La Cañada Real ilumina Cannes: “Ciudad sin sueño” abre la mirada
Una cámara, una comunidad y la penumbra que se niega a desaparecer. En su ópera prima, “Ciudad sin sueño”, el director madrileño Guillermo Galoe convierte la periferia olvidada en testigo, que pide ser escuchado.
El barrio marginal más grande de Europa —Cañada Real—, sin luz desde 2020, irrumpe en Cannes con dignidad y ruiseñores en silencio. Lo que pasó de ser una alerta social se convierte en cine con alma.
La plataforma Filmin será la encargada de estrenar en España la película “Ciudad sin sueño”, el primer largometraje de ficción de Guillermo Galoe, un joven director madrileño que ha conseguido lo que parecía imposible: llevar la realidad de la Cañada Real hasta la glamourosa Croisette de Cannes.
La cinta retrata la vida de Toni, un adolescente gitano de 15 años, hijo de chatarreros, que habita en el mayor asentamiento irregular de Europa. Desde octubre de 2020, ese barrio madrileño vive sin electricidad: ni neveras, ni calefacción, ni luz. Solo la resistencia de quienes se niegan a abandonar su hogar. Y Toni, interpretado por Antonio Fernández Gabarre —nieto de uno de esos resistentes—, encarna esa disyuntiva: irse o quedarse.
Cuando la oscuridad se convierte en guion
Galoe no aterrizó allí con una idea cerrada, sino con oídos y cuaderno. Durante seis años acompañó a los vecinos de la Cañada Real, escuchando relatos que luego se convertirían en materia prima cinematográfica. Así nació Toni. Primero como protagonista del corto “Aunque es de noche” —premiado con el Goya en 2024—, y después como hilo conductor de este largometraje híbrido entre ficción y testimonio.
Un rodaje con frío, verdad y dignidad
- Vecinos como actores: El elenco lo conforman los propios residentes del barrio, que actúan como ellos mismos, con palabras de verdad y silencios que hablan más.
- Guion flexible: La historia evolucionó al ritmo del propio Toni, que creció entre un corto y otro, obligando a reescribir escenas y tiempos.
- Sin teatralización: El resultado se mueve entre el neorrealismo y la poesía sucia: una cámara que no juzga, solo observa.
De Cannes a San Sebastián: el camino del cine que importa
“Ciudad sin sueño” no solo fue seleccionada en la Semana de la Crítica de Cannes, sino que se llevó el premio SACD al Mejor Guion, y fue incluida también en la sección Perlak del Festival de San Sebastián. Un hito para una ópera prima de bajo presupuesto pero alto voltaje emocional.
En palabras de Galoe: “Me parece conmovedor los sentimientos de la gente que he encontrado allí, gente que se enfrenta a la pérdida de un mundo que se desvanece, casi como un fantasma”.
El foco mediático que reaviva el debate
No es casualidad que La Vanguardia pusiera el foco en este fenómeno cinematográfico con una pieza que analizaba el salto de la marginalidad a la visibilidad internacional. Porque más allá del cine, este largometraje reabre una herida institucional: ¿cómo es posible que 4.500 personas —entre ellas más de 1.800 menores— vivan sin luz en la capital de un país europeo?
Un acto de memoria colectiva (y estética)
- La Cañada como personaje: No es un decorado, es el alma de la historia. Sus calles de tierra, sus sombras, sus susurros nocturnos.
- La infancia en el centro: Toni simboliza a una generación que crece en la penumbra literal y política. Su historia interpela al espectador.
- Un cine con propósito: No es activismo ni caridad. Es memoria audiovisual que deja poso, que incomoda, que invita a mirar de frente.
“Ciudad sin sueño” es más que una película. Es una promesa de visibilidad. Una lámpara encendida en mitad del apagón.
