la abuela cuide a los niños.
Y acabamos con el acuerdo, cuando la esposa no puede, la abuela atiende a los pequeños. A su niña y a su hermano.
Es de nuevo el poder de la palabra.