Cumplió 90 años y lo primero que hizo dejó a todos sorprendidos

Ramón Reguero acaba de cumplir 90 años y quienes lo rodean aseguran que su vitalidad parece inagotable. Con una memoria envidiable y una energía que desborda, sigue sorprendiendo a todos con su manera de vivir.

En Las Palmas de Gran Canaria su figura resulta inconfundible. A diferencia de muchos de su edad, mantiene una rutina diaria que lo conecta con la ciudad y lo convierte en un auténtico testigo de su transformación.

Ramón Reguero celebra 90 años con energía y memoria prodigiosa

Ramón Reguero nacido en Las Palmas el 17 de julio de 1935, en un tiempo marcado por la inminente Guerra Civil española. Apenas un año después de su nacimiento, desde la misma ciudad partía Francisco Franco hacia la península. Aquella convulsión histórica dejó una huella profunda en la infancia de Ramón, marcada por el hambre, el racionamiento y las cartillas de abastecimiento, una realidad que moldeó su carácter y lo enseñó a valorar lo esencial de la vida. Hoy, con nueve décadas a sus espaldas, continúa siendo un ejemplo de resistencia y gratitud.

Su niñez transcurrió en la calle Daoiz, en un barrio de Guanarteme que poco tiene que ver con el actual. Calles de tierra, juegos compartidos y una comunidad sólida definían aquella época. Ramón recuerda con precisión el olor de las cocinas caseras, el bullicio de la vecindad y la cercanía de un mar que parecía impregnarlo todo. Esa memoria prodigiosa se mantiene intacta, convirtiéndolo en un cronista viviente de una Las Palmas que ha cambiado radicalmente.

Un jubilado en moto y cámara en mano

Lejos de la imagen de jubilación pasiva, Ramón recorre cada día la ciudad en su inseparable motocicleta. Para él, los kilómetros no son un esfuerzo, sino la medida exacta de su libertad. Siempre lleva consigo una cámara fotográfica, dispuesto a capturar instantes irrepetibles. Desde hace más de 35 años colabora como fotógrafo en el periódico La Provincia, inmortalizando partidos de fútbol infantil, encuentros de tercera división y escenas cotidianas que hoy forman parte de la memoria colectiva.

Su trabajo gráfico no busca fama ni reconocimiento. Lo que persigue es atrapar el instante, congelar un gesto que, de otra forma, se perdería. En sus propias palabras, cada disparo de la cámara es una manera de dialogar con el tiempo, de mantener viva la emoción de lo vivido.

La vida marcada por el recuerdo

Viudo desde hace más de cuarenta años, padre de dos hijos y abuelo de tres nietos, Ramón guarda un recuerdo especial de su niñez en el cine. En aquellos tiempos, pedirle una peseta a su padre era suficiente para acceder al gallinero, el lugar más económico de la sala. Esa experiencia lo lleva hoy a dar siempre algo más a sus nietos, convencido de que no les falte aquello que a él le costaba tanto conseguir. Con un billete de veinte euros en la mano, procura transmitirles la tranquilidad que él nunca tuvo en su infancia.

El legado de una época

Las cartillas de racionamiento, el caldo de papas como plato recurrente y la austeridad marcada por la escasez son recuerdos que aún lo acompañan. Sin embargo, lejos de considerarlo un lastre, Ramón habla de esas vivencias con gratitud, convencido de que forjaron su carácter. La austeridad se transformó en una forma de apreciar los pequeños detalles y de encontrar felicidad incluso en lo cotidiano.

Noventa años mirando hacia adelante

El día que cumplió 90 años, decidió comprobar si seguía siendo el mismo de siempre. Arrancó su moto y salió a recorrer la ciudad, una declaración de intenciones con la que reafirmó que la edad no limita su espíritu. “Voy a ver si estoy igual que cuando tenía 89”, pensó, y así lo sintió. Lo único que pide a la vida es lo mismo que lo ha acompañado hasta ahora: salud, ilusión y ganas de seguir rodando.

Un testigo de Las Palmas

Más allá de su historia personal, Ramón es reflejo de una generación que aprendió a resistir, a sobrevivir en tiempos de escasez y a celebrar la vida con intensidad. Su vitalidad actual, su memoria prodigiosa y su forma de vivir lo convierten en un símbolo de Las Palmas de Gran Canaria, ciudad de la que se siente parte inseparable. Su relato, además, conecta con la historia de miles que crecieron en circunstancias similares.

Hoy, con sus 90 años, Ramón Reguero sigue afrontando la vida como siempre: con curiosidad, entusiasmo y una energía que parece inagotable. Ya sea sobre dos ruedas, detrás de su cámara o simplemente disfrutando del día a día, su historia demuestra que el tiempo puede marcar el calendario, pero no necesariamente el espíritu.

Más información sobre la historia de Las Palmas y su transformación puede consultarse en la página oficial del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

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