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EN PAUSE CON BERTÍN OSBORNE, presentador y cantante

“Soy un buen confesor”

Bertín Osborne es el icono-toro de la televisión española. Desde hace tres años, su casa un Lourdes de la marca personal. En Telecinco. Es el profeta del auténtico buenrollismo, en un mundo catódico donde cualquiera escupe gratis, insulta en directo e hiperventila de histeria. Cantante. Presentador. Paracaidista. Cachondo

Bertín sólo se pone serio cuando habla de negocios y de gente que le acusa, pero da la cara y se explica.
photo_cameraBertín sólo se pone serio cuando habla de negocios y de gente que le acusa, pero da la cara y se explica.

Patriarca del buen rollo sin trampa ni cartón. Habitual en sus pantallas desde hace casi cuatro décadas. Entre el sofá, la cocina y dos copitas, los sujetos más activos de los titulares se ponen las babuchas en directo. Su casa es de todos, pero especialmente, de su familia. Su ilusión real es que don Juan Carlos de Borbón llame al timbre. Igual le hace una visita a Bruselas a Puigdemont. Ya no tiene interés en que Pablo Iglesias asome por sus cámaras. No cree que Rajoy siga siendo presidente tras el Lluvia de estrellas de su programa. Sí cree que Albert Rivera será el número uno de Moncloa. Julio Iglesias, Felipe González y Paolo Vasile no se animan a entrar en su plató. Otros piden cancha insistentemente. Natural, bonachón, grato. Está muy lejos de sentirse un semidiós en vaqueros, y muy cerca de buena parte de España.

Ni en su casa, ni en la mía. En una esquina de una cafetería de un centro comercial de una carretera intensa de Madrid, y a la hora del ángelus. Bertín entra y llena el recibidor de la Sexta Avenida, entre multiópticas, mercadonas y escaleras mecánicas incoloras, inodoras y casi insípidas.

El hombre-toro más famoso de España se pide un zumo de tomate. ¿Con tabasco? Con tabasco "y con todos los avíos".

Sin prisa. Más de 60 preguntas. Disponible. Dispuesto. "Hacemos lo que tú digas". No es fácil crear ambiente de sala de estar en el bajo de un centro comercial, pero él lo pone fácil.

Bertín es como aparece en la tele. Porque en televisión no se maquilla. Dicen. Y no utiliza guiones encorsetados. Improvisa. Y lo hace bien. Sólo se pone serio cuando hablamos de negocios. El resto es el conde-orquesta, el rey-de-copas, el anfitrión que toda suegra desea para unas navidades caseras de manual.

El Osborne del share tiene el don de ser el que invita y el alma de la fiesta. El que pregunta y el que confiesa. Y el que siempre te da la absolución, seas quien seas, hagas lo que hagas, pienses como pienses. Tal y como está el patio de esas teles analógicas de Gran Hermano y sus picos de groserías como viagras del audímetro, lo suyo es polvo de talco y humanismo casero con los brazos abiertos.

Simpático, con ardores de estómago cuando se impone el estado de sitio del humor políticamente correcto y soso.

Bertín Osborne no es un personaje diseñado. Ni en su casa, ni en la mía. En mitad de un campo frío de mármol al por mayor. Encendemos la estufa. Un sorbo de Jerez y un Gran Prix de preguntas.

Bertín: ¿presentador, o artista?

Nunca me he sentido artista. Me parece una palabra muy importante. Yo soy un paracaidista que cayó en esta profesión hace 36 años y, sí, es verdad, he caído de pie. Me divierto haciendo lo que hago, pero no me considero artista. Me considero cantante más que nada. Es lo que más me gusta, lo que más me divierte y creo que lo que mejor hago.

¿Su casa es España?

Sí. Estoy orgulloso de ser español. Pienso que tenemos el mejor país del mundo, y eso solo se sabe si viajas, y yo he viajado mucho. Hay países estupendos a los que adoro, pero yo vivo en España porque es el mejor.

¿Y su casa representa a España?

En el programa intentamos tener como bandera todo lo español: sus productos, su idiosincrasia… Soy un defensor de la cantidad de cosas buenas de nuestro país. España es un país moderno y fantástico.

¿Cuánta gente famosa llama a su timbre para que le haga usted la mejor campaña de marketing?

¡Mucha! Le sorprendería saber la cantidad de gente que al principio nos dijo que no y ahora nos llaman muy de vez en cuando. Muchos. Y muchos es muchos…

¿Aznar, por ejemplo, fue de esos?

No creo. No le conozco mucho, pero sí lo suficiente para saber que a él le da un poco igual. Él vino porque le apetecía. Los que acuden al programa saben que se está a gusto, que se trata de una conversación amable, en la que busco que los invitados quieran volver. No meto el dedo en el ojo a nadie, porque no me interesa. No soy periodista. A mí me divierte echar el rato, tomarme dos copitas con quien sea, que lo disfrutemos, y que lo pasemos bien. Si hay cosas que a alguien le molestan, o sé que le pueden molestar, no se las pregunto. No tengo ningún morbo.

Ni Pablo ni Julio Iglesias quieren ir a su programa. ¿Ellos se lo pierden?

Pablo Iglesias no sé si quiere o no quiere. No tengo ni idea. Te confieso que yo llamo personalmente a la gente que conozco mucho. De los demás se encargan o la productora o Telecinco.

¿Pero le apetece que vaya Pablo Iglesias?

Me hubiera apetecido hace tiempo. Ahora, no tanto…

¿A usted, a estas alturas de su película, le obsesione el share?

Siempre digo que no, y la verdad es que no demasiado. Pero sí que, después de cada programa, ves los mensajes de la productora o de la cadena, porque conocer esos datos es importante. Una cosa es que sea importante saber los índices de audiencia, y otra, que te preocupen. A mí me preocupan menos, porque pienso que hacemos un gran programa. Las cifras fluctúan mucho, por la competencia, que no es tonta, y por los personajes que vienen, que no todos tienen la misma fuerza ante el público. Llevamos más de 70 programas, y quiero hacer otros cien. Dentro de esta variedad, hay audiencias de todo tipo, como es lógico…

¿Mejor enfrentarse a Operación Triunfo (los lunes) que a la Champions League (algunos miércoles)?

El día de emisión es una decisión exclusiva de la cadena. El lunes supone ir a degüello, sobre todo este año con Operación Triunfo. Nosotros hemos tenido demasiadas fluctuaciones de días, y la gente se despista. Para mí, uno de los mejores programas ha sido el del Padre Ángel. Me emocionó particularmente. Pero justo ese día hubo cambio del programa en la parrilla y no todo el mundo se enteró. Al menos, en mi círculo más cercano hubo quien se confundió de día. Ha sido el de la audiencia más baja de todos, a pesar de ser, precisamente, uno de los tres mejores programas que he hecho.

De toda la gente que ha pasado por su casa, ¿qué conclusiones saca del patio español?

Que hay mucha gente buena y mucha gente normal entre políticos, artistas y deportistas, que son los que más vienen. Somos mucho más normales de lo que la sociedad puede pensar.

¿Puigdemont se merece un programa especial en Bruselas?

Sí.

¿Está en ello?

Voy a procurarlo.

bertín

Usted, que no es periodista, ha entrado en el canon de modelos de entrevistas. Suaves. Positivas. Constructivas. Reconfortantes. ¿Le repelen los periodistas que van a matar?

No. A mí no me repele nadie. Cada cual que haga las cosas como decida hacerlas. Yo creo que en una entrevista simpática y amable los protagonistas te cuentan más cosas que si te sientan ahí, acojonao, delante de las cámaras… Lo mío más que entrevistas son charlas de amiguetes, primero en un sofá y después alrededor de una copa. Es un hecho que la gente se relaja y te acaban contando más cosas interesantes. Me ocurre todas las semanas.

Muchos periodistas juzgan desde sus tarimas el trabajo de Bertín. ¿Cómo ve usted la realidad del periodismo español con el que convive?

Sois demasiados para las pocas noticias que hay. Noticias-noticias no hay muchas. Vosotros contáis las noticias desde siete puntos de vista diferentes, que es lo suyo, porque cada uno tiene su modo de ver las cosas. Algunas noticias no son noticias y las exprimís demasiado sin necesidad.

¿Se ve en Mi casa es la tuya sin fecha de caducidad?

Todo tiene fecha de caducidad en esta profesión, pero creo que puede ser un programa largo mientras haya personajes de actualidad que quieran venir.

Familia, televisión, teatro, música, empresas, amigos… ¿Es usted el conde orquesta?

Soy el hombre orquesta… Hay cosas que me ocupan más tiempo que otras, pero me divierten todas mucho. Ahora he parado con el teatro, sencillamente porque no me da la vida. Los años que he estado con Arévalo actuábamos de jueves a domingo prácticamente todas las semanas del año. Eso, primero, me quitaba el tiempo más importante para mí: el de estar con mis hijos, ahora que crecen y crecen, y cualquier día se largarán con cualquier chavala estupenda, por lo menos uno de ellos, lamentablemente… Y yo también crezco. En estos momentos, el tiempo que pierdo sin estar con mis hijos me rompe el corazón.

¿Nota, alguna vez, que hay gente que le tiene envidia?

Quisiera pensar que no, porque yo no tengo envidia de nadie. La envidia es un defecto terrible. Pero seguramente… De todas formas, la gente que envidia es pobre gente.

Lo digo por algunos titulares recientes. Parece que hay quien espera cualquier oportunidad para ganarle al futbolín de la opinión pública. Que si quiebras, que si incumplimientos de contratos, que si justicia, que si banquillos… Suena un poco desproporcionado…

A mí también me parece desproporcionado, entre otras cosas, porque no tienen ni idea de lo que están hablando.

Pues venga, explíquese.

Vamos a explicarlo. La situación es muy sencilla: hace dos años me buscan tres empresarios de Valladolid y me cuentan que tienen la idea de abrir un bar restaurante de tapas y copas [El rincón de Bertín]; que les gustaría que les cediera la imagen para el local y que les ayudara con la promoción, repartiéndonos la sociedad. Ellos administran, ellos gestionan, ellos deciden, ellos contratan, ellos despiden. Yo simplemente voy dos o tres veces a tomarme una copa, me hago unas fotos allí, y en el cartel de fuera está mi nombre.

Al cabo de un año, más o menos, ellos deciden que el negocio no les va bien y lo cierran. Una vez que han tomado esa decisión, argumentan que lo han tenido que cerrar porque yo no he ido suficientes veces a echarles una mano. A mí me parece ridículo. Yo he cumplido mi parte, que era cederles mi imagen, pero los negocios funcionan o no funcionan. Yo no he gestionado ni administrado nada. Los que decidieron cerrarlo fueron ellos, que eran los únicos que podían, porque yo no tenía ninguna autoridad para hacerlo. No sé qué demonios me están pidiendo…

Hablan de denuncias. ¿Esas amenazas están formalizadas?

¡Pero si es que no pueden denunciar nada! Son ganas de jorobar, porque ellos piensan que no les hemos ayudado suficientemente.

¿Y tiene fácil defenderse de esos ataques? Es usted un goloso sujeto de titulares…

Pues tengo por aquí [saca el ipad y busca en el mail] un texto que yo creo que le envió uno de esos socios de Valladolid por error a mi socio. Lee tu mismo esta carta y dime si ves alguna explicación a las críticas de los gestores hacia mi papel en esta historia.

Leo: “Esto es un desastre. Es obvio que la fidelidad de los clientes la hemos perdido. Los ratiosno se cumplen bajo ningún concepto, y ninguno de los meses. Las compras siguen siendo muy altas respecto a las ventas. Desconozco si vuelan las cosas. Espero que no, dado el caro equipo de seguridad instalado. Si hemos calculado mal los escandallos… ¿Tanto? ¿Hay demasiadas mermas o qué pasa?” (…) “¿Vamos a seguir como el violinista del Titanic viendo cómo se hunde el barco, o vamos a hacer algo más que esperar a que otros lo solucionen siendo expeditivos?” (…) “Esto es lo que hay, y no vale echar la culpa a los demás…”.

No vale echar la culpa a los demás… Esto lo firma uno de los socios y se lo manda a los otros dos, y por error, evidentemente, le ponen en copia a Ernesto [el socio de Bertín]. Cuando nosotros recibimos esto, nos damos cuenta del chocho que tienen montado… Poco después de esta carta deciden que van a cerrar el negocio… Pues muy bien, yo no quiero saber nada, porque estos no tienen ni idea…

Pero también le afecta a usted, porque repercute en su imagen…

Evidentemente. Pero yo prefiero que un sitio se cierre, dadas las circunstancias en las que estaba, antes de que se mantenga en precario con mi nombre.

¿Usted ha sido siempre un empresario limpio?

Absolutamente.

¿Haberse visto envuelto en los Papeles de Panamá le ha enseñado algo?

Me ha enseñado que es mejor no hacer ciertas cosas. Ya está. No tengo nada que ocultar. Cuando constituí aquella sociedad, vine a España y la di de alta. Se acabó.

¿Aquella exclusiva periodística le pareció un poco fantasma?

Cuando sale una cosa así, es normal que a todos nos metan en el mismo saco. En mi caso, desapareció toda sombra de dudas cuando hice pública una copia alusiva de la Agencia Tributaria. Nunca más se ha vuelto a saber del tema, porque no había tema.

Vamos a meternos en su sección musical…

… Perdona, pero por terminar la historia. Los de Valladolid, antes de cerrar El rincón de Bertín, nos dicen que mucha gente les llamaba para abrir nuevos locales. Que había uno en Madrid que insistía mucho. Pues, oye, vosotros mismos. Cierran el tema con el de Madrid. El hombre compra la franquicia, pero al clausurarse la matriz no se siguió dando asistencia. ¿Qué ha pasado? Que el hombre se ha visto, de pronto, con un negocio incipiente, sin apoyo. ¿Qué hemos hecho nosotros? Precisamente para que no se pueda decir que he dejado a nadie tirado, al de Madrid, que es un buen tío, le hemos hecho una oferta para comprarle el local. Por escrito, asumimos toda su deuda bancaria y, además, le damos un dinero importante en mano para que no salga perjudicado. Como es un sitio que lleva mi nombre, prefiero hacer eso antes de tener una mosca cojonera diciendo por ahí que le he dejado tirado. A día de ayer todavía no nos ha contestado. Ya veremos en qué acaba todo.

Algunos titulares, ya le digo, se han lanzado rápidamente a su yugular…

Ya… Como los que dicen que Telecinco está deseando quitarme de en medio. A esos ignorantes les digo que llevamos un mes viendo mi renovación por varios años, y estamos a punto de cerrarla.

¿Invitará alguna vez a Paolo Vasile a su programa?

Lo he hecho, pero no quiere venir.

Ahora sí, al cante. Lleva usted 47 años cantando desde que se arrancó por amor al arte en las discotecas de la época. ¿La música es para diversificar sus negocios o para dar rienda suelta a la parte más sentimental de Bertín Osborne?

No. La música es para divertirme. Me lo paso de pelotas, y las giras las disfruto horrores. Me he pasado toda mi vida haciendo giras por América y me lo he pasado de miedo. Pretendo seguir haciéndolo, porque es un subidón.

A quién le dedicaría, con intención, algunos de sus siguientes éxitos musicales:

Como un vagabundo: A Quique San Francisco.

Buena suerte: A gente buena, que hay mucha.

Acuérdate de mí: A mi hijo Kike.

Perdóname: A mi mujer, siempre…

Eterna Malattia: Significa “Eterna enfermedad”, y se la dedicaría a la política.

¿Le da repelús que le vean frágil cuando se emociona un machote español?

No. Eso es humano. Emocionarse y llorar es de hombres. A mí hay dos cosas que me emocionan particularmente: el sufrimiento de un niño, que lo tengo en mi propia casa, y lo que me recuerda a mi país, a mi bandera, a mi pueblo, a mi zona…

Usted ha sufrido. Ha perdido una mujer y un hijo. Ha cogido por los cuernos la enfermedad de su hijo Kike. ¿Del dolor se aprende para siempre de verdad?

Todos los reveses de la vida enseñan muchas cosas. Yo he aprendido a superar los dolores más fuertes. Se olvida de mi madre, que murió mucho antes de tiempo; y de una nieta, hija de mi hija Eugenia, y una sobrina a la que adoraba, que falleció en un accidente de coche… Fueron todas muertes antinaturales, y esas duelen muchísimo, porque nunca te pillan preparado. Uno puede estar dispuesto a que falten sus abuelos, sus padres, pero cuando toca… He sufrido seis muertes prematuras cercanas y eso marca muchísimo.

¿Bertín padre se llevaría un premio Bravo?

Pues sí. Yo creo que sí.

Usted es pura tele. ¿Le sorprende que Carlos Herrera no haya conseguido hacerse un hueco en TVE?

Es un tema frecuente en las conversaciones con mis amigos. Carlos es muy amigo mío y es un comunicador bestial. Para mí, es de los tres mejores que ahora mismo están en activo. Pero la radio y la televisión son dos mundos absolutamente distintos. Él, en la radio, es el número uno y lo seguirá siendo. Pero la televisión exige comunicar de otra manera. No puedes hacer un programa de radio para televisión, ni utilizar el mismo registro. Hay muchos ejemplos de gente de radio que no han funcionado en televisión, no ha sido sólo Carlos. Es muy difícil. Además, uno debe acertar con el formato, y a lo mejor, no…

¿Qué personas de la tele de toda la vida le han marcado en su forma de trabajar la pequeña pantalla?

Juan y Medio y yo somos muy parecidos. En la manera de hacer y de trabajar. Yo echo mucho de menos a comunicadores que deberían estar en nuestra televisión y no están. Hay muchos números uno en sus casas: Isabel Gemio, Pepe Navarro, Ramón García, por ejemplo.

A quién enviaría a que se diera un garbeo por…

Lluvia de estrellas: ¿Para transformarle? Mandaría a muchos ejecutivos de televisión… A lo largo de estos años me he encontrado de todo. En el mundo de la televisión, de la música, y del vino es donde más tontos me he encontrado… En esos mundos, muchos dicen que saben y no saben nada.

Gran Prix: Mandaría a todo el mundo, para divertirse. Le diré que es un programa que es una pena que no se haga más. A los niños les apasionaba, y sacaba nuestro perfil infantil, más evidente en hombres que en mujeres. Me encantaría hacerlo todos los veranos.

Contacto con tacto: Es el despelote mayor que he hecho en televisión… Me he divertido… Hemos tenido varias veces la tentación de reeditarlo ahora… No lo descarto…

¿Rajoy sigue siendo presidente gracias a su programa?

No creo… Aunque en Moncloa estaban encantados con el programa y comentaban que le había ayudado mucho en las últimas elecciones generales… Me encantaría pensar que sí, pero no… También entrevisté en las mismas a Pedro Sánchez.

¿A qué invitado ha abrazado más fuerte al acabar la grabación?

A muchos. Por mi casa han pasado muchas personas entrañables, como Pablo Alborán, Jesús Calleja, Quique San Francisco, Manuel Carrasco… A algunos de ellos casi les he conocido en el mismo programa. Y al final les das un abrazo sentido, porque descubres a un pedazo de tío.

¿Albert Rivera está molesto por quitarle su voto público para apostar de nuevo por Mariano?

Yo caí también en lo del voto útil… Voto útil en su momento, porque hoy eso no tiene vigencia. A Albert le veo clarísimamente como futuro presidente del Gobierno. Me parecería fantástico, porque es un tipazo. Tiene el hándicap de que no ha gobernado, y ni a él ni a su partido le afloran aún las sombras… Ojalá esas sombras no lleguen nunca a Ciudadanos.

¿Por qué Felipe González no se moja en su sofá?

Porque no ha querido. Lo hemos hablado 40 veces. Le he perseguido, hemos cenado juntos, hemos coincidido en mil sitios… A mí me haría una ilusión enorme. Felipe es un tío con mucho peso. Con él se mantienen conversaciones interesantísimas y me encantaría tenerle en casa, pero se resiste, macho.

¿Cree usted que la gente que no quiere ir a Mi casa es la tuya tiene algo que esconder?

No. Hay gente a la que no le apetece, como Julio Iglesias, que me dice que seguro que, si viene al programa, le acabo sacando todo lo que no quiere contar… Le he llegado a decir: lo hacemos, lo grabamos, y lo ves, y lo que no te guste, lo quitamos. Pues no hay manera. De cachondeo, dice que no se fía de mí.

¿La Casa Real puede ser algún día plató para Bertín, o no se atreven los monarcas?

Sería brutal. Hoy en día, el programa que más me gustaría hacer sería con don Juan Carlos. Me encantaría que la gente de la calle fuera consciente del rey que hemos tenido, y que las luces de su reinado son infinitamente mayores que las sombras… Como don Juan Carlos es humano, también tiene sus sombras, como las tengo yo, o las tendrá usted. Así es la vida. Estoy convencido de que sería el programa más espectacular que yo podría hacer.

A don Felipe y a doña Letizia yo les veo en la cocina de Bertín…

Me encantaría. Aunque me gustaría más hacerlo con don Juan Carlos, que después de tantos años de reinado podría contar muchas cosas con las que fliparíamos todos.

¿Le tienta el cine?

No.

La publicidad siempre ha confiado en usted. Ha dicho por ahí que “sólo me queda promocionar productos bancarios”…

No, eso también lo he hecho…

¿Se siente otro Matías Prats de la credibilidad televisiva?

No... Matías Prats es más serio.

¿Y Matías tampoco quiere ir a su casa?

Bueno, es que Matías está en otra cadena, y ya sabe que ahí hay muchos problemas… Me gustaría llevar a mucha gente, pero a veces no nos dejan…

¿Bertín Osborne y Celia Villalobos engancharían para una caña?

No la conozco… No sé ni cómo es, pero, vamos, seguro que me lo pasaría fenomenal.

bertín

Muchos profesionales mediáticos han dejado su familia mientras subían en sus carreras. Parecían parejas sólidas, pero… ¿Si usted tropezara en esa piedra lo consideraría su peor fracaso?

No. Yo ya me divorcié una vez, de una mujer maravillosa, hasta que murió, la pobre. Uno puede fracasar en un momento concreto de una relación, pero nosotros fracasamos por motivos muy lógicos, y si te casas con 21 años tienes todas las papeletas para que las cosas no vayan bien; pero el cariño y el respeto los mantuve siempre. Si me pasara otra vez -no espero, no creo-, no lo consideraría mi mayor fracaso. Uno fracasa mucho más como padre que como marido.

¿Usted sería un buen confesor?

Soy un buen confesor.

¿Sienta a Dios con frecuencia en su sofá?

Esa es la pregunta del millón. Yo quiero ser creyente. Otra cosa es que a veces sienta que no lo soy, pero quiero serlo. A veces te preguntas muchas cosas que no tienen respuestas y que, por mucho que te las den, son tan etéreas que, al final, si eres práctico, dudas de todo…

Pero el Padre Ángel le ha dejado tocado…

El Padre Ángel me ha demostrado, una vez más, que el mundo está lleno de gente buena. En concreto, el Padre Ángel es de las personas más buenas que yo he conocido. Es un tipo atípico. No es el típico cura. De hecho, muchas veces choca con el discurso tradicional de la Iglesia. Es un tío con una fe enorme, pero a su manera. Y esa manera suya, me gusta.

Venezuela está en su casa [Fabiola, su mujer, es de allí] ¿Si un día le piden plasmar un lema anti Maduro en su delantal, por dónde irían los tiros?

¡Métete debajo de las piedras y vete ya!

¿Qué le atrae de Podemos?

Al principio, su idea de cambiar la sociedad y las cosas que pasaban. Surgieron en pleno caos y en medio de una catástrofe social. Ahora veo que la sociedad está más sólida y más organizada, y hemos mejorado muchísimo. Creo que ya no tienen tanta razón de ser. Además, las propuestas y los discursos que tienen ahora me suenan tan viejos y tan antiguos… No creo que sea el momento de aterrizar con consignas del 18 del siglo pasado, que ya no pegan…

¿La “gente” de Podemos es menos que la “gente” de Bertín?

Sí. Mucha menos. Pero, por si lo pregunta con doble intención, creo fervientemente que todo el mundo va de buena fe a la política. Estoy convencido de que Pablo Iglesias o Íñigo Errejón son personas que quieren cambiar las cosas de verdad. Otra cuestión es que se equivoquen. Mi manera de entender el mundo y el país no es la que ellos reflejan. Lo que ellos buscan me parece que es todo lo contrario de lo que necesita España, aunque les supongo la mejor intención, de verdad.

Atrae usted a audiencias de más de 45 años. ¿Los jóvenes le interesan, o prefiere consolidar su público?

Desde que estamos en Telecinco, el espectro de edad ha bajado. Tenemos más gente joven que nos sigue, tras dejar TVE. De todas formas, yo me dirijo a la gente que quiera divertirse y entretenerse, me da igual la edad que tenga.

Qué le pilla ya mayor a Bertín Osborne

¿Hacerse un tatuaje?

No. A lo mejor me lo hago… Me lo estoy pensando…

¿Creerse a los políticos?

Para mí, esto es como la fe en Dios y en la iglesia. Quiero creerles. Me gustaría. Pero es muy complicado.

¿Volver a Canal Sur?

Me encantaría ir de vez en cuando, si a ellos les interesa. Además, así podría estar más cerca de Sevilla.

¿Ganar un Premio Goya?

No entra en mis esquemas, porque no creo que haga nunca una película. Me han propuesto alguna vez algo, pero son ofertas disparatadas.

Usted cree que “los políticos nos han jodido la vida”, porque “nos han quitado la sonrisa”. ¿José Mota presidente?

José Mota es un figura y un genio. De verdad. Lo que defiendo es que el sentido del humor que había en este país hace 30 años ya no es el mismo, y nos lo han quitado los políticos. Además, las redes sociales han hecho mucho daño a nuestro sentido del humor. No puedes reírte sanamente de nada, ni contar chistes, porque todo es molesto… A mí me han llamado de todo.

¿España será la misma sin toros?

No. Desde luego, de cara al extranjero, no.

¿Y sin Bertín Osborne?

Ni se notará la ausencia…

Hombre claro. Transparente. Rotundo. Multiusos. Trabajador. Presentador. Cantante. Chulo. Guaperas. Hombre-anuncio. Vividor. Padre. ¿Cómo le gustaría que se le recuerde en España cuando cuelgue las botas?

Como un cachondo. Y ya está.

REBOBINANDO

Bertín Osborne lleva dos años en el top ten de las audiencias de la tele con Mi casa es la tuya, antes En la tuya o en la mía. Haciendo hogar en la televisión sin necesidad de convertir las camas el eje de las casas.

Su programa es un paño elegante sobre las vergüenzas grotescas de esa tele del destape que, cada vez más, abre las aguas del Mar Rojo hacia las tierras de Netflix.

En un espectro mediático acostumbrado a las entrevistas de silla eléctrica, necesarias, sobre todo, cuando hablamos con los rostros del poder, Bertín ha puesto su sofá al servicio de esas conversaciones humanas y profundas que nos faltan, cada vez más, en los tiempos del WhatsApp y de las redes sociales sin red.

En un ambiente televisivo especialista en destruir las famas y convertir al mediocre en icono de la semana, Bertín saca el capote, mira a los ojos, deja el morbo fuera de casa, habla en voz alta, hace pensar y anima la ejemplaridad pública.

En un contexto catódico extravagante y eurovisivo, la normalidad tiene su cuota de pantalla con el Osborne más maduro.

En una plaza de toros con cuernos, Bertín se pone las alas y se pone las botas. Porque la gente normal habla a gusto cuando está como en casa.

En un marco de tristes juguetes rotos, Bertín hilvana vidas interesantes. En un entorno de usar y tirar, Bertín deja huella. En un pifostio de luces, cámaras, acción y actuación, Bertín es más natural de lo que cualquier persona que le vea en la tele podría imaginarse.

No está mal.

Servir así a una sociedad, comunicando elegancia, vida, optimismo, confianza en las personas, clase, naturalidad, autenticidad, hogar, chimenea, sonrisa, abrazo, respeto, apertura y encuentro, es para que pongan tu silueta, sin cuernos, con los atributos que correspondan, en las vallas yermas de las carreteras que unen España, a veces, más que las personas.  

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